Capítulo 9 - El último espejo

La tormenta comenzó antes de que el helicóptero de la policía llegara a la costa. Las olas golpeaban los pilares del complejo y el viento hacía vibrar las ventanas del nivel superior.
Maya aterrizó en una plataforma secundaria. Ethan, Elena y cuatro agentes descendieron. Clara se había quedado bajo protección federal con Sofía, aunque protestó hasta el último momento.
Richard viajaba esposado en el helicóptero.
—La entrada del muelle estará bloqueada —dijo—. Existe un conducto de drenaje bajo el edificio.
Maya lo miró con desconfianza.
—¿Por qué ayudarnos ahora?
—Porque Charles piensa quemarme junto con el resto de sus errores.
El grupo encontró el conducto detrás de una barrera oxidada. Avanzaron por agua helada hasta llegar al nivel inferior. El olor a combustible impregnaba el aire.
En las paredes había fotografías de niños. Cada pareja aparecía vestida de la misma forma, con el mismo corte de cabello y la misma expresión ensayada. Algunas imágenes habían sido marcadas con una cruz roja.
Elena tuvo que apoyarse contra la pared.
—Yo trabajé para esta empresa durante quince años —susurró—. ¿Cómo no vi esto?
—Porque lo construyeron para que nadie lo viera —respondió Ethan.
En otra parte del complejo, Aaron ayudaba a los seis supervivientes a atravesar los túneles de mantenimiento. Uno de ellos, Gabriel, había encontrado los controles de las celdas, pero el sistema exigía dos identificaciones biométricas Whitmore.
—Necesitamos a tu hermano —dijo.
—Vendrá.
Aaron no sabía si lo afirmaba por confianza o porque necesitaba creerlo.
Las puertas se cerraron de golpe. Por los altavoces sonó la voz de Charles.
—Siempre tuviste demasiada fe en personas que recibieron todo lo que debía pertenecerte.
—Ethan no me robó nada.
—Te robó una vida.
—Tú lo hiciste.
Charles guardó silencio durante unos segundos.
—La familia no se construye con afecto. Se construye con continuidad.
—Entonces nunca tuviste una familia.
Las luces se apagaron. Un panel indicó que el sistema de incineración comenzaría en dieciocho minutos.
Ethan oyó la voz de Aaron a través del altavoz y golpeó una puerta.
—¡Aaron!
—¡Estoy en el corredor central!
Los gemelos se encontraron separados por un cristal reforzado. Era la primera vez que se veían desde la azotea.
Aaron levantó el expediente falso.
—Charles dijo que yo era el original.
—Elena demostró que el documento fue fabricado.
Aaron soltó una breve carcajada.
—Lo supuse.
—¿Cómo?
—Porque quería demasiado que lo creyera.
Para abrir la puerta, ambos colocaron una mano sobre los lectores situados a cada lado. El sistema comparó sus huellas, estructura ósea y temperatura.
IDENTIDAD DUPLICADA. PROTOCOLO DE RESOLUCIÓN NECESARIO.
—No va a dejarnos pasar —dijo Ethan.
Elena examinó el panel. Había un tercer campo destinado a un código genético autorizado.
—Clara —murmuró—. Su marcador.
Ethan llamó a Sofía. La señal era débil, pero Clara respondió.
—Papá, encontré algo en el compás —dijo la niña—. Hay una serie debajo de la palabra Orión.
Leyó doce números.
Elena los introdujo. El sistema aceptó el código y abrió todas las puertas de contención. Los supervivientes comenzaron a salir.
—Una niña de once años acaba de derrotar cuarenta años de tecnología —dijo Gabriel.
—No —respondió Aaron—. Derrotó a un hombre que nunca creyó que ella pudiera pensar por sí misma.
Un disparo resonó en el corredor.
Richard cayó contra la pared. Charles apareció detrás de él con una pistola. La bala había rozado el hombro del financiero.
—Siempre fuiste una decepción —dijo Charles.
Richard intentó alcanzar su arma, pero Maya lo apartó y disparó contra la mano de Charles. La pistola cayó al suelo.
El anciano retrocedió hacia la sala central y activó manualmente el sistema de incendio. Las tuberías comenzaron a expulsar combustible.
—Si el proyecto no puede sobrevivir —gritó—, nadie conservará sus secretos.
Ethan y Aaron corrieron tras él.
La sala central contenía el archivo físico del Proyecto Espejo: cintas, expedientes médicos y muestras genéticas. Charles arrojó una antorcha de emergencia sobre una mesa.
Aaron la apagó con un extintor, pero las llamas ya avanzaban por el suelo.
Charles se encerró dentro de una cabina de control protegida contra incendios.
—El sistema solo admite una identidad —dijo a través del intercomunicador—. Decidan quién merece salir.
Dos puertas de emergencia aparecieron en lados opuestos. Cada una podía abrirse con la huella de uno de los gemelos, pero el programa indicaba que, al elegir una, la otra quedaría bloqueada.
Ethan miró a Aaron.
—Tú primero.
—No.
—Tienes a personas esperando que las saques.
—Y Clara te espera a ti.
Las llamas crecían.
Charles sonreía desde la cabina.
—Eso es. Uno debe sacrificar al otro.
Aaron observó las tuberías del techo. Recordó los planos y comprendió que ambas puertas compartían el mismo circuito hidráulico.
—No tenemos que elegir.
Los dos colocaron las manos en sus respectivos lectores exactamente al mismo tiempo. El sistema intentó asignar prioridad, falló y reinició el protocolo. Durante tres segundos, ambas puertas se abrieron.
Ethan y Aaron saltaron a través de ellas.
Charles dejó de sonreír.
El calor dañó la cabina de control. El cierre automático se bloqueó y el anciano comenzó a golpear el cristal.
Ethan regresó hacia él.
—¿Qué haces? —gritó Aaron.
—Lo que él nunca habría hecho por nosotros.
Entre ambos forzaron la puerta y sacaron a Charles antes de que el fuego consumiera la cabina. El anciano cayó al suelo, tosiendo.
—Debieron dejarme morir —dijo.
Ethan lo miró.
—No decidirás qué clase de hombres somos.
Maya llegó con los agentes y esposó a Charles. Richard también fue detenido. Los bomberos marítimos comenzaron a controlar el incendio mientras Elena y Gabriel sacaban los archivos que no habían sido destruidos.
Cuando abandonaban el edificio, Charles miró por última vez a sus hijos.
—Sin mí, ninguno de ustedes sabrá cuál era el verdadero Ethan.
Aaron se detuvo.
—Los dos lo sabemos.
Ethan lo miró.
—Ethan es el hombre que yo elegí ser.
—Y Aaron es el hombre que yo sobreviví para convertirme.
Salieron juntos al muelle.
El sol comenzaba a aparecer detrás de las nubes. Allí los esperaba Clara.
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Corrió primero hacia Ethan, pero antes de abrazarlo extendió un brazo hacia Aaron.
Por primera vez, los tres se abrazaron como una familia que no necesitaba decidir quién sustituía a quién.