Chapter 9 - La transmisión que nadie pudo apagar

La prensa informó que Victoria Vale había muerto en el incendio. Simon Mercer fue declarado fugitivo y principal sospechoso del secuestro. Durante treinta y seis horas, el país creyó que la mujer del vestido de novia se había sacrificado para permitir que sus víctimas escaparan.
Adrian no lo creyó.
—Victoria nunca suelta una palanca sin saber qué puerta abrirá después —dijo desde su habitación del hospital.
La bala había atravesado el muslo sin tocar la arteria. Evelyn estaba en recuperación y los médicos esperaban que volviera a caminar con terapia. Elena y los niños tenían quemaduras menores y una larga lista de pesadillas, pero estaban vivos.
Noah entregó el broche con la grabación del secuestro. El dispositivo había captado la voz de Simon activando el incendio y confesando su plan para matar a Adrian. También había grabado a Victoria admitiendo que las cuentas estaban a su nombre.
—Tenemos suficiente para condenarlos si aparecen —dijo Ruiz.
—Aparecerán —respondió Caroline—. Simon necesita el dinero y Victoria necesita ser quien lo controle.
Los libros originales contenían códigos de acceso a un fondo de reserva oculto. Gabriel había cambiado una parte de las claves antes de morir. Solo Elena podía completar el patrón porque él había utilizado fechas familiares.
A medianoche, recibió una llamada desde un número desconocido.
—Hola, Elena —dijo Victoria.
Elena activó el altavoz. Ruiz comenzó a rastrear la señal.
—Pensé que habías muerto.
—Muchas personas me han deseado lo mismo. Necesito las claves que dejó Gabriel.
—No las tendrás.
—Entonces Simon encontrará otra manera de convencerte.
Se escuchó un golpe y un gemido masculino.
—¿Lo tienes prisionero? —preguntó Elena.
Victoria rio.
—Digamos que nuestra sociedad atraviesa una negociación difícil. Ven mañana a las ocho al hotel Halstead Grand. La suite presidencial. Trae las claves y todas las copias de la grabación.
—¿Por qué iría?
—Porque tengo una lista de cuarenta y tres niños internados bajo identidades falsas en clínicas de Simon. Si la policía entra antes de que yo desbloquee el servidor, sus expedientes se borrarán. Algunos podrían desaparecer para siempre dentro del sistema.
Elena miró a Ruiz.
—Envíame una prueba.
Victoria transmitió tres archivos con fotografías, números de paciente y ubicaciones parciales.
Caroline reconoció uno de los nombres falsos utilizados en la red de su esposo.
—Puede ser real —dijo.
Ruiz quería intervenir con un equipo táctico, pero el hotel estaba lleno de huéspedes y Victoria podía activar el borrado desde cualquier lugar. Necesitaban que creyera que Elena iba sola.
Noah escuchó desde la puerta.
—Ella siempre mira las cámaras —dijo—. Si mamá lleva un transmisor, lo encontrará.
—No participarás —respondió Elena.
—No quiero ir. Solo digo que el broche no funcionará dos veces.
Maya levantó el collar de zafiros, guardado como evidencia en una bolsa.
—¿Y si usamos algo que ella quiera recuperar?
El laboratorio había limpiado la sustancia del collar. Grant instaló un transmisor dentro del broche, tan pequeño que no podía detectarse sin desmontar la joya.
A las ocho, Elena entró en la suite presidencial con el collar puesto y una memoria en la mano.
Victoria estaba junto a las ventanas. Llevaba un traje negro, el brazo vendado y parte del cabello quemado. Simon permanecía atado a una silla, con el hombro ensangrentado.
—Llegas puntual —dijo Victoria.
—Libera los expedientes.
—Primero las claves.
Simon se rio.
—No le creas. Los niños no están en peligro. Ella quiere el fondo.
Victoria lo golpeó con la culata de una pistola.
—Tú vendiste a esos niños a familias que pagaban por identidades limpias.
Elena sintió náuseas.
—¿De qué están hablando?
Simon sonrió con sangre en los dientes.
—Victoria encontró una forma de utilizar pacientes sin tutores. Cambiábamos sus nombres, transferíamos fondos de beneficencia y, algunas veces, entregábamos a los menores a clientes ricos que no querían procesos de adopción.
—Cállate —ordenó Victoria.
—Tú empezaste la red.
—Yo movía dinero. Tú movías niños.
—Y ambos cobramos.
La confesión viajaba en directo hasta la camioneta de Ruiz. Desde allí, Noah y Maya observaban junto a Adrian y Caroline.
—Ya tenemos suficiente —dijo Ruiz—. Entramos.
Adrian negó.
—Todavía no ha liberado las ubicaciones.
Elena entregó una hoja con una secuencia parcial.
—Esta es la primera mitad. Desbloquea el servidor.
Victoria escribió los números en una computadora. Apareció una lista de pacientes y direcciones.
Grant copió la información de forma remota.
—La tenemos —informó.
Ruiz dio la orden.
Antes de que los agentes llegaran, Simon rompió una de las ataduras. Había ocultado un fragmento de metal bajo la manga. Se lanzó sobre Victoria. La pistola cayó. Elena la recogió.
—¡Atrás!
Simon agarró a Victoria por el cuello.
—Dame la segunda mitad de las claves o la mato.
Elena mantuvo el arma firme.
—Suéltala.
Victoria rio pese a la presión.
—No disparará. Tiene demasiada moral.
—No confundas moral con debilidad —dijo Elena.
Las puertas explotaron. Agentes federales entraron. Simon empujó a Victoria contra ellos y corrió hacia el balcón. Saltó a una plataforma de mantenimiento y descendió por una escalera exterior.
Victoria aprovechó el caos para tomar la computadora. Adrian, que había entrado detrás del equipo pese a su herida, la bloqueó junto a la salida.
—Se acabó.
—Todavía puedo salvar a esos niños.
—La policía ya tiene la lista.
La seguridad desapareció de su rostro.
—Entonces no me necesitas.
—Nunca te necesité. Solo tardé demasiado en entenderlo.
Victoria sacó una segunda pistola del vendaje de su brazo. Apuntó a Adrian.
Elena apuntó a ella.
—Baja el arma.
—¿Vas a dispararme delante de tus hijos?
—Mis hijos no están aquí.
Una voz salió del televisor de la suite.
—Sí estamos mirando —dijo Maya.
Noah había conectado la transmisión del collar a todas las pantallas del hotel y a las cuentas de varios periodistas presentes en el vestíbulo. Millones de personas observaban la escena en directo.
Victoria miró las cámaras.
—Apágalo.
—No puedo —respondió Elena—. La verdad ya salió de esta habitación.
Simon apareció en el balcón inferior con un vehículo de mantenimiento. Victoria disparó hacia el techo, corrió y saltó a la plataforma. Ambos escaparon por lados opuestos del edificio.
La persecución terminó en el puente Roosevelt, cerrado por obras. Simon conducía un automóvil robado y Victoria iba en otro. Él embistió su vehículo, intentando empujarla contra la barrera.
Adrian y Ruiz llegaron detrás.
Simon salió con el arma. Victoria quedó atrapada dentro de su coche, inclinado sobre el borde del puente.
—¡Dame las claves! —gritó Simon.
—Nunca las tuve completas —respondió ella.
Simon disparó contra el parabrisas.
Ruiz le ordenó soltar el arma. Simon giró para disparar y un agente lo hirió en la pierna. Cayó al suelo y fue esposado.
El automóvil de Victoria comenzó a deslizarse.
Ella golpeó la ventana.
—¡Adrian!
Él corrió y agarró su mano justo cuando el coche cayó al río.
Durante un segundo, Victoria quedó suspendida sobre el vacío.
—Déjame caer —susurró—. Así siempre recordarás que pudiste salvarme.
Adrian apretó su muñeca.
—No voy a convertirme en ti.
Ruiz y Grant ayudaron a subirla.
Victoria quedó tendida sobre el asfalto, esposada, mirando las luces de las cámaras que llegaban desde ambos extremos del puente.
—Te quité todo —le dijo a Adrian.
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Él miró hacia Elena, Noah, Maya, Caroline y Evelyn, que seguían la transmisión desde el hospital.
—No —respondió—. Me mostraste quiénes eran todo para mí.