Capítulo 6 - El arquitecto de los rostros

El ruido de las hélices golpeaba la azotea como un millar de martillos. Ethan protegió a Clara con su cuerpo mientras el viento levantaba papeles, polvo y pequeños fragmentos de cristal. A pocos metros, Aaron contemplaba al anciano que acababa de bajar del helicóptero.
Charles Whitmore había muerto oficialmente ocho años atrás.
Ethan había identificado su cuerpo. Había organizado el funeral. Había depositado personalmente la urna en el mausoleo familiar.
Sin embargo, allí estaba su padre: más delgado, conectado a un pequeño tanque de oxígeno y apoyado en un bastón negro. Sus ojos conservaban la misma frialdad con la que había dirigido la familia y la empresa.
—Por fin están juntos —repitió Charles—. Ahora podemos comenzar la verdadera sustitución.
Elena, todavía débil, apretó la mano de Clara.
—Tú creaste el Proyecto Espejo —dijo.
Charles sonrió.
—Yo corregí un problema hereditario. Una familia como la nuestra no podía depender de un solo heredero. Un accidente, una enfermedad o un escándalo podían destruir generaciones de trabajo. Necesitábamos continuidad.
Aaron dio un paso hacia él.
—Me robaste al nacer.
—Te preservé.
—Me encerraste, me cambiaste el nombre y dejaste que creciera creyendo que no tenía familia.
—Porque eras la reserva.
La palabra cayó con más crueldad que cualquier insulto.
Ethan sintió que Clara se estremecía detrás de él. Durante toda su vida, Charles había hablado de las personas como si fueran recursos: empleados, acciones, alianzas. Ahora comprendía que también había considerado así a sus propios hijos.
—¿Cuál de nosotros nació primero? —preguntó Ethan.
Charles ladeó la cabeza.
—Esa es la pregunta equivocada.
—Contéstame.
—Los brazaletes fueron intercambiados tres veces durante las primeras cuarenta y ocho horas. Incluso yo dejé de saber cuál era cuál. Desde entonces, Ethan Whitmore nunca fue un niño. Fue un cargo.
Aaron soltó una risa seca.
—Entonces ni siquiera sabes a cuál de tus hijos arrojaste a un laboratorio.
—No importaba. Uno ocuparía el lugar y el otro garantizaría que ese lugar nunca quedara vacío.
Richard Vale apareció junto a la puerta de acceso. Tenía sangre en la camisa y sostenía una pistola con ambas manos.
—No lo escuchen —dijo—. Está intentando ganar tiempo.
Charles ni siquiera volvió la cabeza.
—Richard, siempre fuiste útil. Pero confundiste utilidad con importancia.
La expresión de Richard se transformó. Durante años había creído controlar el Proyecto Espejo y utilizarlo para quedarse con Whitmore Biomedical. Ahora comprendía que también había sido una pieza.
—Yo mantuve esta empresa viva mientras tú te escondías —replicó.
—Mantuviste viva mi empresa.
Richard levantó el arma hacia Charles.
El disparo nunca llegó.
Una mujer vestida de negro salió del helicóptero y presionó un dispositivo. Richard cayó de rodillas, soltando la pistola. Dos pequeños dardos sobresalían de su cuello.
Ethan miró alrededor. Había cuatro guardias dentro del helicóptero y otros dos avanzaban desde una salida lateral. No pertenecían al equipo de seguridad del edificio.
—Maya —susurró Ethan al micrófono oculto bajo el cuello—. ¿Estás oyendo esto?
Solo recibió estática.
Charles levantó un control remoto.
—La azotea está aislada. Las cámaras muestran una grabación de hace veinte minutos. Para cualquiera que observe desde abajo, este lugar está vacío.
Clara se apartó lentamente de su padre.
—No está vacío.
Charles la miró por primera vez con verdadera atención.
—Tú debes ser Clara.
—Y tú debes ser el hombre que intentó matar a mi madre.
—Nunca quise matarla. Elena era brillante. Solo debía aprender que ciertos descubrimientos pertenecen a quien paga por ellos.
—Ella dijo que yo también era uno de tus experimentos.
La sonrisa de Charles desapareció.
Elena intentó llevarse a Clara hacia atrás, pero la niña permaneció firme.
—Mi sangre tiene el marcador —continuó—. Por eso me buscaban.
Charles observó a Ethan.
—La niña entiende más de lo que esperaba.
—Tiene un nombre —dijo Ethan—. No es “la niña” ni “el sujeto”. Se llama Clara.
—Los nombres pueden cambiarse.
—Las decisiones no.
Charles golpeó dos veces el suelo con su bastón. Uno de los guardias avanzó hacia Elena.
Aaron se interpuso.
—No la toques.
El guardia apuntó a su pecho.
—Tienes los mismos reflejos que tu hermano —comentó Charles—. Eso confirma que el entrenamiento sobrevivió.
—No soy su hermano de reemplazo.
—Todavía no.
Charles explicó que la bóveda abierta con las huellas de ambos no contenía únicamente documentos. Al reconocer simultáneamente a los gemelos, el sistema había activado el Protocolo de Continuidad. En doce horas, todas las acciones con derecho a voto, las patentes sensibles y los códigos de acceso serían transferidos a una identidad biométrica unificada.
—¿Unificada? —preguntó Elena.
—El sistema no distingue entre ellos —respondió Charles—. Para la empresa, ambos son Ethan Whitmore. Pero solo uno puede firmar la confirmación final.
—Y quieres elegir al que puedas controlar —dijo Ethan.
—Quiero elegir al que comprenda el sacrificio.
Aaron miró al hombre que lo había privado de infancia, libertad e identidad.
—¿Qué ocurrirá con el otro?
Charles guardó silencio.
No necesitaba contestar.
De pronto, una alarma de incendios comenzó a sonar. Las luces rojas de emergencia parpadearon alrededor de la azotea.
Charles frunció el ceño.
—Eso no estaba previsto.
Clara mostró el pequeño transmisor que había arrancado de la pulsera médica de su madre.
—La doctora Cross me enseñó que los sistemas de emergencia nunca deben depender de una sola red.
Las puertas de acceso se desbloquearon. El equipo táctico de Maya apareció en la escalera.
Todo sucedió en segundos.
Los guardias de Charles levantaron sus armas. Ethan empujó a Clara y Elena detrás de una estructura de ventilación. Aaron se lanzó contra el hombre más cercano. Richard, todavía aturdido, se arrastró hacia su pistola.
Charles caminó hacia el helicóptero sin apresurarse.
—¡Deténgase! —gritó Maya al salir a la azotea.
Un guardia lanzó una granada de humo. La nube blanca cubrió el lugar. Ethan perdió de vista a Clara y sintió que el miedo le cerraba la garganta.
—¡Clara!
—¡Estoy con mamá! —respondió ella.
Entre el humo, Ethan vio a Aaron forcejeando con dos hombres. Corrió hacia él, pero Charles habló desde la puerta del helicóptero.
—Aaron, si vienes conmigo, te mostraré dónde están los demás.
Aaron se detuvo.
—¿Qué otros?
—Los niños del Proyecto Espejo. Tú no fuiste el único que sobrevivió.
El rostro de Aaron cambió.
Charles extendió una mano.
—Ellos nunca tendrán un nombre si yo muero.
—Está mintiendo —dijo Ethan.
—Quizá —respondió Aaron—. Pero no puedo ignorarlo.
Antes de que Ethan pudiera detenerlo, Aaron corrió hacia el helicóptero y subió. Charles cerró la puerta. Maya disparó contra el rotor, pero la aeronave ya se elevaba sobre el edificio.
Ethan observó impotente cómo desaparecía entre las nubes.
Su teléfono vibró.
Había recibido un mensaje desde el número de Aaron.
Solo contenía una frase:
No me está llevando. Yo lo estoy siguiendo.
Debajo aparecía una coordenada que se desplazaba en tiempo real.
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Aaron había subido al helicóptero con un rastreador.
Y por primera vez desde que comenzó aquella pesadilla, Charles Whitmore no sabía que era él quien estaba siendo observado.