Capítulo 8 - La verdad ante el consejo

Aaron no se volvió.
En la pantalla seguían visibles las dos fotografías. Él figuraba como la identidad original; Ethan, como el sustituto. Charles permanecía en la entrada acompañado por un solo guardia.
—Es falso —dijo Aaron.
—¿Por qué habría de mentirte ahora?
—Porque necesitas que odie a mi hermano.
Charles avanzó lentamente.
—La mujer que salió del hospital con tu madre llevó al niño equivocado. Cuando descubrí el error, ya había registros, fotografías y testigos. Cambiarlo habría provocado preguntas. Así que convertí el error en una oportunidad.
—Si eso fuera cierto, me habrías recuperado.
—Lo hice. Pero un heredero criado en público y otro entrenado en secreto eran más valiosos que dos niños intercambiables.
Aaron sintió que regresaban recuerdos que había tratado de enterrar: una habitación sin ventanas, un profesor obligándolo a observar videos familiares y una enfermera que lo llamaba Ethan cuando nadie más estaba presente.
—No importa quién salió primero del hospital —dijo—. Él vivió su vida y yo viví la mía.
Charles sonrió.
—Eso dices porque temes reclamar lo que te pertenece.
Las luces de emergencia comenzaron a parpadear. Los supervivientes habían llegado al sistema eléctrico central. Charles miró hacia el corredor, distraído durante un instante.
Aaron atacó al guardia, le arrebató el arma y cerró la puerta de seguridad entre él y Charles.
No disparó.
—Mi hermano habría podido matarte en la azotea y no lo hizo —dijo a través del cristal—. Yo tampoco lo haré. Esa es la diferencia entre nosotros y tú.
Corrió hacia el muelle.
A kilómetros de allí, Ethan recibió los archivos enviados por Aaron. Elena estudió el supuesto expediente de nacimiento y señaló una anomalía: la firma del médico estaba fechada dos días antes del parto.
—Charles fabricó esto —dijo.
—¿Cómo puedes estar segura?
—Porque yo investigué al doctor. Murió seis meses antes de que ustedes nacieran.
El documento no pretendía revelar la verdad. Era un arma psicológica diseñada para enfrentar a los gemelos.
Maya quería dirigirse inmediatamente al complejo, pero Sofía Chen llegó con otra noticia. Charles había convocado una reunión de emergencia del consejo de Whitmore Biomedical. La sesión comenzaría en cuarenta minutos y tendría autoridad para activar el Protocolo de Continuidad.
—Si no impugnamos la votación públicamente, Charles controlará la empresa antes de que podamos detenerlo —advirtió Sofía.
—Aaron está allí —dijo Ethan.
—El equipo de Maya irá por él. Tú eres necesario aquí.
Ethan odiaba la elección. Todo en su interior le exigía ir en busca de su hermano. Sin embargo, Aaron le había enviado los archivos precisamente para que pudiera detener el plan.
Antes de entrar en la sala del consejo, Ethan se arrodilló junto a Clara.
—Quiero que permanezcas con tu madre.
—¿Vas a volver?
La pregunta parecía sencilla, pero no lo era. Clara había visto demasiados adultos prometer cosas que no podían cumplir.
—Haré todo lo posible.
Ella negó con la cabeza.
—No te pregunté eso.
Ethan respiró hondo.
—Sí. Voy a volver.
La sala del consejo estaba llena. Algunos directores asistían en persona y otros aparecían en pantallas. En la cabecera se proyectaba el rostro de Charles desde una ubicación desconocida.
—Mi hijo ha sufrido una crisis —declaró Charles—. Los recientes acontecimientos demuestran que ya no puede dirigir la compañía.
En las pantallas apareció un video donde Ethan parecía confesar que había incendiado la mansión para destruir pruebas.
Sofía se levantó.
—Solicito una verificación forense antes de admitir esa grabación.
—Solicitud rechazada —respondió el presidente provisional.
Entonces Elena entró en la sala.
Todos guardaron silencio.
La mujer que oficialmente había muerto en el incendio caminó hasta la mesa y dejó sobre ella el cuaderno azul.
—Yo estaba presente cuando se grabaron las muestras utilizadas para fabricar ese video —dijo—. Charles necesitaba la voz y el rostro de Ethan para entrenar sus sistemas de sustitución.
Charles endureció la expresión.
—Elena está confundida. Ha sufrido sedación prolongada.
—Por orden de una empresa vinculada contigo.
Sofía conectó la tarjeta de memoria escondida en el compás de Clara. En la pantalla apareció una grabación de Charles y Richard discutiendo el traslado de Elena, la eliminación de Clara y la activación del protocolo.
Los directores comenzaron a hablar entre ellos.
Charles ordenó cortar la transmisión, pero Sofía había enviado simultáneamente el archivo a tres medios de comunicación, a la fiscalía federal y a cada accionista registrado.
—La verdad ya no está en esta sala —dijo—. Está en miles de dispositivos.
Michael Grant apareció por una puerta lateral acompañado por agentes federales. Su rostro, alterado para parecerse al de Ethan, provocó una reacción inmediata.
—Mi nombre es Michael Grant —declaró—. Fui reclutado a los diecisiete años. Me sometieron a cirugías, entrenamiento psicológico y aislamiento para convertirme en una copia funcional de Ethan Whitmore. Richard Vale me ordenó cerrar la puerta de Clara durante el incendio.
Ethan lo miró con rabia, pero Michael no apartó los ojos.
—No espero perdón. Estoy aquí para demostrar que el hombre de las grabaciones no siempre es quien parece.
Uno de los directores pidió cancelar la votación. Otro exigió la renuncia inmediata de Charles.
La imagen del anciano comenzó a fallar.
—Creen que esto se decide con votos —dijo—. La empresa nunca fue el objetivo. La empresa solo financió el experimento.
Detrás de él se encendió una luz roja.
Elena reconoció el lugar.
—Está en el laboratorio costero.
Charles acercó su rostro a la cámara.
—A medianoche, todos los archivos del Proyecto Espejo serán destruidos. También desaparecerán quienes puedan demostrar que existió.
La transmisión terminó.
Maya llamó desde el helicóptero policial.
—Hemos perdido contacto con Aaron. El complejo está sellado y detectamos un aumento extremo de temperatura en el nivel inferior.
Charles estaba preparando otro incendio.
Esta vez no buscaba ocultar un solo crimen.
Pretendía borrar decenas de vidas.
Ethan cerró el cuaderno azul.
—La reunión terminó.
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—¿Adónde vas? —preguntó un director.
—A buscar a mi hermano.