capítulo 14 - El tercer traidor

Thomas tenía setenta años y había formado parte del consejo desde la fundación de la empresa.
Siempre se presentó como el tío amable que evitaba los conflictos.
Pero los registros mostraron que sus empresas habían recibido millones de dólares de contratos falsos.
Cuando Audrey pronunció su nombre, Thomas se levantó.
—No sabes lo que estás diciendo.
Margaret lo miró.
—Utilizaste el apellido de mi esposo para robar la empresa que construimos juntos.
—Tu esposo me prometió una participación mayor.
—Murió hace veinticinco años. Podías haber acudido a los tribunales.
—Sabía que ganarías.
Thomas sacó un pequeño dispositivo del bolsillo.
—La transferencia ya ha comenzado.
Audrey avanzó.
—Deténla.
—Entrégame las grabaciones y retiraré mi clave.
—No puedes borrar todas las copias.
—Pero puedo asegurar que la compañía pierda sus patentes.
Margaret se acercó.
—¿Cuánto quieres?
Audrey la miró sorprendida.
Thomas sonrió.
—El veinte por ciento de las acciones.
—Aceptado —dijo Margaret.
—Abuela…
Margaret levantó una mano.
Thomas conectó el dispositivo a la computadora central.
—Necesito que firme.
Audrey comprendió la trampa de su abuela.
—Utiliza tinta verde —dijo.
Margaret tomó una pluma.
Cuando Thomas se inclinó para señalar el espacio, ella presionó un botón oculto bajo la mesa.
El sistema de seguridad bloqueó todas las terminales.
Audrey arrebató el dispositivo.
Thomas intentó recuperarlo, pero dos guardias lo sujetaron.
—Nunca pensaste entregarle las acciones —dijo Audrey.
Margaret dejó la pluma.
—Negociar no siempre significa cumplir.
El equipo técnico utilizó la tercera clave para detener parte de la transferencia.
Pero todavía faltaban las claves de Cassandra y Harrison.
Harrison aceptó colaborar a cambio de protección.
Cassandra se negó.
—Sin mi código perderán las patentes —dijo.
Audrey se acercó.
—Entonces las perderemos.
Su madre mostró sorpresa.
—La empresa quedará destruida.
—La reconstruiremos.
—Miles de personas perderán sus trabajos.
—Será responsabilidad de quien inició la transferencia.
Cassandra observó a Margaret.
Esperaba que la anciana cediera.
Margaret negó.
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—No volverás a utilizar el miedo para gobernarnos.
Por primera vez, Cassandra comprendió que ya no controlaba la negociación.