Capítulo 2 - La noche de los dos padres

Clara no recordaba todo en orden.
Los médicos explicaron que los sedantes podían fragmentar la memoria y hacer que los acontecimientos aparecieran como imágenes aisladas. Maya Torres decidió grabar la declaración en sesiones cortas, sin preguntas que sugirieran respuestas.
Ethan observó desde detrás de un cristal.
Clara describió la cena anterior al incendio. Elena estaba nerviosa y apenas probó la comida. Había recibido varias llamadas que rechazó. Cada vez que sonaba el teléfono, miraba hacia Ethan como si quisiera contarle algo.
Después de la cena, madre e hija subieron al segundo piso.
—Mamá me dijo que preparara una mochila —recordó Clara—. Solo lo necesario.
Elena guardó documentos, una memoria externa y un cuaderno azul. También pidió a Clara que llevara el conejo de peluche que conservaba desde pequeña.
—¿Adónde iban? —preguntó Maya.
—Mamá dijo que visitaríamos a la abuela.
La madre de Elena vivía en Vermont. El viaje no estaba previsto.
Antes de salir, escucharon un automóvil.
Elena se acercó a la ventana y vio a Ethan descender de un vehículo negro. Llevaba un traje gris y una corbata oscura.
Clara creyó que era su padre.
Su madre no.
Elena apagó las luces y llamó a alguien.
—Dijo: “Ha venido antes de lo esperado”.
Después escondió el cuaderno azul dentro del conejo de peluche.
El hombre entró utilizando la llave de Ethan. Subió directamente a la habitación de Clara y habló con la voz de su padre.
—Tu madre se ha sentido mal. Espera aquí.
Clara notó tres diferencias.
Su padre siempre la llamaba “ratoncita” cuando estaban solos. Aquel hombre la llamó “pequeña”. Llevaba el reloj en la muñeca derecha, aunque Ethan era zurdo. Y no sabía que la puerta del baño no cerraba correctamente.
Después de encerrarla, vertió un líquido por el pasillo.
El fuego comenzó casi inmediatamente.
Clara gritó, pero nadie acudió. El humo cubrió el techo. Se envolvió el rostro con una toalla mojada, rompió la ventana del baño utilizando una lámpara y salió a la cornisa.
Llegó a una escalera de servicio.
Entonces vio a su padre otra vez.
El segundo Ethan subía desde la planta baja con la chaqueta sobre la boca. Tenía sangre en una mano.
—¿Era realmente tu padre? —preguntó Maya.
Clara miró hacia el cristal donde Ethan observaba.
—No lo sé.
Aquel hombre conocía la palabra secreta que ambos utilizaban cuando Clara tenía miedo: “Orión”. También sabía que ella había escondido una brújula bajo el colchón después de discutir con su madre.
La tomó en brazos y la llevó hasta la biblioteca.
Apartó una estantería y reveló una puerta de hierro.
—Me dijo que siguiera el túnel y no volviera —explicó Clara—. Dijo que buscaría a mamá.
—¿Lo hizo?
—Antes de que cerrara la puerta, vi al otro hombre.
El impostor bajaba las escaleras sin preocuparse por las llamas. Apuntó con una pistola.
El Ethan que ayudaba a Clara empujó la puerta del túnel y recibió un disparo.
La niña cayó por unos escalones.
Después solo recordaba oscuridad, agua y una mujer que decía que debía dormir.
Ethan pidió entrar.
Maya aceptó con la condición de que no interrogara a su hija.
—No conocía ese túnel —dijo él—. No pude haberte llevado allí.
Clara lo miró.
—Entonces fue Aaron.
La palabra parecía extraña en boca de la niña.
—¿Te dijo su nombre?
—Lo escuché cuando mamá gritó.
—¿Qué gritó?
Clara cerró los ojos.
—“Aaron, no hagas esto”.
Ethan salió antes de que ella viera cómo le temblaban las manos.
Margaret lo esperaba en el corredor. Le entregó una carpeta con documentos antiguos.
Su madre, Catherine Whitmore, había dado a luz gemelos treinta y ocho años atrás. Ethan nació sano. Aaron presentaba una cardiopatía grave y necesitaba cirugía inmediata.
Charles Whitmore, padre de ambos, trasladó al segundo bebé a una clínica privada.
Tres días después dijo que había muerto.
No existía certificado de defunción.
—¿Por qué nunca me lo contaste? —preguntó Ethan.
—Yo tenía nueve años. Escuché una discusión entre nuestros padres. Años después encontré estos documentos.
—Pudiste decírmelo entonces.
—Papá me amenazó.
—Nuestro padre lleva muerto ocho años.
—Su amenaza no murió con él.
Charles dejó instrucciones para retirar a Margaret del fideicomiso familiar si revelaba la existencia de Aaron. También creó acuerdos de confidencialidad y pagó a empleados de la clínica.
—¿Por qué quería ocultar a su propio hijo?
Margaret abrió otro documento.
El encabezado decía: PROYECTO ESPEJO.
Whitmore Biomedical había financiado un programa para estudiar enfermedades hereditarias utilizando gemelos idénticos. Ethan permaneció con la familia como sujeto de control. Aaron fue criado en la clínica y sometido a tratamientos experimentales.
—Papá utilizó a sus propios hijos —dijo Ethan.
—Aaron sufrió treinta y siete operaciones antes de cumplir dieciséis años.
—¿Está vivo?
—Lo estaba hace tres meses.
Margaret recibió un sobre sin remitente. Contenía una fotografía de Aaron y una exigencia de diez millones de dólares. Si no pagaba, alguien revelaría que Whitmore Biomedical había experimentado ilegalmente con menores.
Margaret transfirió el dinero.
—Pensé que estaba protegiendo la empresa.
—Protegías el apellido.
—También te protegía a ti. Si el escándalo salía a la luz, todos creerían que conocías el proyecto.
Ethan comprendió algo.
—¿Elena lo descubrió?
Margaret asintió.
Elena dirigía una auditoría sobre antiguos ensayos clínicos. Encontró pagos a la institución donde Aaron había vivido. Quiso denunciarlo ante las autoridades, pero alguien borró los archivos.
La noche del incendio probablemente intentaba escapar con pruebas.
Maya recibió el informe preliminar de los bomberos. El supuesto cortocircuito no había iniciado el fuego. Encontraron residuos de acelerante en tres puntos de la casa.
El incendio fue provocado.
Además, la identificación del cuerpo atribuido a Elena presentaba irregularidades. Los registros dentales fueron enviados por una clínica propiedad de Whitmore Biomedical, sin análisis independiente de ADN.
—Puede que el cuerpo no sea de su esposa —dijo Maya.
Ethan sintió esperanza y miedo al mismo tiempo.
—Entonces ¿dónde está Elena?
Clara comenzó a gritar desde su habitación.
Cuando entraron, estaba mirando el televisor apagado. En la pantalla negra aparecía el reflejo de un hombre de pie detrás de ellos.
Tenía el rostro de Ethan.
El desconocido levantó un dedo frente a los labios.
Después corrió hacia la salida de emergencia.
Ethan y Maya lo siguieron, pero al llegar a la escalera solo encontraron una mancha de sangre y otro botón con las iniciales A.W.
Debajo había una nota.
«Ella no debía regresar todavía».
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La alarma del hospital comenzó a sonar.
Una enfermera descubrió que alguien había intentado desconectar el sistema de oxígeno de Clara.