Chapter 11 - La confesión transmitida en vivo

El salón de baile quedó inmóvil. Los agentes apuntaban a Grant. Los invitados se agachaban detrás de las mesas. Una copa rodó por el suelo y se detuvo junto a los fragmentos del jarrón.
Grant mantenía el arma contra el cuello de Eleanor.
—Bajen las armas —ordenó—. Ahora.
El agente al mando levantó una mano.
—Nadie quiere que esto termine peor, señor Hale.
—Ya terminó peor hace veintidós años.
Eleanor respiraba con dificultad, pero no apartaba los ojos de él. Después de pronunciar “asesino”, su voz había desaparecido nuevamente.
Adrian dio un paso.
—Déjala ir. Me quieres a mí.
—Te quise cuando pensé que podía moldearte —respondió Grant—. Pero siempre fuiste demasiado parecido a Claire. Demasiadas preguntas, demasiada conciencia.
—Dijiste que eras mi padre.
Grant soltó una risa breve.
—Una prueba falsa y unas cuantas cartas fueron suficientes. La gente rica no es más inteligente que los demás. Solo está más acostumbrada a que nadie le mienta.
Sabrina permanecía junto a Maya. Tenía un corte en el brazo causado por el cristal, pero no parecía sentirlo.
—La grabación ya está en manos de la policía —dijo—. No puede destruirla.
Grant miró alrededor.
—Puedo destruir a quienes conocen el contexto.
—Hay trescientos testigos —respondió Maya.
—Y la mitad me debe dinero.
Un murmullo surgió entre los invitados. Varios levantaron sus teléfonos. Grant comprendió demasiado tarde que la escena estaba siendo transmitida en vivo.
—Apaguen eso —gritó.
Nadie obedeció.
Samuel avanzó lentamente entre las mesas.
—Señor Hale, ha pasado la vida comprando silencios. Esta noche se quedó sin dinero suficiente.
Grant giró el arma hacia él. Eleanor aprovechó el movimiento para clavar las ruedas de su silla contra el pie de Grant. El hombre perdió el equilibrio. Adrian se lanzó sobre él.
El disparo rompió una lámpara. El salón se llenó de gritos.
Adrian golpeó la muñeca de Grant hasta que el arma cayó. Dos agentes lo inmovilizaron. Eleanor fue apartada por Maya, mientras Claire se abrazaba a ella.
—Se acabó —dijo Adrian, jadeando.
Grant, con el rostro contra el mármol, comenzó a reír.
—No tienen la grabación completa.
—Acabamos de escucharla —dijo Sabrina.
—Escucharon una conversación editada por Eleanor. La cadena de custodia está destruida. El jarrón fue manipulado, el dispositivo estuvo en manos de una mujer con identidad falsa y la principal testigo tiene daño cerebral.
El fiscal se acercó.
—También tenemos su conversación sobre la cesión de votos, el testimonio de Bennett, los registros de White Harbor y los pagos a Cole Mercer.
Grant dejó de reír.
—Bennett mentirá para salvarse.
—No necesita salvarse —dijo Maya—. Ya entregó los servidores de la clínica.
Aquello era una apuesta. Bennett todavía no había entregado nada. Sin embargo, Grant no lo sabía.
Su mirada cambió.
—Nathan no tiene acceso a los servidores.
—Entonces existen —respondió el fiscal—. Gracias por confirmarlo.
Grant apretó los dientes.
Los agentes lo levantaron. Antes de sacarlo, miró a Eleanor.
—Tú construiste este monstruo conmigo.
La frase golpeó más fuerte que cualquier acusación. Eleanor no intentó negarlo.
Claire dio un paso al frente.
—Y ahora ayudará a destruirlo.
Grant fue llevado esposado entre cámaras y teléfonos. Afuera, cientos de personas ya compartían el video de la confesión. La boda falsa se había convertido en el escándalo empresarial más grande del país.
Pero la noche aún no había terminado.
Un agente regresó corriendo.
—La memoria que Maya recuperó está vacía.
Todos se volvieron.
Maya sacó el dispositivo de su manga.
—Eso no es posible.
—No contiene archivos. Solo un programa de borrado remoto.
Samuel miró los documentos esparcidos.
—Grant sabía que Eleanor había creado una copia.
—Entonces cambió la memoria antes de la ceremonia —dijo Sabrina.
—¿Quién tuvo acceso al jarrón? —preguntó Adrian.
—Personal de seguridad, decoradores y Grant —respondió Samuel.
Eleanor golpeó el apoyabrazos. Maya acercó la tabla.
“NO ERA LA MEMORIA.”
—¿Qué era? —preguntó Adrian.
Eleanor señaló los fragmentos de cristal.
Maya se arrodilló. Cada pieza parecía normal, excepto una sección gruesa de la base que tenía un filamento oscuro en el interior.
—El jarrón mismo almacenaba información —dijo Lena, examinándolo—. Es cristal inteligente con un microcircuito integrado.
—¿Puede recuperarse? —preguntó Claire.
—Tal vez, si encontramos todos los fragmentos.
Los agentes cerraron el salón y comenzaron a recoger cada pieza. Una faltaba: el fragmento central que contenía el chip principal.
Sabrina recordó a uno de los guardias agachándose durante el caos.
—El hombre de la corbata verde —dijo—. No era policía ni seguridad de la casa.
Revisaron las cámaras exteriores. El hombre había salido por la cocina y subido a un automóvil negro.
El vehículo estaba registrado a una empresa de relaciones públicas contratada por Victor Shaw, miembro del consejo que había propuesto la votación a favor de Grant.
Adrian sintió una nueva traición.
—Victor no era un director manipulado. Era socio de Grant.
El fiscal llamó a sus equipos, pero Victor ya había abandonado su apartamento y el aeropuerto privado de la ciudad registraba el despegue de su avión.
—¿Destino? —preguntó Maya.
—Canadá, según el plan de vuelo.
Samuel negó.
—Victor posee una isla en las Bahamas. Cambiará de ruta sobre el océano.
Sabrina miró los teléfonos de los invitados, todavía transmitiendo.
—Entonces hagamos que crea que no necesitamos el fragmento.
—¿Cómo? —preguntó Adrian.
—Anunciamos que la copia completa ya fue enviada a la fiscalía. Si Victor piensa que el chip no tiene valor, quizá abandone su plan de fuga y contacte a Grant para negociar.
—Grant está detenido —dijo Claire.
—Pero sus abogados no. Y uno de ellos es hermano de Victor.
Adrian observó a Sabrina.
—¿Cómo sabes eso?
—Grant me enseñó a estudiar los puntos débiles de cada persona. Por una vez, usaré sus lecciones contra él.
Frente a las cámaras, Adrian anunció que todas las grabaciones y documentos habían sido recuperados. Treinta minutos después, el avión de Victor cambió de rumbo.
No hacia Canadá ni las Bahamas.
Regresó a Nueva York.
—Mordió el anzuelo —dijo Maya.
Pero Victor no aterrizó en el aeropuerto. El radar perdió la señal cerca de la costa.
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En la mansión, el teléfono de Sabrina recibió un mensaje:
“TENGO EL FRAGMENTO Y A BENNETT. SI QUIEREN LA PRUEBA, TRAIGAN A ELEANOR AL MUELLE 9 ANTES DEL AMANECER.”