Chapter 9 - La última mentira de Adrian

Adrian no negó el acceso.
Tres años después de la muerte de Lucía, recibió un diagnóstico temprano de una enfermedad neurológica hereditaria. Los médicos le dijeron que, sin tratamiento, podía perder progresivamente el control de sus manos y su capacidad para hablar.
Utilizó una versión privada de Aurora.
—¿Por qué ocultarlo? —preguntó Isabella.
Estaban en una sala de entrevistas de la fiscalía. Nathan permanecía detenido y Keller se recuperaba de la descarga.
—Si el consejo conocía mi diagnóstico, podía destituirme. Hale Industries habría quedado en manos de Nathan y Marcus.
—Utilizaste una tecnología que sabías peligrosa.
—Creí que los errores habían sido corregidos.
—¿Funcionó?
Adrian extendió la mano derecha. Un temblor casi invisible recorría sus dedos.
—Durante un tiempo.
Los efectos secundarios comenzaron un año después. Pérdidas de memoria, episodios de ira y periodos durante los cuales realizaba acciones que después no recordaba.
Isabella pensó en la bofetada a Verónica.
Adrian había decidido golpearla, pero Aurora podía intensificar sus reacciones. Eso no eliminaba su responsabilidad.
—¿Nathan podía controlarte como a Verónica?
—No lo sabía hasta ahora.
Daniel revisó los registros. El implante de Adrian recibió señales externas en varias ocasiones: el día en que bloqueó los correos de Isabella, cuando firmó la tutela provisional y la noche anterior a su viaje a Londres.
—No recuerdo hacer ninguna de esas cosas —dijo Adrian.
Nathan no solo aprovechaba su ausencia.
Podía provocar confusión y guiar algunas de sus decisiones.
—Aun así elegiste ocultar el implante —respondió Isabella—. Si hubieras contado la verdad, quizá no habría podido utilizarte.
Adrian asintió.
La fiscalía le ofreció un acuerdo. Si entregaba todas las cuentas y testificaba contra Nathan, enfrentaría cargos menores por ocultar información médica y obstruir la investigación.
Adrian aceptó sin negociar.
El juicio comenzó seis meses después.
Nathan fue acusado del asesinato de Lucía, conspiración, fraude médico, secuestro, extorsión y manipulación ilegal de pacientes.
La fotografía del puente, el testimonio de Keller y los registros de Aurora demostraron que administró la sustancia que detuvo el corazón de Lucía.
Verónica declaró durante cuatro días.
Explicó cómo Nathan utilizaba el transmisor para castigarla, pero también reconoció cada decisión tomada sin influencia directa: esconder el collar, encerrar a Isabella, falsificar mensajes y solicitar la tutela.
—Ser víctima no me dio derecho a crear otra víctima —dijo.
Su testimonio redujo su condena, aunque no evitó la prisión.
Keller perdió su licencia médica y recibió una sentencia por administrar medicamentos, falsificar diagnósticos y colaborar con Nathan. Su acción para salvar a los pacientes fue considerada, pero no borró los años de abuso.
Marcus aceptó pagos de Meridian Crown y ayudó a manipular las votaciones. Fue condenado por fraude y conspiración.
Adrian subió al estrado.
Reconoció que continuó las pruebas después de conocer los primeros riesgos, ocultó su presencia en el puente y permitió que Nathan controlara la investigación.
—Durante años afirmé que protegía a la empresa —dijo—. En realidad, protegía la imagen que tenía de mí mismo.
El abogado de Nathan intentó presentar a Adrian como el verdadero responsable.
—Usted tenía motivos para silenciar a su esposa.
—Sí.
—La siguió hasta el puente.
—Sí.
—Su compañía proporcionó la sustancia utilizada para matarla.
—Sí.
—Entonces, ¿por qué debería creer el jurado que Nathan actuó sin sus órdenes?
Adrian miró a Isabella.
—No deberían creerme por mi apellido ni por mi cargo. Deben revisar las pruebas. Si demuestran que participé, aceptaré la condena.
La grabación de Lucía proporcionó la respuesta. Había captado una discusión donde Adrian ordenaba detener Aurora y Nathan amenazaba con destruirlo.
El jurado declaró culpable a Nathan.
Recibió cadena perpetua.
Cuando terminó el juicio, periodistas rodearon a Isabella.
—¿Asumirá ahora la dirección de Hale Industries?
—No inmediatamente.
—Posee el mayor bloque de acciones disponible.
—Poseer acciones no significa estar preparada para decidir sobre miles de vidas.
Isabella propuso una administración temporal formada por científicos independientes, pacientes y empleados. Todas las investigaciones de Aurora serían públicas.
Algunos accionistas se opusieron.
La empresa perdió contratos y tuvo que vender propiedades. Sin embargo, evitó la quiebra mediante un plan que redujo salarios ejecutivos antes que puestos de trabajadores.
Adrian fue condenado a dos años de arresto domiciliario y servicio comunitario corporativo. El tribunal consideró su cooperación y la manipulación sufrida mediante el implante.
La junta médica retiró Aurora de su cuerpo.
Por primera vez en años, Adrian sabía que cada decisión le pertenecía completamente.
Un día, durante su confinamiento, Isabella lo visitó.
El antiguo dormitorio de Lucía seguía destruido por el incendio. Adrian vivía en una parte pequeña de la mansión mientras el resto era restaurado.
—¿Has venido a perdonarme? —preguntó.
—No.
—Entiendo.
—He venido porque mañana derribarán la habitación donde Verónica me encerró.
Adrian bajó la mirada.
—Deberían hacerlo.
—No quiero destruirla.
—¿Por qué?
—Porque será convertida en una oficina donde los pacientes puedan denunciar abusos sin pedir permiso.
Adrian sintió lágrimas en los ojos.
—Tu madre habría estado orgullosa.
—Mamá habría preguntado por qué tardamos tanto.
Ambos sonrieron con tristeza.
Isabella se levantó para marcharse.
Adrian la llamó.
—Encontraron una última carta de Lucía entre los archivos del juicio. Está dirigida a los dos.
—¿La leíste?
—Esperé.
Por primera vez, había decidido no abrir una puerta que también pertenecía a su hija.
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Isabella regresó a la mesa.
Juntos rompieron el sello.