capítulo 4 - El cajón detrás de la biblioteca

El despacho de Margaret estaba cerrado.
Audrey utilizó la llave que su abuela le había entregado años antes.
Dentro, las estanterías cubrían tres paredes y una gran ventana mostraba el océano oscuro. Todo parecía en orden, salvo por una marca reciente en el suelo junto a la biblioteca.
Audrey empujó uno de los muebles.
Detrás encontró una pequeña caja fuerte.
El teclado no aceptaba el código habitual.
Recordó las palabras de Margaret:
El cajón azul.
En la parte inferior del escritorio había un compartimento pintado del mismo color que la madera. Dentro encontró una tarjeta con seis números.
La caja fuerte se abrió.
Había una libreta azul, varias memorias digitales y un sobre con su nombre.
Audrey abrió la carta.
Querida Audrey:
Si estás leyendo esto, significa que Cassandra ha avanzado más de lo que esperaba. No confíes en ningún documento que afirme que he perdido la capacidad mental. Mi confusión comenzó después de que el doctor Lionel Voss cambiara mis medicamentos.
Tu madre está desviando dinero de la empresa y necesita venderla antes de que la auditoría lo descubra.
No la enfrentes sola.
Audrey sintió un escalofrío.
La libreta contenía fechas, dosis y síntomas.
Margaret había registrado cada bebida, cada pastilla y cada periodo de pérdida de memoria.
También había escrito nombres.
Cassandra. Doctor Voss. Harrison Pike.
Harrison Pike era el director financiero de Halston Biomedical y amigo de Cassandra desde la universidad.
Una de las memorias contenía grabaciones de audio.
Audrey reprodujo la más reciente.
La voz de Cassandra apareció:
—La votación será el viernes. Necesito que parezca incapaz durante al menos cuarenta y ocho horas.
El doctor Voss respondió:
—La dosis actual puede causar daño permanente.
—Entonces utiliza algo más fuerte y asegúrate de que siga respirando.
Audrey detuvo el archivo.
Escuchó un ruido detrás de ella.
La puerta del despacho acababa de cerrarse.
Cassandra estaba apoyada contra ella.
—Siempre fuiste demasiado curiosa —dijo.
Audrey guardó la memoria en su bolsillo.
—¿Cuánto dinero robaste?
—Lo suficiente para saber que esta empresa no sobrevivirá bajo las ideas anticuadas de Margaret.
—La estás envenenando.
—La estoy ayudando a retirarse.
Cassandra extendió la mano.
—Dame lo que encontraste.
Audrey negó.
—Tendrás que quitármelo.
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Su madre giró la llave.
—Eso pensaba hacer.