capítulo 5 - La lucha en el despacho

Cassandra avanzó lentamente.
—No quiero lastimarte.
Audrey retrocedió hacia el escritorio.
—Eso mismo dijiste cuando enviaste a la abuela al hospital.
—No sabes cómo es ella. Controló cada decisión de mi vida.
—Eso no te da derecho a destruirla.
—Me quitó la presidencia que me correspondía.
Cassandra intentó sujetar el bolso de Audrey.
La joven lo apartó.
Su madre tomó una pesada figura de cristal y la levantó.
—Entrégame la memoria.
Audrey observó la distancia hasta la puerta.
—¿También vas a golpear a tu propia hija?
—No me obligues.
—Nadie te obliga a hacer nada, mamá. Esa es la mentira que utilizas para justificarlo todo.
Cassandra lanzó la figura.
Audrey se inclinó y el objeto se rompió contra la pared.
Después corrió hacia la puerta.
Su madre la sujetó por el cabello.
Audrey giró, golpeó el brazo de Cassandra y logró liberarse.
Ambas cayeron contra el escritorio.
La libreta azul terminó en el suelo.
Cassandra intentó alcanzarla.
Audrey la apartó con el pie y corrió hacia la ventana.
—No hay salida —dijo su madre.
Audrey levantó el control de las cortinas.
—Pero hay una alarma.
Presionó el botón de seguridad.
Las sirenas interiores comenzaron a sonar.
Cassandra palideció.
—Apágala.
—El equipo llegará en menos de dos minutos.
Su madre recogió la libreta azul y salió por una puerta lateral que conectaba con el corredor del servicio.
Audrey no la siguió.
Tenía la memoria digital.
Y antes de entrar en el despacho había enviado una copia automática de su contenido a un servidor externo.
Los guardias llegaron.
—¿Dónde está la señora Cassandra? —preguntó uno.
—Intentando destruir pruebas.
El teléfono de Audrey sonó.
Era el hospital.
—Señorita Halston —dijo una doctora—, encontramos niveles peligrosos de sedantes y anticoagulantes en la sangre de su abuela.
—¿Va a sobrevivir?
Hubo una pausa.
—Está estable. Pero alguien acaba de intentar trasladarla a otra clínica utilizando una autorización firmada por usted.
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Audrey sintió que el mundo se detenía.
—Yo no he firmado nada.