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EL JARRÓN SOBRE SU CABEZA / Chapter 5 / 15

Chapter 5 - El depósito 417

Sabrina insistió en acudir sola. Adrian se negó.

—Podría ser una trampa.

—Precisamente por eso no quiero que vengas.

—Ya no decides qué información ocultarme.

—Si la persona que envió el mensaje nos ve juntos, desaparecerá.

Maya observó la discusión desde el pasillo del hospital. Sabrina parecía aterrorizada, pero era difícil saber si temía por su vida o por la verdad que pudiera salir a la luz.

—Podemos seguirla a distancia —propuso Maya—. Ella entra sola. Nosotros esperamos cerca.

Adrian la miró.

—Tú te quedas con mi abuela.

—Lena está aquí y la unidad de protección ya llegó. Además, Eleanor quiere que vaya.

La anciana, consciente nuevamente, parpadeó una vez.

Adrian suspiró.

—Esto es una locura.

—Toda tu familia parece construida sobre locuras —dijo Sabrina.

A las cinco menos cinco llegaron a un edificio de almacenamiento junto al río. La lluvia había cesado, pero el cielo seguía gris. Sabrina llevaba un micrófono oculto en el collar. Adrian y Maya escuchaban desde una camioneta estacionada a media cuadra.

—Estoy entrando —susurró ella.

El depósito 417 se encontraba al final de un corredor estrecho. La puerta estaba abierta. Dentro había una mesa, una lámpara y una caja de seguridad portátil.

—No veo a nadie —dijo Sabrina.

Sobre la mesa había un sobre con su nombre real: Callie Rowe.

Sabrina lo abrió. Dentro encontró una fotografía de su padre esposado, un recorte de periódico sobre el fraude y una memoria USB.

—Hay un ordenador portátil —informó.

—No conectes nada —advirtió Maya.

Demasiado tarde.

Sabrina insertó la memoria. Apareció un video fechado veintidós años atrás. La imagen mostraba una oficina de Blackwood Industries. Daniel Rowe estaba de pie frente a Claire Blackwood.

—No robé ese dinero —decía Daniel—. Grant movió los fondos utilizando empresas fantasma. Tengo copias de las transferencias.

Claire parecía furiosa.

—Grant ha sido amigo de mi familia durante veinte años.

—Y por eso sabe exactamente cómo ocultarlo.

—Entrégame las copias.

—Solo si prometes proteger a mi esposa y a mi hija.

La grabación se interrumpió.

Sabrina se llevó una mano a la boca.

—Mi padre decía la verdad.

Una voz surgió detrás de ella.

—Sí. Pero también cometió el error de confiar en Claire.

El doctor Nathan Bennett apareció desde las sombras. Tenía una venda en la frente y sostenía un arma.

—Nathan —susurró Adrian desde la camioneta.

Maya tomó su teléfono y llamó a la policía.

—Doctor Bennett —dijo Sabrina, intentando mantener la calma—. Todos creen que está muerto.

—Era la idea.

—¿Usted envió los mensajes?

—No. Yo solo debía recuperar la memoria antes de que la encontraras.

—¿Para Grant?

Bennett sonrió.

—Grant no es el único que teme lo que contiene.

Sabrina retrocedió.

—¿Quién más?

—Eleanor.

En la camioneta, Adrian negó con la cabeza.

—Está mintiendo.

Bennett continuó:

—Tu padre entregó las pruebas a Claire. Ella decidió denunciar a Grant. Eleanor se opuso porque una investigación habría destruido la empresa. Cuando Claire murió, Eleanor permitió que Daniel cargara con la culpa.

—Mi padre se suicidó en prisión.

—Y Eleanor siguió organizando galas benéficas como si nada hubiera ocurrido.

Sabrina miró la pantalla detenida.

—¿Por qué la envenenaron ahora?

—Porque comenzó a sentirse culpable. Quería confesar y cambiar el testamento. Grant no podía permitirlo.

—Entonces usted la envenenó.

—Yo administré lo que me ordenaron.

—Eso lo convierte en asesino.

Bennett levantó el arma.

—Me convierte en alguien que entiende cómo sobreviven los imperios.

Adrian abrió la puerta de la camioneta.

—Voy a entrar.

Maya lo sujetó.

—Espera a la policía.

—Puede matarla.

—Si apareces, la usará como rehén.

Dentro del depósito, Sabrina miró hacia la pequeña ventana, como si supiera que Adrian estaba cerca.

—¿Qué quiere de mí? —preguntó.

—La memoria y el cilindro.

—El cilindro no está conmigo.

—Entonces llamarás a Maya Reyes y le pedirás que lo traiga.

—¿Por qué ella?

—Porque Adrian ya confía más en esa enfermera que en su propia prometida.

La frase pareció herir a Sabrina.

—No sabe nada sobre nosotros.

—Sé que te acercaste a él por venganza. Sé que falsificaste tu educación, tus referencias y hasta el nombre de tu madre. Sé que Grant pagó tus primeras deudas antes de que conocieras a Adrian.

Sabrina quedó inmóvil.

—Eso no es verdad.

—Pregunta por qué un hombre como Grant Hale sabía exactamente dónde encontrarte.

Maya miró a Adrian.

—¿Grant la reclutó?

—Ella dijo que recibió mensajes anónimos.

—Tal vez comenzaron hace dos años.

Bennett le arrojó un teléfono a Sabrina.

—Llama a Maya.

Sabrina lo recogió, pero en lugar de marcar, golpeó la lámpara. La habitación quedó a oscuras. Se escuchó un disparo.

Adrian salió corriendo de la camioneta.

Maya lo siguió.

Cuando llegaron al depósito, encontraron a Bennett en el suelo, herido en el hombro. Sabrina estaba de pie contra la pared con el arma en la mano. Su vestido tenía sangre.

—¿Estás herida? —preguntó Adrian.

—No es mía.

Bennett intentó levantarse. Maya apartó el arma con el pie.

—La policía viene en camino.

El médico comenzó a reír.

—Llegan tarde. Grant ya sabe que encontraron la grabación.

—¿Qué hará? —preguntó Adrian.

—Lo mismo que hizo con tu madre.

Adrian se agachó junto a él.

—¿Grant mató a Claire?

—Tu madre no murió en aquel accidente.

El mundo pareció detenerse.

—¿Qué dijiste?

Bennett sonrió, con sangre en los dientes.

—Claire sobrevivió. Eleanor la escondió para proteger el apellido. Lleva veintidós años en una clínica bajo otro nombre.

Sabrina dejó caer el arma.

Durante un instante recordó todas las noches en que había imaginado entrar en la familia Blackwood y obligarlos a sentir la misma impotencia que su padre había sentido en prisión. Aquella fantasía siempre terminaba con ella victoriosa. Nunca había incluido a una madre viva, a un médico armado ni a un hombre poderoso dispuesto a enterrar a otra mujer durante décadas. Comprendió que su venganza había sido diseñada por alguien que necesitaba una puerta hacia Adrian. Ella no había sido la jugadora más inteligente de la mesa. Había sido la llave.

Maya sintió que el aire desaparecía de la habitación.

Adrian agarró al médico por la camisa.

—¿Dónde está mi madre?

—En el único lugar donde nadie buscaría a una mujer muerta.

Las sirenas comenzaron a escucharse a lo lejos.

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Bennett cerró los ojos.

—Pero si Grant descubre que te lo dije, ella no llegará viva al amanecer.

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