Chapter 5 - La mujer enterrada sin un cuerpo

Caroline Halstead murió oficialmente en un accidente aéreo sobre el Atlántico. El avión privado desapareció durante una tormenta y nunca se recuperaron los cuerpos. Adrian tenía dieciséis años. Evelyn le había dicho que su madre viajaba a Europa para cerrar una adquisición.
Ahora, desde la habitación del hospital, Evelyn confesó que aquel viaje nunca existió.
—Caroline descubrió que tu padre desviaba dinero de la empresa —dijo con voz débil—. Quería denunciarlo. Él amenazó con quitarle tu custodia y declararla inestable. Entonces ella desapareció.
Adrian no podía apartar la mirada de su abuela.
—¿Me estás diciendo que fingió su muerte?
—Sí.
—¿Y tú lo sabías?
Evelyn comenzó a llorar.
—La ayudé.
Adrian se levantó de la silla.
—Me dejaste crecer creyendo que estaba muerta.
—Tu padre tenía contactos en la policía, en los tribunales y en el gobierno. Si sabía que Caroline vivía, la habría encontrado. Ella pensó que solo estaría lejos unos meses, hasta reunir pruebas. Pero alguien descubrió el plan. La avioneta que debía llevarla a Canadá fue atacada en una pista privada. Caroline sobrevivió, aunque quedó gravemente herida.
—¿Dónde está?
—No lo sé. Durante años recibí cartas sin remitente. Después dejaron de llegar.
Elena mostró la grabación de Gabriel.
—Él dijo que había una copia de los libros “donde enterramos a la mujer que nunca murió”.
Evelyn miró hacia la ventana.
—Hay una tumba con el nombre de Caroline en el cementerio familiar. El ataúd está vacío.
Adrian comprendió.
—Gabriel escondió los libros en la tumba.
Aquella misma noche, acompañados por detectives y una orden judicial, fueron al mausoleo Halstead. La lluvia golpeaba los vitrales cuando retiraron la placa de mármol. Dentro del nicho no había ataúd. Había una caja de acero.
La llave 314 abrió también aquella cerradura.
—Papá pensó en todo —murmuró Noah.
Dentro encontraron libros contables originales, fotografías y una carpeta con el nombre de Caroline. La última página contenía una dirección en Vermont y una frase escrita por Gabriel: “Ella sigue esperando que Adrian haga la pregunta correcta”.
Adrian quería viajar de inmediato, pero el detective le pidió cautela. Victoria y Simon seguían libres. Podían estar vigilando cualquier movimiento.
Al día siguiente, una noticia explotó en todos los canales: Victoria había aparecido en una entrevista exclusiva desde un lugar desconocido.
Vestía de negro y tenía una venda en la muñeca.
—Fui atacada por Adrian Halstead y una empleada obsesionada con su fortuna —dijo ante la cámara—. Me mantuvieron cautiva y manipularon a dos niños para fabricar pruebas. Temo por mi vida.
Mostró fotografías de su rostro con un moretón que no tenía la noche anterior.
—Adrian sufre episodios violentos desde hace años. Yo traté de protegerlo. Ahora su abuela, una mujer vulnerable, está siendo utilizada para destruirme.
Las redes sociales se dividieron. Algunos creían a Victoria. Otros exigían su arresto. Las acciones de Halstead Global cayeron veinte por ciento en una mañana.
El consejo convocó una reunión de emergencia y suspendió temporalmente a Adrian como director ejecutivo hasta que se aclararan las acusaciones.
—Eso era parte de su plan —dijo Elena—. Aunque no pueda casarse contigo, puede hacerte parecer inestable.
—Y mientras la empresa entra en pánico, alguien comprará acciones baratas —añadió Adrian.
Revisaron los movimientos del mercado. Una firma llamada North Crown Capital estaba adquiriendo grandes paquetes de acciones.
El propietario legal era Simon Mercer.
Victoria había preparado una segunda forma de tomar la empresa.
Adrian decidió viajar a Vermont en secreto. Elena insistió en acompañarlo porque Gabriel había dejado la pista. Noah y Maya quedaron bajo protección policial con Evelyn en el hospital.
La dirección correspondía a una vieja casa junto a un lago. Una mujer de cabello blanco abrió la puerta.
—¿Adrian? —preguntó.
Él sintió que el mundo se inclinaba.
La mujer tenía una cicatriz en la mejilla, pero sus ojos eran los mismos que aparecían en las fotografías de su infancia.
—Mamá.
Caroline Halstead lo abrazó sin decir una palabra. Adrian permaneció rígido durante un segundo, luego se derrumbó contra ella como el adolescente que había dejado de ser.
—Pensé que estabas muerta —dijo entre lágrimas—. Pensé que me habías abandonado.
—Nunca quise dejarte.
Dentro de la casa, Caroline explicó que había vivido bajo identidades falsas. Gabriel la encontró años después y la ayudó a reunir documentos contra la red financiera creada por el padre de Adrian. Cuando él murió, Caroline creyó que la habían descubierto y volvió a esconderse.
—Victoria formaba parte de la red desde muy joven —dijo—. Tu padre la contrató para limpiar escándalos. Ella aprendió dónde estaban todas las cuentas y luego comenzó a controlarlas.
—¿Conoces a Simon?
—Él falsificó mi certificado de defunción.
Elena apretó las manos.
—¿Sabes quién manipuló los frenos de Gabriel?
Caroline bajó la mirada.
—Tengo una grabación. Gabriel instaló una cámara en su garaje después de recibir amenazas. Se ve a Simon cortando la línea. Victoria estaba en el vehículo, observando.
—¿Por qué no la entregaste?
—La persona que debía llevarla al fiscal desapareció. Después recibí una fotografía de Adrian dormido en su apartamento. Entendí el mensaje.
Adrian cerró los ojos.
—Me protegiste abandonándome.
—Me equivoqué —admitió Caroline—. Creí que mantenerme lejos te salvaría. Solo dejé que ellos escribieran nuestra historia.
El teléfono de Elena sonó. Era Maya, llorando.
—Mamá, la señora Evelyn desapareció.
—¿Qué?
—Un doctor vino a buscarla. Dijo que usted había autorizado el traslado. Los policías revisaron sus papeles y la dejaron salir.
Adrian tomó el teléfono.
—Maya, ¿viste al doctor?
—Sí. Era el hombre de la foto. Simon Mercer.
Caroline se puso de pie.
—No quiere matar a Evelyn todavía.
—¿Cómo puedes saberlo?
—Porque necesita que firme la venta final de sus acciones.
En la televisión, Victoria reapareció frente a una multitud de periodistas. Esta vez estaba en las escaleras de una iglesia de Manhattan.
—A pesar de los intentos por destruirnos —anunció—, Adrian y yo celebraremos nuestra boda dentro de cuarenta y ocho horas. Él vendrá porque sabe lo que perderá si no lo hace.
La pantalla mostró una imagen borrosa de Evelyn sentada en una silla de ruedas, custodiada por dos hombres.
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Victoria miró directamente a la cámara.
—Te espero en el altar, querido.