Capítulo 5 - Los trece minutos borrados

Ethan quiso retirar el dispositivo.
Maya se lo impidió.
Un técnico examinó el mecanismo. No era una bomba convencional. Contenía una aguja dirigida hacia la arteria de Elena. Si el temporizador llegaba a cero o alguien cortaba el cable equivocado, inyectaría una dosis letal.
Aaron reconoció el diseño.
Richard había utilizado dispositivos similares para controlar a los sujetos del Proyecto Espejo.
—Solo puede desactivarse desde la bóveda —dijo.
Ethan miró el reloj.
Quedaban ochenta y cuatro minutos.
Elena recuperó la conciencia durante el traslado. Al ver a los dos hermanos juntos, comprendió que la verdad había salido a la luz.
—Clara —susurró.
—La encontraremos —prometió Ethan.
—Richard quiere el libro azul.
—¿Qué contiene?
—La identidad del hombre que realmente dirigió el proyecto.
Todos creían que Charles Whitmore había creado el Proyecto Espejo. En realidad, recibió órdenes de un grupo de inversionistas médicos. Richard trabajó para ellos desde joven y eliminó a cualquiera que intentara denunciarlo.
El libro azul contenía firmas, grabaciones y resultados clínicos.
También demostraba que Charles no murió por causas naturales.
Richard lo envenenó después de obtener acceso al consejo.
—¿Por qué conservó el libro? —preguntó Maya.
—Porque era su seguro —respondió Elena—. Si los inversores intentaban eliminarlo, podía destruirlos.
La sede de Whitmore Biomedical estaba cerrada por orden federal, pero Richard seguía dentro con miembros del consejo. Había convocado una transmisión pública para anunciar que Ethan sufría una crisis mental y era responsable del incendio.
Elena debía aparecer a su lado y confirmar la acusación.
Clara sería utilizada para obligarla.
Ethan, Aaron y Maya entraron por un estacionamiento subterráneo. Margaret permaneció con Elena mientras el técnico intentaba mantener estable el dispositivo.
Los empleados habían sido evacuados. Las luces de los pisos superiores seguían encendidas.
En la planta veintidós encontraron una sala preparada como estudio de televisión. Richard hablaba ante las cámaras.
—Nuestro antiguo director ejecutivo ha construido una fantasía sobre un supuesto hermano gemelo para evitar responder por la muerte de su esposa y su hija.
Ethan observó desde el corredor.
—Todavía creen que Clara está muerta.
—La mostrarán solo después de conseguir lo que quieren —dijo Aaron.
Sofía Chen, abogada independiente del consejo, estaba sentada detrás de Richard. Ethan logró enviarle parte de los archivos de la tarjeta.
Mientras Richard continuaba hablando, el teléfono de Sofía vibró.
Leyó las primeras páginas.
Su expresión cambió.
—Señor Vale —interrumpió—, antes de continuar, el consejo necesita saber por qué su firma aparece en pagos realizados a Saint Dorian.
Richard apagó su micrófono.
—Esta transmisión no es un interrogatorio.
—Ahora lo es.
Varios miembros del consejo comenzaron a recibir los archivos. Richard ordenó cortar internet.
Era demasiado tarde.
Sofía había programado la distribución a periodistas y autoridades.
Richard abandonó la sala.
Ethan y Aaron lo siguieron hasta el ascensor privado. Richard utilizó una tarjeta y descendió al laboratorio subterráneo.
Maya envió agentes hacia todas las salidas.
El ascensor se abrió en una sala circular. En el centro estaba la bóveda de Charles. Clara permanecía atada a una silla, con una vía intravenosa en el brazo.
Michael Grant, el otro sustituto, vigilaba junto a ella.
Su parecido con Ethan era menos perfecto bajo la luz blanca. La máscara se había despegado cerca de la mandíbula.
—Papá —dijo Clara.
Los dos hermanos respondieron al mismo tiempo.
—Estoy aquí.
Richard apareció detrás de la niña.
—Es curioso. Charles pasó millones intentando demostrar que una identidad podía copiarse, pero nunca comprendió la parte más sencilla: una familia cree al hombre que llega primero.
Aaron levantó las manos.
—Déjala ir.
—Abre la bóveda.
Ethan y Aaron colocaron sus dedos sobre los lectores. El sistema comparó sus huellas.
IDENTIDAD GEMELA CONFIRMADA.
La bóveda se abrió.
Dentro había una caja fuerte, varios discos y el cuaderno azul.
Richard ordenó a Michael recogerlo.
Clara observó las manos del hombre. Llevaba el reloj en la muñeca derecha.
Era quien había cerrado la puerta de su habitación.
—Tú intentaste quemarme —dijo.
Michael evitó mirarla.
—Me dijeron que la habitación estaba vacía.
—Me viste.
—Obedece —ordenó Richard.
Michael tomó el cuaderno, pero no se lo entregó.
—Prometiste borrar mi expediente.
—Lo haré cuando terminemos.
—Eso dijiste hace diez años.
Richard levantó el control del dispositivo de Elena.
—Dámelo.
Michael arrojó el libro hacia Ethan.
Richard pulsó un botón.
En Saint Dorian, el temporizador del cuello de Elena comenzó a descender rápidamente.
Margaret gritó por el teléfono.
—¡Quedan sesenta segundos!
Aaron se lanzó sobre Richard.
Michael liberó a Clara.
Maya disparó contra el panel de seguridad cuando las puertas comenzaron a cerrarse. Ethan abrió el libro azul buscando el código de desactivación.
Las páginas estaban llenas de números, nombres y anotaciones médicas.
Clara vio algo escrito en el margen.
—Orión —dijo.
Era su palabra secreta.
Ethan encontró una secuencia junto al nombre.
Introdujo el código.
El temporizador se detuvo a dos segundos.
Richard golpeó a Aaron contra la bóveda y escapó por una puerta lateral. Maya corrió tras él.
Clara abrazó a su padre.
Después miró a Aaron.
—Tú fuiste quien me sacó del fuego.
Aaron asintió.
—También fui quien lo inició.
—Entonces tendrás que contar las dos cosas.
Las palabras de la niña fueron más duras que cualquier condena.
Los agentes encontraron a Richard en el helipuerto, pero no estaba solo. Un helicóptero descendía sobre el edificio.
Dentro viajaba un anciano conectado a un tanque de oxígeno.
Aaron lo reconoció.
—No puede ser.
Ethan observó el rostro del hombre.
Lo había visto en fotografías durante toda su infancia.
Charles Whitmore, su padre, el supuesto creador del Proyecto Espejo, seguía vivo.
El helicóptero aterrizó.
May you like
Charles descendió y miró a sus dos hijos.
—Por fin están juntos —dijo—. Ahora podemos comenzar la verdadera sustitución.