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capítulo 3 - El imperio de Margaret Halston

Halston Biomedical había comenzado cuarenta años antes en un pequeño laboratorio de Cambridge.

Margaret, hija de inmigrantes irlandeses, desarrolló una tecnología para conservar órganos destinados a trasplantes durante más tiempo. El invento salvó miles de vidas y convirtió su empresa en una multinacional valorada en cuatro mil millones de dólares.

Después de la muerte de su esposo, Margaret conservó el control del cincuenta y uno por ciento de las acciones.

Cassandra, su única hija, ocupaba la vicepresidencia.

Audrey dirigía la fundación médica de la familia.

Durante años, las tres mujeres aparecieron juntas en revistas y galas benéficas. Desde fuera, parecían representar tres generaciones de inteligencia y éxito.

Pero la realidad era distinta.

Margaret nunca confió completamente en Cassandra.

Su hija era brillante, pero consideraba que cualquier norma podía romperse si el beneficio era suficientemente grande.

Audrey recordaba una discusión ocurrida seis meses antes.

—Cassandra quiere vender la compañía —le había dicho Margaret—. Hay un fondo de inversión dispuesto a pagar una fortuna.

—¿No sería bueno para los accionistas?

—Despedirían a miles de empleados y venderían las patentes médicas por separado.

—Mamá dice que la empresa necesita modernizarse.

Margaret la miró con tristeza.

—Tu madre llama modernización a todo aquello que aumenta su cuenta bancaria.

Poco después, la salud de Margaret comenzó a deteriorarse.

Olvidaba citas.

Se quedaba dormida durante reuniones.

En dos ocasiones firmó documentos que después no recordaba.

Cassandra explicó que eran síntomas de una enfermedad degenerativa.

Audrey le creyó.

Aceptó viajar a Ginebra para representar a la fundación en una conferencia y permaneció fuera durante casi dos meses.

Durante ese tiempo, Cassandra reemplazó al médico de Margaret, despidió a parte del personal y limitó las llamadas.

Cada vez que Audrey intentaba hablar con su abuela, Cassandra respondía:

—Hoy está demasiado confundida.

Pero tres días antes de regresar, Audrey recibió un mensaje desde un número desconocido.

No está enferma. La están enfermando. Vuelve antes de la votación.

Por eso cambió su vuelo sin avisar.

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Ahora Margaret estaba en el hospital.

Y Audrey necesitaba encontrar el cajón azul antes de que Cassandra lo hiciera.

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