Chapter 9 - El heredero que despidió a su salvadora

A las nueve de la mañana, Adrian entró en la sala de juntas de Blackwood Industries acompañado por Sabrina y Grant Hale. Las cámaras de los medios esperaban frente al edificio. La noticia del secuestro de Eleanor ya se había filtrado, pero la familia había presentado una versión cuidadosamente diseñada: un episodio de confusión provocado por una empleada desleal.
Maya observaba la transmisión desde una camioneta de vigilancia.
Adrian se colocó frente a los periodistas.
—Tras una investigación interna, hemos descubierto que Maya Reyes retiró medicamentos sin autorización, manipuló información clínica y generó acusaciones que no han sido confirmadas —declaró—. Su contrato ha sido terminado de inmediato.
Aunque conocía el plan, escuchar aquellas palabras le dolió.
Un periodista gritó:
—¿Es cierto que la señorita Vale intentó atacar a su abuela?
Sabrina tomó la mano de Adrian.
—Fue un malentendido en medio de una crisis médica —respondió él—. Sabrina y yo seguimos comprometidos. La boda se celebrará esta noche como estaba previsto.
Dentro de la sala de juntas, Grant recibió a Adrian con una sonrisa paternal.
—Sabía que recuperarías la razón.
—Me dejé manipular por Maya.
—Las personas como ella reconocen una familia vulnerable y se insertan en ella. No debes avergonzarte.
Sabrina fingió incomodidad.
—Maya sabía cosas que no podía saber sola.
Grant la miró con advertencia.
—Cole ya está bajo custodia. Probablemente trabajaban juntos.
—Cole dijo que usted le dio órdenes —respondió Sabrina.
—Cole dirá cualquier cosa para reducir su condena.
Adrian se sentó frente a los miembros del consejo. Victor Shaw propuso declarar a Eleanor incapacitada y activar el fideicomiso. Grant fingió resistencia.
—No deseo asumir el control en estas circunstancias —dijo—. Sin embargo, debemos proteger a los accionistas.
—Estoy de acuerdo —respondió Adrian.
Los directores murmuraron.
Grant ocultó su sorpresa.
—¿Renunciarás temporalmente a la presidencia?
—Hasta que mi abuela se recupere. Tú conoces la compañía mejor que nadie.
La votación fue casi unánime. Grant Hale se convirtió en director ejecutivo interino.
Cuando salieron, colocó una mano sobre el hombro de Adrian.
—Tu padre estaría orgulloso.
Adrian sostuvo su mirada.
—¿Cuál de ellos?
Grant se quedó quieto.
—¿Qué quieres decir?
—Sabrina me contó lo de la prueba de ADN.
Grant miró a la joven con furia disimulada.
—No era el momento.
—Quiero saber la verdad —dijo Adrian.
Grant lo llevó a una oficina privada.
—Claire y yo cometimos errores cuando éramos jóvenes. David lo descubrió. La noche del accidente, discutieron. No sé qué ocurrió después.
—¿Eres mi padre?
—Eso indica la prueba.
Adrian permitió que el silencio se alargara.
—Entonces ayúdame a proteger lo que construimos.
Grant sonrió.
—Eso es todo lo que he intentado hacer.
En la camioneta, Maya escuchaba a través del micrófono oculto en el reloj de Sabrina.
—Miente con facilidad —dijo Lena.
—Porque lleva décadas practicando.
Samuel revisaba planos de la mansión. El segundo jarrón se encontraba en una repisa del salón de baile, pero Grant había ordenado reforzar la seguridad para la boda.
—Solo el personal acreditado puede entrar antes de la ceremonia —dijo.
Maya se colocó una chaqueta de camarera.
—Entonces volveré como parte del personal.
—Tu rostro está en todas las noticias —advirtió Lena.
—Con peluca, lentes y mascarilla de cocina, nadie mirará dos veces a una mujer que lleva bandejas.
Claire permanecía con Eleanor en la casa segura. Ambas habían empezado a reconstruir recuerdos mediante fotografías. Eleanor intentaba fortalecer la voz con ejercicios, pero apenas conseguía emitir sílabas.
—No necesitan que hables esta noche —dijo Claire—. Solo que sobrevivas.
Eleanor señaló la televisión, donde Adrian aparecía abrazando a Grant.
—Está actuando —aseguró Claire—. Tiene más valor del que tuvimos nosotras.
Eleanor escribió:
“TÚ TUVISTE VALOR. YO NO.”
Claire leyó la frase y permaneció en silencio.
—Tal vez —dijo finalmente—. Pero si salimos vivas de esto, tendrás que confesar todo. No solo lo que Grant hizo. También lo que tú permitiste.
Eleanor parpadeó una vez.
En la mansión, los preparativos continuaban. Sabrina se probó el vestido mientras Grant entraba sin llamar.
—Estuviste a punto de arruinarlo todo —dijo.
—Bennett apareció con un arma. Cole intentó matarme. ¿Eso formaba parte de su plan?
—Eran hombres asustados tomando malas decisiones.
—Cole dijo que yo era prescindible.
Grant se acercó al espejo.
—Todos somos prescindibles si dejamos de cumplir nuestra función.
Sabrina controló la respiración.
—¿Qué quiere que haga después de la boda?
—Adrian firmará una autorización que permitirá transferir las acciones de Eleanor al fideicomiso. Tú te asegurarás de que no lea las páginas adicionales.
—¿Qué páginas?
—Una cesión de sus derechos de voto durante diez años.
—Creí que solo quería dirigir la empresa temporalmente.
—La temporalidad es una palabra que utilizan los débiles para sentirse seguros.
—¿Y mi padre?
Grant sacó una carpeta.
—Su confesión está aquí. Daniel admitió el fraude.
Sabrina la abrió. La firma parecía auténtica.
—No le creo.
—No necesitas creerme. Solo necesitas recordar que, sin mí, volverás a ser Callie Rowe, hija de un criminal, sin empresa, sin apellido y sin marido.
—¿Y si Adrian descubre que la prueba de ADN es falsa?
Grant la agarró por el brazo.
—No la descubrirá.
El micrófono captó cada palabra.
Maya sonrió por primera vez en horas.
—Acaba de admitir que la prueba es falsa.
Pero Grant miró repentinamente el collar de Sabrina.
—Ese no es el collar que elegiste ayer.
Ella se quedó inmóvil.
Grant arrancó la joya y encontró el transmisor.
—¿A quién estás escuchando? —preguntó con una calma aterradora.
En la camioneta, la señal se cortó.
Maya se quitó los auriculares.
—La descubrió.
Lena amplió los últimos segundos de audio. Antes de que la señal muriera se escuchaba una puerta cerrándose y, al fondo, el sonido de campanas. Samuel reconoció el patrón: provenía del antiguo reloj del vestidor de Claire. Esa pista confirmaba que Sabrina seguía dentro de la mansión y que Grant no la había trasladado todavía. También les daba una ruta posible a través del corredor de servicio, una entrada tan estrecha que los planos modernos ni siquiera la mostraban.
—No tenemos tres horas —dijo Maya—. Tenemos lo que tarde Grant en decidir que ya no la necesita.
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Samuel miró el reloj.
Faltaban tres horas para la boda.