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Chapter 7 - El hombre que eligió volver

Lucas observó cómo el convoy federal ardía detrás del túnel.

Charles Beaumont permanecía junto a un automóvil negro, apoyado en su bastón. Helena estaba sentada en la parte trasera mientras uno de sus hombres retiraba las esposas.

—Sabía que regresarías —dijo ella.

Lucas miró los cuerpos de los agentes.

—Dijiste que nadie moriría.

—No podía controlar cómo reaccionarían.

—Tú organizaste el ataque.

—Organizar no significa controlar cada bala.

Lucas apretó los puños.

—¿Dónde está el maletín?

Charles levantó una ceja.

—La fiscalía lo tiene.

—Entonces habéis matado a dos hombres para nada.

Helena abrió la puerta.

—No para nada. Recuperamos a mi hijo.

Lucas no se movió.

—No he regresado por ti.

—Has venido voluntariamente.

—Porque prometiste decirme dónde está mi hermana.

Charles sonrió.

Helena perdió parte de su serenidad.

—No tienes una hermana.

—Mi padre dejó registros de pagos a una mujer llamada Olivia Ashford. Nació dos años antes que yo.

Helena salió del automóvil.

—Robert tuvo muchas aventuras. Algunas mujeres intentaron aprovecharse.

—La prueba genética estaba dentro del maletín.

—Una prueba puede falsificarse.

—También había fotografías tuyas visitándola.

Lucas había encontrado aquellos documentos meses antes. Helena siempre le aseguró que era hijo único. Sin embargo, Robert había realizado pagos durante treinta años a una residencia privada en Inglaterra.

—Dime dónde está —exigió Lucas.

Charles se acercó.

—No estás en posición de exigir nada.

—La distribución de los archivos tiene una clave de cancelación.

Helena lo miró.

—Mentiroso.

—Sin ella, cada cuarenta y ocho horas se publicará una nueva carpeta.

Lucas había preparado el sistema durante el vuelo desde Londres. Los primeros documentos ya estaban en manos de periodistas y fiscales, pero conservaba parte de los archivos más peligrosos como seguro.

—Si me matáis, se publicará todo.

—¿Incluidos los documentos de Elena Cruz? —preguntó Charles.

Lucas guardó silencio.

—Pensabas que estabas protegiendo a Valeria —continuó el anciano—. En realidad estás protegiendo a la mujer que construyó el sistema que hizo posible nuestro negocio.

—Elena intentó deteneros.

—Después de ganar suficiente dinero para desaparecer.

Lucas no sabía cuánto era verdad.

Ese era el talento de Charles y Helena: mezclar hechos reales con acusaciones hasta convertir cualquier certeza en sospecha.

—Quiero ver a Olivia.

Helena se acercó a su hijo.

—Primero desactivarás la publicación.

—Primero mi hermana.

—No es tu hermana.

—Entonces no tendrás problema en mostrarme a la mujer de los archivos.

Charles abrió la puerta del automóvil.

—Sube.

Condujeron durante una hora hasta una finca apartada de Maryland. La propiedad pertenecía a una fundación médica europea.

En el interior había habitaciones silenciosas y personal vestido de blanco.

Lucas siguió a Helena hasta el segundo piso.

Una mujer estaba sentada junto a una ventana.

Tenía unos cuarenta años, cabello castaño claro y ojos grises. Sus manos temblaban mientras sostenía un libro.

Lucas reconoció inmediatamente la forma de su rostro.

Era casi idéntica a Robert.

—Olivia —dijo Helena—, tienes una visita.

La mujer levantó la cabeza.

—Lucas.

Él se quedó inmóvil.

—¿Sabes quién soy?

—Papá me mostraba fotografías.

Helena cerró la puerta detrás de ellos.

—Tenéis cinco minutos.

Lucas se acercó.

—¿Por qué estás aquí?

Olivia miró hacia la cámara de la esquina.

—Dicen que estoy enferma.

—¿Qué enfermedad?

—Hago preguntas que no gustan.

Lucas se sentó frente a ella.

—¿Quién es tu madre?

—Naomi Laurent.

La revelación lo dejó sin palabras.

La abogada de Robert.

La mujer que había ayudado a Valeria.

—Naomi nunca mencionó tener una hija.

—Porque Helena amenazó con matarme.

Olivia abrió el libro. Dentro había una fotografía de Naomi sosteniendo a una niña.

—Papá me visitaba dos veces al año. Después dejó de venir.

—Murió.

—No.

Lucas sintió que todas las historias volvían a romperse.

—Vi su funeral.

—También viste el funeral de Gabriel Cruz.

—¿Estás diciendo que Robert está vivo?

Olivia señaló la cámara.

—No aquí.

La puerta se abrió.

Helena entró.

—Se acabó el tiempo.

Lucas se levantó.

—Vendrá conmigo.

—No.

—Entonces no desactivaré nada.

Charles apareció detrás.

—La publicación no nos preocupa tanto como crees.

—Las cuentas de Montenegro incluyen ministros, fabricantes de armas y operaciones de inteligencia.

—Precisamente. Demasiadas personas poderosas necesitan que esos documentos desaparezcan.

Lucas entendió.

Helena no había escapado únicamente gracias a Beaumont.

Gobiernos, bancos y agencias enteras podían estar ayudándola.

—¿Qué queréis de Valeria?

Helena sonrió.

—La llave fundadora.

—Ella ya abrió los archivos.

—Solo abrió la capa financiera de Gabriel. La verdadera red necesita tres firmas.

—¿De quiénes?

—Gabriel Cruz, Elena Cruz y su hija.

Lucas pensó en la segunda sección del maletín.

La llave física que Robert dejó.

—¿Qué ocurre si firman?

—El propietario puede controlar todas las cuentas históricas, incluidas las de Elena.

—Seiscientos millones.

Charles soltó una risa.

—Eso es lo que ella admite.

—¿Cuánto hay realmente?

—Más de nueve mil millones.

Lucas miró a Helena.

—Quieres obligar a Valeria a transferírtelos.

—Quiero recuperar lo que fue robado.

—El dinero procede de tráfico de armas y sobornos.

—El dinero no conserva memoria moral.

—Las personas muertas sí.

Helena observó a su hijo con decepción.

—Valeria te ha vuelto sentimental.

—Valeria me enseñó que tú confundías inteligencia con ausencia de conciencia.

La matriarca se acercó.

—Y aun así la engañaste desde el primer día.

Lucas aceptó el golpe.

—Sí.

—Cuando conozca toda la verdad, nunca volverá contigo.

—Probablemente.

—Entonces ¿por qué sigues protegiéndola?

—Porque amar a alguien no te da derecho a exigir que te perdone.

Helena perdió la sonrisa.

Lucas se lanzó contra Charles.

Le arrebató el bastón y golpeó al guardia situado junto a la puerta. Olivia arrojó el libro contra la cámara.

La habitación se llenó de gritos.

Lucas tomó a su hermana de la mano.

—Corre.

—No sé dónde está la salida.

—Yo tampoco.

Atravesaron el corredor mientras sonaban las alarmas.

Dos guardias aparecieron al final.

Olivia abrió una puerta lateral.

Detrás había una escalera de emergencia.

—Naomi me enseñó este camino hace años.

Descendieron.

En el estacionamiento encontraron una ambulancia. Lucas golpeó al conductor, tomó las llaves y ayudó a Olivia a subir.

Cuando arrancó, Helena apareció en las escaleras con una pistola.

Disparó dos veces.

Una bala atravesó la puerta trasera. La otra rompió el espejo.

Lucas aceleró.

Olivia permanecía agachada en el suelo.

—¿Adónde vamos?

Lucas tomó un teléfono del conductor.

—Con tu madre.

—Helena vigila a Naomi.

—Entonces iremos primero con alguien a quien Helena cree que ya controla.

Marcó un número.

Rebecca Sloan respondió.

—Lucas.

La voz de la fiscal era fría.

—Puedo entregarte pruebas sobre la hija secreta de Robert Ashford.

—También puedes entregarte tú.

—Lo haré.

—¿Por qué debería creerte?

—Porque Helena necesita a Valeria viva hasta que firme la transferencia.

—¿Dónde está Helena?

Lucas miró por el espejo.

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Dos vehículos negros acababan de aparecer detrás.

—Ahora mismo, detrás de mí.

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