peak
Crímenes tras el muro / Chapter 11 / 20

Capítulo 11: El Despertar del Depredador

El clic de la llamada desconectada resonó en el silencioso despacho de Arthur Sterling. No colgó el auricular de inmediato; lo mantuvo presionado contra su oreja durante un largo minuto, escuchando el tono de línea muerta, mientras la amenaza de Rocco se filtraba en su cerebro como un veneno letal.

"Me aseguraré de que la oscuridad que tanto asusta a su hijo se vuelva permanente."

Arthur bajó el auricular lentamente. Su respiración, que segundos antes era agitada y pesada por la ansiedad del ataque de pánico de Ethan, se volvió aterradoramente tranquila. El vaso de whisky que tenía en la otra mano no temblaba en lo absoluto. Arthur no sintió miedo. Tampoco sintió desesperación. Lo que floreció en su pecho fue una ira tan pura, tan absoluta y concentrada, que amenazaba con incinerar el mundo entero.

Victoria había sido una sanguijuela narcisista que actuó desde la sombra, pero este hombre, Rocco, acababa de cometer el error más grande de su patética vida: había amenazado a Ethan directamente. Había cruzado la única línea que convertía a Arthur Sterling, el civilizado titán de los negocios, en un monstruo implacable.

Arthur presionó un botón en el intercomunicador de su escritorio. —Marcus. A mi despacho. Ahora.

Menos de un minuto después, las pesadas puertas de roble se abrieron. Marcus, el jefe de seguridad y ex comandante de las Fuerzas Especiales, entró con paso firme. Su rostro, siempre estoico, reflejó una leve sorpresa al ver la expresión de su jefe. Arthur no parecía un hombre a punto de llorar; parecía un verdugo a punto de dictar sentencia.

—Señor, ¿ocurre algo? —preguntó Marcus, cerrando la puerta a sus espaldas.

—Acabo de recibir una llamada por la línea directa —dijo Arthur, su voz gélida, carente de cualquier inflexión emocional—. Un hombre que se identificó como Rocco. Dijo que Victoria le debe diez millones de dólares por sus deudas de juego y que, dado que el fideicomiso de mi esposa estaba vinculado a mis bienes antes del divorcio, ahora espera que yo pague esa deuda.

Marcus frunció el ceño, su instinto táctico activándose de inmediato. —Rocco. Debe ser Rocco Moretti. Controla una red de casinos clandestinos y usura en el bajo Brooklyn. Es un matón de nivel medio, pero tiene conexiones con familias peligrosas. Señor, puedo contactar al FBI de inmediato. Tenemos pruebas de la extorsión...

—No —lo interrumpió Arthur, levantando una mano—. La policía es lenta. Siguen reglas, protocolos y necesitan órdenes judiciales. Y si Rocco se siente acorralado por la ley, podría enviar a alguien a esta casa antes de que lo arresten. Amenazó con lastimar a Ethan, Marcus. Dijo que lo devolvería a la oscuridad.

El rostro de Marcus se endureció. Como el hombre que había visto a Ethan salir de aquella pared, compartía la profunda necesidad de proteger al niño. —¿Cuáles son sus órdenes, señor? ¿Pagamos la deuda para ganar tiempo? Diez millones no son nada para usted.

Arthur se levantó de su silla, acercándose al inmenso ventanal que daba a los jardines oscuros de la mansión.

—Si le pago, le estoy demostrando que soy vulnerable. Le estoy diciendo que puede usar a mi hijo como un cajero automático cada vez que necesite dinero. Eso no va a suceder —Arthur se giró, y la frialdad en sus ojos hizo que incluso un soldado curtido como Marcus sintiera un escalofrío—. No voy a vivir mirando por encima del hombro. Y mi hijo no va a vivir en una jaula dorada rodeado de guardaespaldas el resto de su vida. Quiero que movilices a tu equipo de operaciones especiales, a los ex militares que tenemos en nómina.

Marcus asintió lentamente, comprendiendo hacia dónde se dirigía esto. —Considere la casa bajo nivel de amenaza máxima. Tendremos hombres armados en el perímetro en diez minutos.

—Eso es para la defensa —replicó Arthur, acercándose a Marcus hasta quedar a escasos centímetros—. Pero no vamos a esperar a que él venga. Quiero saber dónde está Rocco Moretti. Quiero saber dónde duerme, dónde opera y quiénes son sus superiores. Tienes presupuesto ilimitado. Soborna, hackea o rastrea lo que necesites, pero quiero su ubicación exacta antes del amanecer. Vamos a ir a visitarlo.

—Entendido, señor Sterling. Lo tendré.

Marcus salió de la habitación para coordinar la ofensiva. Arthur se quedó solo unos instantes más antes de salir de su despacho y subir las escaleras en silencio.

Caminó por el pasillo iluminado hasta la habitación de su hijo. Empujó la puerta con suavidad. La habitación estaba sumida en el cálido resplandor de la lámpara de luna. Emma estaba dormida en un sillón reclinable en la esquina, exhausta tras la crisis de la tarde. En la inmensa cama, Ethan dormía profundamente, abrazado a un oso de peluche, con el pecho subiendo y bajando en un ritmo pacífico.

May you like

Arthur se quedó de pie en el umbral, observando la fragilidad de su hijo. Había prometido que nadie volvería a apagar la luz de Ethan. Si para mantener esa promesa tenía que descender a las trincheras del inframundo criminal y mancharse las manos, lo haría sin dudar un solo segundo.

—Duerme, mi niño —susurró Arthur en la oscuridad—. Papá se encargará de los monstruos esta noche.

Related Stories

Other posts