Capítulo 7 - El nombre prestado

El helicóptero voló hacia el norte durante cuarenta y siete minutos.
Aaron permaneció sentado frente a Charles, con las manos visibles y el rastreador oculto dentro del forro de su chaqueta. A través de la ventana distinguió bosques, un lago y, finalmente, un complejo industrial abandonado junto a la costa.
—¿Por qué me elegiste a mí? —preguntó.
Charles respiró lentamente a través de la cánula de oxígeno.
—Porque subiste.
—Subí para encontrar a los demás.
—Ethan habría intentado salvar a su esposa y a su hija. Tú elegiste la misión.
—Eso no significa que sea como tú.
—Significa que puedes serlo.
El helicóptero descendió sobre una plataforma rodeada de edificios de hormigón. Un letrero oxidado identificaba el lugar como una antigua planta de investigación marina.
Aaron reconoció el símbolo grabado en las puertas: un círculo dividido por una línea vertical. Era el mismo emblema que había visto durante su infancia en Saint Dorian.
Mientras tanto, en Whitmore Biomedical, Maya coordinaba la persecución. La señal del rastreador aparecía en un monitor, pero se debilitaba conforme el helicóptero se acercaba al complejo.
Ethan permanecía junto a Elena en la enfermería privada del edificio. Clara dormía en una camilla después de recibir tratamiento por agotamiento. Richard estaba esposado en otra sala, custodiado por dos agentes.
—Aaron sabía lo que hacía —dijo Elena.
—Pasó toda su vida siendo utilizado —respondió Ethan—. Mi padre sabe exactamente qué palabras debe usar para controlarlo.
—Aaron también sabe cómo piensa Charles.
Ethan abrió el cuaderno azul que Michael había lanzado antes de huir. Varias páginas estaban escritas en clave, pero Elena reconoció una secuencia de letras y números.
—Son expedientes de nacimiento —explicó—. Cada letra corresponde a un hospital. Cada número, a un par de gemelos.
Había treinta y dos pares registrados.
Junto a algunos aparecía la palabra “fallo”. Junto a otros, “integración”. Doce expedientes no indicaban un resultado.
—Charles dijo que había más supervivientes —murmuró Ethan.
—Puede ser cierto.
Maya entró con una carpeta.
—Hemos identificado el destino del helicóptero. El complejo perteneció a una subsidiaria de Whitmore Biomedical hasta hace nueve años. Después fue vendido a una empresa fantasma vinculada con Richard.
Elena miró hacia la sala donde lo retenían.
—Entonces él sabe cómo entrar.
Richard se negó a hablar hasta que Maya colocó frente a él varias fotografías: la pistola encontrada en la sede, las grabaciones recuperadas del compás de Clara y una imagen de Michael Grant.
—Tenemos pruebas de fraude, secuestro, intento de homicidio y conspiración —dijo Maya—. Charles lo abandonó en esa azotea. Si guarda silencio, usted cargará con todos los delitos.
Richard sonrió con dificultad.
—Charles no abandona a nadie. Guarda las piezas hasta que vuelve a necesitarlas.
—Lo llamó prescindible.
—Porque quería que yo reaccionara.
Ethan se inclinó sobre la mesa.
—Mi hija pasó diecinueve días encerrada por culpa de ustedes. Mi esposa estuvo a dos segundos de morir. No me interesa su orgullo. Dígame cómo entrar en ese complejo.
Richard levantó los ojos.
—Hay una ruta de servicio bajo el muelle. Pero no llegarán a tiempo.
—¿A tiempo para qué?
—A medianoche, el Protocolo de Continuidad elegirá una identidad principal. Cuando ocurra, todos los sistemas reconocerán a uno de los gemelos como Ethan Whitmore. El otro dejará de existir legalmente.
—Eso no es posible —dijo Maya.
—Con suficiente dinero, casi cualquier cosa es posible. Registros médicos, cuentas bancarias, imágenes públicas, historial fiscal. Charles lleva décadas preparando la sustitución.
Elena comprendió entonces el verdadero objetivo.
—No quiere matar solamente a uno. Quiere borrar su historia.
Richard asintió.
—Y utilizará al superviviente para demostrar que el Proyecto Espejo funciona.
En el complejo costero, Charles condujo a Aaron por un corredor iluminado con luces blancas. Detrás de varias ventanas había habitaciones vacías: camas pequeñas, escritorios escolares y espejos de observación.
Aaron recordó una voz que le ordenaba repetir nombres, fechas y gestos. Recordó comidas recibidas como premio cuando imitaba correctamente a Ethan. Recordó castigos cada vez que decía su propio nombre.
Al final del corredor encontraron a seis adultos.
Tres hombres y tres mujeres estaban sentados alrededor de una mesa. Algunos tenían cicatrices quirúrgicas. Otros evitaban mirar directamente a Charles.
—Ellos son los supervivientes —dijo el anciano.
Una mujer de cabello corto se levantó.
—¿Eres el número ocho?
Aaron sintió un escalofrío.
—Me llamo Aaron.
La mujer sonrió con tristeza.
—Eso significa que escapaste.
Charles explicó que aquellas personas no estaban prisioneras. Según él, habían elegido permanecer allí porque el mundo exterior jamás aceptaría lo que eran.
—No son copias —dijo Aaron—. Son personas.
—Las personas son historias que otros deciden creer —respondió Charles—. Cambia la historia y cambias a la persona.
Un guardia colocó sobre la mesa una carpeta. Contenía documentos con el nombre de Ethan, fotografías de su infancia, registros de voz y detalles íntimos de su matrimonio.
—Debes estudiarlos antes de medianoche.
Aaron cerró la carpeta.
—No.
Charles se acercó.
—Si te niegas, todos los sujetos serán trasladados. Sus identidades desaparecerán.
—Ya preparaste el traslado.
Por primera vez, Charles pareció sorprendido.
Aaron señaló las marcas recientes de ruedas en el suelo y las pulseras de transporte colocadas junto a una puerta.
—Nunca pensaste liberarlos. Son testigos.
La mujer de cabello corto miró a los demás. El miedo comenzó a convertirse en ira.
Charles golpeó su bastón contra el suelo.
Los guardias entraron.
Aaron se lanzó sobre la mesa y apagó las luces. La habitación quedó a oscuras. Se escucharon gritos, golpes y el sonido de una puerta abriéndose.
Aaron corrió junto con los supervivientes hacia el corredor de servicio. Uno de ellos conocía el edificio y los condujo hasta un antiguo laboratorio lleno de terminales.
El rastreador había dejado de transmitir, pero Aaron encontró una línea de emergencia conectada a la red pública. Envió un paquete de datos a Ethan con la ubicación y los planos del complejo.
Después abrió el archivo que Charles había preparado para él.
En la primera página aparecía su fotografía.
Debajo no decía Aaron Whitmore.
Decía Ethan Whitmore — Identidad original.
En la página siguiente estaba la foto de su hermano.
Sujeto sustituto — Integración completada.
Aaron leyó ambas frases varias veces.
Toda su vida había pensado que era la copia escondida.
Según aquel expediente, Ethan era la copia.
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Entonces escuchó la voz de Charles detrás de él.
—Ahora comprendes por qué tu hermano nunca debía conocer la verdad.