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EL JARRÓN SOBRE SU CABEZA / Chapter 7 / 15

Chapter 7 - La mujer del faro

Adrian reconoció la melodía antes de distinguir la figura en la ventana. Durante años había creído que aquella canción solo existía en sus sueños. Ahora descendía desde el faro, débil y fragmentada, mezclándose con el viento del océano.

—Mamá —susurró.

Maya lo sujetó del brazo.

—Espera. Puede haber hombres dentro.

Dos patrullas todavía estaban a diez minutos de distancia. Samuel revisó el receptor y confirmó que el emisor se encontraba en la torre.

Sabrina observó las huellas.

—Solo veo un par de pisadas junto a la silla. Tal vez dejaron a Claire sola.

—O quieren que lo parezca —dijo Maya.

Adrian no esperó. Corrió hacia la puerta del faro y la encontró entreabierta. El interior olía a sal, moho y combustible. Una lámpara portátil iluminaba una escalera de caracol.

—¡Claire! —gritó.

La canción se detuvo.

Una voz respondió desde arriba:

—¿David?

David era el padre de Adrian, muerto en un accidente aéreo cuando él tenía diecisiete años.

Subieron. En la habitación superior, una mujer de cabello blanco estaba atada a una silla. Era delgada y tenía una cicatriz que recorría su frente, pero sus ojos eran los mismos de la fotografía.

Adrian se quedó en la puerta, incapaz de respirar.

—Mamá.

Claire lo miró con miedo.

—¿Quién eres?

Él se arrodilló frente a ella.

—Soy Adrian. Tu hijo.

Claire negó con la cabeza.

—Mi hijo tiene seis años.

Adrian sintió que el mundo se inclinaba.

Maya cortó las ataduras y examinó a la mujer.

—Le administraron sedantes, pero está consciente. Tiene la presión baja.

Claire tocó el rostro de Adrian.

—Tienes los ojos de David.

—Han pasado veintidós años.

—No.

—Sí, mamá.

Ella comenzó a llorar.

—Entonces no lo protegí.

—Estoy aquí. Sobreviví.

Un ruido metálico sonó abajo.

Sabrina se volvió.

—No estamos solos.

La puerta del faro se cerró de golpe. Un olor intenso a gasolina comenzó a subir por la escalera.

—¡Están prendiendo fuego! —gritó Samuel.

Maya buscó una salida. La única ventana era demasiado estrecha para bajar a Claire. Adrian intentó abrir la puerta superior que daba al balcón, pero estaba oxidada.

—Apártense.

Golpeó el cierre con una barra de hierro hasta romperlo. El viento entró con fuerza. Abajo, las llamas ya rodeaban la puerta principal.

—Hay una escalera exterior —dijo Sabrina, asomándose—. Pero termina a veinte pies del suelo.

Samuel encontró una cuerda de mantenimiento. La aseguraron a una viga y comenzaron a bajar. Sabrina descendió primero para ayudar desde abajo. Maya colocó un arnés improvisado alrededor de Claire.

—Tengo miedo —susurró la mujer.

Adrian apoyó la frente contra la suya.

—Cuando yo tenía miedo, tú me cantabas. Ahora me toca a mí.

Comenzó a cantar la misma canción, aunque su voz temblaba. Claire cerró los ojos mientras Maya la bajaba lentamente.

Cuando todos llegaron a tierra, una figura salió de entre las dunas y disparó. La bala golpeó la piedra junto a Adrian.

Cole Mercer apareció con un arma en la mano.

—Nadie tenía que encontrarla —dijo.

Adrian se puso frente a Claire.

—Trabajas para Grant.

—Trabajo para quien garantiza que Blackwood Industries siga existiendo.

—Estás intentando matar a la heredera legítima de esa empresa.

Cole sonrió.

—Claire dejó de ser útil hace mucho tiempo.

Sabrina avanzó con las manos levantadas.

—Cole, Grant dijo que me protegería. No puedes dispararme.

—Grant también dijo que eras prescindible.

Sabrina se detuvo. Algo cambió en su rostro.

—¿Prescindible?

—Una cazafortunas con identidad falsa que secuestró a una anciana y asesinó a una mujer desaparecida. Es una historia perfecta para los medios.

—Yo no secuestré a Eleanor.

—Las pruebas dirán lo contrario.

Cole apuntó a Sabrina.

Maya lanzó arena hacia sus ojos. Adrian se abalanzó sobre él. El arma cayó y ambos rodaron por la pendiente. Cole golpeó a Adrian en el estómago y recuperó la pistola, pero Samuel apareció detrás y le clavó el bastón en la muñeca.

—Llevo ochenta años esperando usar esto con alguien que lo merezca —dijo el mayordomo.

Sabrina recogió el arma y apuntó a Cole.

—Dime dónde está Grant.

—Dispara —se burló él—. Así demostrarás que tenía razón sobre ti.

Las sirenas se escucharon a lo lejos. Sabrina bajó el arma y la entregó a Maya.

—No volveré a hacer el trabajo sucio de Grant.

Cole fue arrestado. Los bomberos controlaron el incendio antes de que alcanzara la torre completa. En la ambulancia, Claire permaneció aferrada a la mano de Adrian.

—Hay cosas que recuerdo y cosas que desaparecen —dijo—. Recuerdo el despacho. Recuerdo a Daniel Rowe entregándome unos documentos. Recuerdo a Grant usando unos gemelos de plata con forma de lobo.

—¿Él provocó tu accidente?

Claire cerró los ojos.

—Vi los gemelos antes de que alguien cortara los frenos.

Maya miró a Cole. En sus puños de camisa había gemelos de plata con forma de lobo.

—¿Cole estaba allí hace veintidós años?

Samuel negó con la cabeza.

—Era un adolescente.

Claire abrió los ojos.

—No era Cole. Grant le dio los gemelos a otra persona.

—¿A quién? —preguntó Adrian.

Ella comenzó a temblar.

—A David.

Adrian retiró lentamente la mano.

—Mi padre.

—Tu padre discutía con Grant esa noche —continuó Claire—. Yo creí que intentaba ayudarme. Después vi los gemelos junto al coche.

—¿Estás diciendo que mi padre intentó matarte?

—No lo sé. Solo recuerdo al lobo.

Adrian salió de la ambulancia. Durante toda su vida había construido una versión sencilla de su familia: una madre muerta, un padre honorable, una abuela dura pero protectora. En dos días, cada parte se había convertido en mentira.

Maya lo encontró frente al mar.

—Los recuerdos después de una lesión pueden mezclarse —dijo.

—Eso mismo decía Bennett para desacreditarla.

—No estoy diciendo que no sea verdad. Estoy diciendo que todavía no tenemos la historia completa.

—¿Existe una historia completa en esta familia?

—La construiremos con pruebas.

Adrian la miró.

—¿Por qué sigues aquí? Podrías alejarte de todo esto.

Maya pensó en su hermano Mateo, que había muerto cinco años antes en una explosión de una planta de Blackwood Industries. La empresa había llamado al accidente “error humano” y había obligado a su familia a firmar un acuerdo de silencio.

—Porque los Blackwood no son la única familia a la que Grant destruyó.

Adrian frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Mi hermano murió en la planta de Newark. Encontró registros de seguridad falsificados antes de la explosión. Grant supervisaba esa división.

—Nunca me lo dijiste.

—No sabía si podía confiar en ti.

—Y ahora sí.

Maya miró hacia Claire, Samuel y Sabrina.

—Ahora sé que tú también estás intentando descubrir quién eres detrás de tu apellido.

El teléfono de Sabrina sonó. Era un mensaje de Grant:

“TRÁEME EL CILINDRO Y LA MEMORIA. A CAMBIO, TE ENTREGARÉ LA CONFESIÓN QUE LIMPIARÁ EL NOMBRE DE TU PADRE. SI NO VIENES, PUBLICARÉ LA VERDAD SOBRE ADRIAN.”

Adrian leyó la pantalla.

—¿Qué verdad?

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Sabrina levantó la mirada.

—La que Grant me prohibió contar desde el día en que nos conocimos.

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