capítulo 17 - Madre e hija ante el jurado

El juicio comenzó un año después.
Cassandra entró en la sala con un traje gris y el cabello perfectamente recogido.
No miró a Margaret.
Su defensa afirmó que había actuado para impedir el colapso de la empresa y que los medicamentos fueron administrados siguiendo indicaciones médicas.
El abogado intentó presentar a Margaret como una madre controladora que había provocado el comportamiento de su hija.
—¿Es cierto que expulsó a Cassandra de la compañía cuando tenía veintitrés años? —preguntó.
—Sí.
—¿Después de que ella perdiera un embarazo?
Margaret guardó silencio.
—Sí.
—¿Le exigió regresar al trabajo pocos días después?
—Sí.
—¿Nunca le ofreció apoyo emocional?
La anciana miró a Cassandra.
—No como debía.
El abogado sonrió.
—Entonces acepta que contribuyó a su resentimiento.
—Acepto que fui una mala madre en muchos momentos.
La sala quedó en silencio.
—Pero mis errores no pusieron el vaso en su mano —continuó Margaret—. No falsificaron firmas, no secuestraron testigos y no robaron millones.
Audrey también declaró.
La defensa mostró fotografías de la pelea en el despacho.
—¿Atacó usted a su madre?
—Me defendí cuando intentó quitarme las pruebas.
—¿No quería controlar la compañía?
—Quería evitar que la vendiera después de incapacitar ilegalmente a mi abuela.
Maya presentó las grabaciones.
George Harlan explicó el secuestro.
Harrison confesó los detalles financieros.
Finalmente, la fiscal reprodujo el audio de Cassandra:
—Necesito que parezca incapaz durante al menos cuarenta y ocho horas.
Cassandra cerró los ojos.
El jurado la declaró culpable de intento de homicidio, fraude, conspiración, falsificación, secuestro, administración ilegal de sustancias y obstrucción a la justicia.
Recibió cuarenta y dos años de prisión.
Harrison fue condenado a veintiséis.
Thomas recibió diecinueve.
El doctor Voss fue condenado a veintiún años y perdió su licencia.
Cuando los agentes se acercaron a Cassandra, Margaret se puso de pie.
Madre e hija se miraron por primera vez durante todo el juicio.
—Lo siento —dijo Margaret.
Cassandra rio amargamente.
—Demasiado tarde.
—Sí.
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Margaret no pidió perdón.
Solo reconoció una verdad que ambas tendrían que cargar.