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Capítulo 3 - El hijo que borraron

La policía trasladó a Clara a una planta protegida.

Solo cuatro personas podían entrar: Ethan, Margaret, Maya Torres y la doctora asignada por el tribunal. Ningún empleado de Whitmore Biomedical tendría acceso.

Aun así, Clara se negó a dormir.

—Aaron volverá.

—No sabemos si era él —dijo Ethan.

—Tenía tu cara.

—Puede que intentara ayudarnos durante el incendio.

—También cerró mi puerta.

Había dos versiones opuestas de Aaron: el hombre que inició el fuego y el que condujo a Clara hacia el túnel. Los sedantes podían haber alterado el orden de los recuerdos, pero Ethan comenzó a sospechar algo más.

Quizá no habían sido dos hombres.

Quizá habían sido tres.

Maya revisó las cámaras de la mansión. El sistema dejó de grabar durante trece minutos antes de la primera alarma. Después se reactivó automáticamente.

A las 00:14, un hombre idéntico a Ethan entró por la puerta principal.

A las 00:16, otro apareció en el garaje.

Ethan se encontraba a treinta kilómetros, participando en una videoconferencia. Su presencia estaba confirmada por doce ejecutivos.

—Los dos eran impostores —dijo Maya.

Margaret negó con la cabeza.

—Solo existe un hermano.

—Solo conocemos a uno.

Buscaron los archivos del Proyecto Espejo. La mayor parte había sido destruida, pero una copia permanecía en el antiguo servidor de una compañía de seguros.

Aaron no fue el único niño registrado.

Había doce pares de gemelos.

Algunos murieron. Otros fueron enviados a familias adoptivas con identidades nuevas. Tres continuaban oficialmente desaparecidos.

El Proyecto Espejo no se limitaba a estudiar enfermedades.

Los investigadores evaluaban si una persona podía sustituir socialmente a su gemelo. Enseñaban a los niños a imitar voces, gestos y recuerdos familiares.

Charles Whitmore quería crear sustitutos capaces de asumir la vida de un heredero enfermo o fallecido sin que los mercados descubrieran la pérdida.

Aaron había sido entrenado para convertirse en Ethan.

—Nuestro padre planeaba reemplazarme si algo salía mal —dijo Ethan.

Margaret cerró los ojos.

—Tú también enfermaste cuando tenías cinco años.

Ethan recordaba una hospitalización, pero no los detalles. Durante seis semanas, Aaron vivió en la casa fingiendo ser él. Nadie fuera de la familia notó la diferencia.

Aquello explicaba por qué Aaron conocía recuerdos de la infancia, pasadizos y palabras secretas.

También significaba que algunos recuerdos que Ethan atribuía a sí mismo podían pertenecer a su hermano.

Maya localizó a la doctora que dirigió el programa, Helena Cross. Vivía en una residencia de ancianos bajo otro apellido.

Cuando llegaron, encontraron su habitación vacía. En la pared había fotografías de los gemelos. Ethan aparecía en una cama; Aaron estaba a su lado sosteniéndole la mano.

En el escritorio dejaron una grabadora.

La voz de Helena confesaba que Charles utilizó a Aaron durante años. Le prometió que algún día compartiría la herencia con Ethan. Cuando el muchacho cumplió dieciocho años, Charles lo encerró en una institución psiquiátrica y declaró que sufría delirios.

Elena descubrió la verdad meses antes del incendio.

Visitó a Aaron y le ofreció ayuda legal.

—Entonces no tenía motivos para matarla —dijo Margaret.

La grabación continuó.

Helena afirmó que otra persona se puso en contacto con Aaron: Richard Vale, hermano mayor de Elena y director financiero de Whitmore Biomedical.

Richard convenció a Aaron de que Ethan conocía el proyecto y había permitido su encierro. Le mostró documentos con la firma de Ethan.

Podían ser falsos.

—Richard estuvo en la ceremonia por Clara —recordó Ethan—. Lloraba delante de las cámaras.

—También asumió temporalmente el control de la empresa después del incendio —dijo Maya.

Si Elena y Clara morían, las acciones científicas de Elena pasarían a Ethan. Si Ethan era acusado del incendio, el consejo podía destituirlo.

Richard se convertiría en presidente interino.

Margaret miró su teléfono.

Había veintitrés llamadas perdidas del consejo. Richard había convocado una votación de emergencia para declarar a Ethan mentalmente incapaz debido a su “delirio sobre un hermano inexistente”.

La reunión comenzaría en dos horas.

—Quiere encerrarte utilizando la misma historia que utilizaron contra Aaron —dijo Margaret.

Ethan no acudió al consejo.

En vez de eso, Maya obtuvo una orden para registrar el despacho de Richard. Encontraron pasaportes falsos, fotografías de Aaron y pagos a una clínica llamada Saint Dorian.

En el ordenador había un video grabado dos días después del incendio.

Aaron entraba en una habitación de la clínica.

Sobre la cama estaba Elena.

Tenía quemaduras en el rostro, pero seguía viva.

Richard aparecía después y ordenaba aumentar la dosis de sedantes.

—Habitación 317 —dijo Clara al ver la imagen.

Todos la miraron.

—¿Cómo sabes el número?

—Estuve allí.

Después del incendio, una mujer la llevó a Saint Dorian. Clara permaneció en una habitación situada frente a la de su madre. Escuchaba a Elena llamar su nombre durante las noches.

—¿Quién te sacó de la clínica? —preguntó Maya.

—La mujer de cabello gris.

Ethan le mostró una fotografía de Helena Cross.

Clara asintió.

Helena no estaba desaparecida.

Había rescatado a la niña y la dejó en el hospital.

Maya pidió bloquear todas las carreteras cercanas a Saint Dorian, pero la clínica tenía vínculos con jueces y policías locales. Una redada abierta podía dar tiempo a Richard para trasladar a Elena.

Decidieron entrar con un equipo federal independiente.

Antes de salir, Ethan recibió una videollamada.

Richard apareció sentado en el despacho principal de Whitmore Biomedical.

—No vayas a Saint Dorian —dijo.

—Tienes a mi esposa.

—Tengo a la mujer que destruyó nuestra familia.

—Elena descubrió tus delitos.

—Elena descubrió una verdad que no debía existir.

Richard levantó un documento.

Era el testamento de Charles Whitmore.

Si Aaron demostraba legalmente su identidad, recibiría la mitad de las acciones de Ethan. Si Ethan moría, Aaron heredaría todo.

—El incendio no fue para matar a Clara —dijo Richard—. Fue para obligar a Aaron a terminar el trabajo que nuestro padre comenzó.

—¿Qué trabajo?

Richard sonrió.

—Reemplazarte.

La videollamada se cortó.

Al otro lado del hospital, Clara comenzó a cantar una canción que Ethan no reconocía.

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Margaret sí.

Era la canción que Aaron cantaba cuando ambos eran niños.

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