Chapter 8 - El incendio que debía borrar a tres testigos

Simon obligó a Victoria, Caroline y Adrian a avanzar por el túnel. Grant y los agentes los seguían a distancia, pero varias puertas blindadas descendieron entre las secciones, separándolos.
—Tú diseñaste esto —dijo Adrian.
Simon sonrió.
—Tu padre diseñó los túneles. Yo solo aprendí a utilizarlos.
—¿Dónde está Evelyn?
—En un lugar seguro, por ahora.
Victoria sostenía el cuchillo, pero ya no controlaba nada.
—No puedes hacer esto sin mí —dijo—. Las cuentas están a mi nombre.
—A nombres que yo creé. Cuando desaparezcas, parecerá que huiste con el dinero después de secuestrar a la familia Halstead.
—¿Y tú qué serás? ¿El médico inocente que intentó salvarnos?
—Exactamente.
Caroline rio con amargura.
—Siempre fuiste un hombre pequeño escondido detrás de gente más cruel.
Simon la golpeó con la culata del arma.
Adrian se lanzó hacia él, pero Victoria colocó el cuchillo contra su costado.
—No seas estúpido —susurró—. Si Simon dispara, ninguno saldrá.
—Hace una hora estabas amenazando a mi abuela.
—Y ahora intento mantenerte vivo. Las alianzas cambian.
—Eso no es una alianza. Es pánico.
En la habitación de azulejos verdes, Elena recuperó la conciencia. Tenía las manos atadas detrás de la silla. Noah y Maya estaban a pocos metros. Una línea de combustible recorría el suelo hasta una llama colocada dentro de una caja metálica con temporizador.
Quedaban doce minutos.
—Mamá —susurró Maya—. Tengo miedo.
—Mírame. Vamos a salir.
—¿Cómo?
Elena movió las muñecas. La cuerda estaba demasiado apretada.
Noah respiraba con rapidez.
—Mi zapato.
—¿Qué pasa con tu zapato?
—Guardé la llave pequeña otra vez.
Maya estiró una pierna y consiguió rozar el talón de su hermano. Después de varios intentos, el zapato cayó. La llave 314 estaba escondida bajo la plantilla.
—No abre las cuerdas —dijo Maya.
—Pero puede cortar la cinta si usamos el borde —respondió Noah.
Maya atrapó la llave con los dedos de los pies, la elevó hasta sus manos atadas y comenzó a frotarla contra la cinta plástica. El temporizador marcó diez minutos.
El humo empezó a entrar por una rejilla.
Elena habló para mantenerlos concentrados.
—Noah, cuéntame qué haremos cuando salgamos.
—Comer panqueques.
—¿Con qué?
—Chocolate.
—¿Y tú, Maya?
—Voy a dormir tres días.
—Perfecto. Entonces sigan trabajando porque pienso preparar demasiados panqueques.
La cinta de Maya se rompió cuando quedaban ocho minutos. Liberó a Noah y luego a Elena.
La puerta estaba cerrada con un teclado. En la pared había una cámara.
Noah arrancó el cable del monitor y lo conectó al pequeño broche transmisor que aún llevaba en el bolsillo. El dispositivo había dejado de emitir por la interferencia, pero podía guardar video en memoria.
—¿Qué haces? —preguntó Elena.
—Si no salimos, alguien verá quién hizo esto.
—Vamos a salir.
Maya examinó la cerradura. Sobre el teclado había huellas en cuatro números: 0, 3, 1 y 4.
—Siempre usan la misma hora.
Introdujo 0314.
La puerta se abrió.
Corrieron por un corredor lleno de humo. Detrás de ellos, la llama alcanzó el combustible antes de que el temporizador llegara a cero. Simon había programado una segunda activación remota.
La explosión lanzó a Elena contra la pared.
—¡Mamá! —gritaron los niños.
—Estoy bien. Corran.
El edificio era la antigua clínica Saint Agnes, pero no el ala que la policía había registrado. Los secuestradores utilizaban una sección subterránea conectada con la iglesia. El equipo federal estaba varios pisos arriba sin saber que las víctimas seguían allí.
Encontraron una habitación con archivadores y tanques de oxígeno. Dentro, Evelyn estaba atada a una cama.
—Elena —susurró al verla.
—Vamos a sacarla.
Noah desató las correas. Evelyn no podía caminar. Entre los tres empujaron la cama hacia el pasillo.
El fuego avanzaba con rapidez.
En el túnel, Simon recibió una alerta en su teléfono.
—Han escapado de la habitación.
Adrian sonrió pese al miedo.
—Subestimaste a los niños.
Simon le disparó en la pierna.
El sonido retumbó entre las paredes. Adrian cayó.
Caroline gritó y corrió hacia él. Victoria observó la sangre extendiéndose sobre el pantalón de su prometido.
—¿Estás loco? —le dijo a Simon—. Lo necesitamos vivo para firmar.
—Ya no. Sus acciones caerán cuando aparezca muerto junto a su familia.
Simon levantó el arma para disparar de nuevo.
Victoria clavó el cuchillo en su hombro.
Él rugió y la golpeó. La pistola cayó al suelo. Caroline la recogió y apuntó.
—Aléjate de mi hijo.
Simon arrancó el cuchillo de su hombro y corrió hacia una puerta lateral. Victoria intentó seguirlo.
—¿Adónde vas? —preguntó Adrian.
—A detenerlo.
—Vas a escapar.
Ella lo miró.
—Puedo hacer ambas cosas.
Caroline mantuvo el arma sobre Victoria.
—Ayúdame a levantar a Adrian.
Entre las dos lo sostuvieron. Caminaron hacia el ala subterránea mientras el humo llenaba los túneles.
Elena y los niños empujaban la cama de Evelyn por una rampa cuando una viga cayó frente a ellos. El paso quedó bloqueado.
—Hay otra salida por la lavandería —dijo Evelyn—. Caroline me la mostró hace muchos años.
Maya encontró una puerta baja detrás de los tanques de oxígeno. El corredor terminaba en una escalera estrecha. No podían subir la cama.
—Tendremos que cargarla —dijo Elena.
Noah se colocó bajo un brazo de Evelyn y Maya bajo el otro. Apenas avanzaron tres escalones.
Entonces escucharon a Adrian.
—¡Elena!
Apareció entre el humo, apoyado en Caroline. Victoria venía detrás.
Noah retrocedió al verla.
—¡Ella nos encerró!
Victoria levantó las manos.
—Ahora no es el momento.
Elena se acercó y la golpeó con toda su fuerza.
Victoria cayó contra la pared.
—Eso fue por mis hijos —dijo Elena.
Luego volvió a ayudar a Evelyn.
Simon apareció al final del corredor con otra pistola.
—Nadie sale —gritó.
Disparó. La bala golpeó un tanque de oxígeno.
Caroline empujó a los niños hacia la escalera.
—¡Arriba!
El tanque comenzó a silbar.
Victoria vio una compuerta de emergencia y comprendió que alguien debía mantenerla abierta manualmente para que los demás cruzaran. Sin pensarlo, tiró de la palanca.
—¡Muévanse! —gritó.
Adrian la miró sorprendido.
—Victoria, ven.
—No puedo soltarla.
—Encontraremos otra forma.
—Siempre dices eso como si el mundo te debiera una salida.
Simon avanzó entre las llamas.
Victoria sostuvo la compuerta con ambas manos.
—Llévate a los niños, Adrian.
Todos cruzaron. Caroline regresó para ayudarla, pero el tanque explotó. La compuerta cayó entre ellos.
Del otro lado solo quedó fuego.
—¡Victoria! —gritó Adrian.
No hubo respuesta.
El grupo alcanzó la superficie segundos antes de que una parte de la clínica colapsara. Agentes y bomberos corrieron hacia ellos. Evelyn fue trasladada a una ambulancia. Adrian cayó de rodillas por la herida.
Elena abrazó a Noah y Maya.
Ruiz se acercó.
—¿Dónde están Simon y Victoria?
Caroline miró el edificio en llamas.
—Adentro.
Pero, en un túnel de drenaje bajo la calle, dos figuras salieron de una alcantarilla.
Simon, herido en el hombro, apuntaba su arma contra Victoria.
Ella tenía quemaduras en un brazo, pero estaba viva.
—Ahora vas a llevarme hasta las cuentas —dijo él.
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Victoria sonrió entre lágrimas y hollín.
—Claro, Simon. Te llevaré exactamente donde mereces estar.