Chapter 6 - La boda convertida en una trampa

Adrian llamó a Victoria desde la casa de Caroline.
Ella respondió al primer tono.
—Sabía que terminarías llamando.
—Quiero hablar con mi abuela.
—Primero dime que vendrás.
—Estaré en la iglesia.
Victoria guardó silencio, disfrutando la victoria.
—Y llevarás los libros contables originales.
—Los tendrás cuando Evelyn esté a salvo.
—No estás en posición de negociar.
—Si le haces daño, los documentos llegarán a veinte fiscales, diez periódicos y cada miembro del consejo.
—Entonces no le haré daño antes de que firmemos.
La palabra “antes” no fue accidental.
Adrian apretó el teléfono.
—Quiero una prueba de vida cada seis horas.
—Qué exigente te has vuelto. Tal vez el matrimonio saque lo mejor de ti.
—No habrá matrimonio real.
Victoria rio.
—Habrá cámaras, un sacerdote y una licencia. Para el mundo será real. Y cuando pronuncies “acepto”, el mercado creerá que retiraste todas las acusaciones. Después tu abuela firmará la transferencia de sus acciones y tú anunciarás que te apartas por motivos de salud.
—¿Y si me niego?
—Simon ajustará su medicación. Tu abuela tiene un corazón muy cansado.
Adrian cerró los ojos.
—Déjame escucharla.
Hubo un ruido y luego la voz débil de Evelyn.
—Adrian, no hagas lo que pide.
—Abuela, voy a encontrarte.
—No cambies tu vida por la mía.
Victoria recuperó el teléfono.
—Qué escena tan conmovedora. Nos vemos el sábado a las cinco. Ven solo, o la próxima voz que escuches será la de un médico anunciando una tragedia.
La llamada terminó.
Caroline permanecía frente a la ventana.
—Victoria no puede permitir que Evelyn llegue viva a un tribunal —dijo—. Aunque firmes, intentará matarla.
—Lo sé.
Elena extendió sobre la mesa el plano de las propiedades Halstead. Había revisado todos los edificios cercanos a la iglesia donde Victoria anunció la boda.
—La imagen de Evelyn tenía azulejos verdes detrás y una ventana alta con barrotes. Maya dijo que escuchó una campana metálica en el video.
—Podría ser cualquier lugar —respondió Adrian.
—No —dijo Caroline—. Hay una clínica cerrada a seis calles de la iglesia. Pertenecía a Halstead Medical. Tenía azulejos verdes en el ala de rehabilitación y una campana de ascensor antigua.
Adrian la miró.
—La clínica Saint Agnes.
—Tu padre la usaba para tratamientos privados que no quería registrar.
Contactaron al detective Ruiz, quien dirigía la investigación federal. No podían registrar el edificio sin evidencia reciente, pero podían vigilarlo. Las cámaras de tránsito mostraron una ambulancia sin identificación entrando en el estacionamiento subterráneo la noche anterior.
—Evelyn está allí —dijo Elena.
Ruiz organizó dos equipos. Uno entraría en la clínica durante la ceremonia. El otro estaría dentro de la iglesia, disfrazado entre los invitados y el personal.
—Victoria revisará a todos —advirtió Adrian.
—Por eso necesita creer que controla la seguridad —respondió Ruiz.
Grant Cole apareció en la puerta de la casa.
Elena se puso delante de sus hijos, que acababan de llegar bajo escolta.
—¿Cómo nos encontraste?
Grant levantó las manos.
—El señor Halstead me envió la ubicación.
Adrian asintió.
—Necesitamos que Victoria te vea a su lado. Tú diseñaste el sistema de seguridad de la iglesia para eventos de la familia.
Grant dejó una carpeta sobre la mesa.
—Victoria me llamó hace una hora. Cree que estoy dispuesto a ayudarla.
—¿Por qué lo cree? —preguntó Caroline.
Grant tardó en responder.
—Porque durante seis meses le entregué información.
Elena lo miró con incredulidad.
—¿Trabajabas para ella?
—Mi hermana, Lila, estaba internada en una clínica de Simon. Victoria amenazó con retirarle el tratamiento si no le informaba sobre los viajes de Adrian y los movimientos de Evelyn. Pensé que solo quería controlar la empresa. Cuando descubrí lo de los medicamentos, contacté al FBI.
Ruiz confirmó que Grant colaboraba como informante desde hacía tres semanas.
—¿Por qué no lo dijiste antes? —preguntó Adrian.
—Porque cualquier reacción tuya habría alertado a Victoria. Ella lee a las personas mejor de lo que imaginas.
Noah lo observó con desconfianza.
—¿Entonces eres bueno o malo?
Grant se agachó.
—He sido cobarde. Ahora intento hacer algo bueno antes de que sea demasiado tarde.
El plan requería que Adrian llevara una caja idéntica a la encontrada en el mausoleo. En su interior habría documentos falsos y un transmisor. Caroline permanecería oculta hasta que Evelyn estuviera liberada.
Pero Victoria cambió las reglas seis horas antes de la boda.
Envió un video de Evelyn sosteniendo el periódico del día. Detrás de ella, Simon colocó una jeringa sobre una bandeja.
—Nueva condición —dijo Victoria en el mensaje—. Caroline Halstead debe caminar contigo hacia el altar. Si no aparece, Evelyn no saldrá de esa habitación.
Adrian golpeó la mesa.
—¿Cómo sabe que la encontramos?
Todos miraron a Grant.
—No fui yo —dijo.
Ruiz revisó teléfonos y vehículos. Encontraron un rastreador dentro de la suela del zapato de Elena. Se lo habían colocado en el hospital mientras ella estaba inconsciente.
—Nos siguieron hasta Vermont —murmuró Elena.
Caroline se quitó el abrigo.
—Entonces iré.
—No —respondió Adrian—. Te perdí durante dieciocho años. No voy a entregarte ahora.
—No me entregas. Yo elijo ir.
—Victoria te quiere muerta.
—Me ha querido muerta desde antes de conocerte. Estoy cansada de vivir como un fantasma.
Noah abrió su mochila y sacó un pequeño broche negro.
—Maya y yo usamos esto para grabar videos en la escuela. Transmite al teléfono aunque lo escondas.
Maya asintió.
—Podemos ponerlo en el collar de la señora Caroline.
Ruiz examinó el dispositivo.
—La señal sería débil dentro de la iglesia, pero Grant puede conectarla al sistema de cámaras.
—¿Y si Victoria corta la red? —preguntó Elena.
Noah sonrió por primera vez.
—Entonces usaremos la red de los periodistas. Habrá cientos de teléfonos transmitiendo.
Adrian miró a los niños. Dos días antes habían sido tratados como intrusos. Ahora estaban ayudando a salvar a la mujer más poderosa de la familia.
—Ustedes no irán a la iglesia —dijo.
—Pero podemos ayudar desde la camioneta —protestó Maya.
—No. Se quedarán con protección federal.
Elena apoyó la decisión. Los niños aceptaron a regañadientes.
El sábado, la iglesia de Saint Aster estaba rodeada de cámaras. Victoria había convertido la extorsión en un espectáculo. Flores blancas cubrían las escaleras y una alfombra de seda llegaba hasta el altar.
Adrian apareció en un automóvil negro, vestido con esmoquin. Llevaba la caja de acero en una mano.
Caroline descendió detrás de él.
Los periodistas gritaron su nombre cuando reconocieron a la mujer oficialmente muerta desde hacía dieciocho años.
Victoria esperaba en la entrada con un vestido de novia de mangas largas. No pareció sorprendida.
—Bienvenida de regreso, Caroline —dijo—. Debe ser extraño asistir a la boda del hijo que abandonaste.
Caroline sostuvo su mirada.
—Más extraño será verte esposada antes de cortar el pastel.
Victoria sonrió.
—Todavía tienes sentido del humor. Veamos cuánto dura.
Dentro de la iglesia, Grant se acercó a Adrian como si fuera a revisar la caja. En realidad, activó el transmisor.
—El equipo está entrando en Saint Agnes —susurró—. Evelyn debería estar libre en diez minutos.
Victoria tomó el brazo de Adrian.
—No pareces feliz, querido.
—Estoy pensando en nuestros votos.
—No te preocupes. Yo escribí los tuyos.
Las puertas se cerraron detrás de ellos.
En una casa segura a cinco kilómetros, Noah miraba la transmisión en una computadora. Maya estaba a su lado.
De pronto, la pantalla de la cámara oculta mostró un reflejo en el broche de Victoria: un monitor pequeño con la imagen de la habitación de Evelyn.
Maya se inclinó hacia delante.
—No está en la clínica.
—¿Qué?
—Mira la ventana. No tiene barrotes. Es una imagen grabada.
Noah amplió el reflejo. En una esquina había un reloj que marcaba una hora distinta a la actual.
La policía estaba entrando en un edificio vacío.
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Victoria había trasladado a Evelyn.
Y nadie sabía dónde.