Chapter 5 - La mujer que cayó primero

A las ocho de la mañana, el video estaba en todos los canales.
“MULTIMILLONARIO GOLPEA A SU ESPOSA.”
La grabación mostraba a Adrian entrando en el dormitorio, discutiendo con Verónica y abofeteándola. No aparecían los minutos anteriores ni Isabella encerrada, ni las pastillas, ni la amenaza.
Verónica concedió una entrevista desde un lugar desconocido.
Llevaba maquillaje discreto y una marca visible en la mejilla.
—He intentado proteger a Isabella durante meses —dijo—. Sufre una enfermedad grave, pero Adrian se niega a aceptarlo. Cuando intenté impedir que lastimara a alguien, él me atacó.
La periodista le preguntó por el collar encontrado en el bolsillo de Isabella.
—Ella lo robó. Nathan y yo intentábamos manejar el asunto en privado para proteger a la familia.
—¿Por qué abandonó la mansión?
—Porque temo por mi vida.
La opinión pública se dividió.
Algunos defendían a Adrian. Otros exigían su arresto. El consejo de Hale Industries lo suspendió temporalmente como director ejecutivo.
Marcus Vale asumió el control.
Su primera decisión fue convocar una votación para aprobar la venta de Aurora a Meridian Crown.
—Todo estaba coordinado —dijo Isabella—. El video, tu suspensión y mi tutela.
Adrian permanecía en la biblioteca. No había intentado justificar la bofetada.
—No debí golpearla.
—No. Pero tampoco permitiré que utilice una parte de la verdad para ocultar todo lo demás.
Isabella entregó a Maya la grabación completa del dormitorio. Después pidió reproducir la cinta dejada por Lucía.
La voz de su madre apareció entre interferencias.
“Adrian conoció a Verónica porque yo se la presenté.”
Isabella y Adrian se miraron.
Lucía explicaba que Verónica trabajó inicialmente como informante. Afirmaba poseer pruebas contra Nathan y Meridian Crown. Durante meses entregó documentos auténticos sobre pagos ilegales.
Adrian se reunió con ella en secreto para proteger su identidad.
“Creo que Verónica juega para ambos lados”, continuó Lucía. “Adrian todavía confía en que pueda ayudarnos. Yo no.”
La cinta incluía una conversación entre Adrian y Verónica.
—Quiero detener Aurora —decía Adrian.
—Entonces entregue los archivos a Nathan —respondía ella—. Él negociará una salida.
—Nathan está implicado.
—Si lo acusa sin pruebas, destruirá la compañía.
La grabación demostraba que Adrian no ordenó alterar los frenos. Pero también confirmaba que conocía a Verónica y volvió a contactar con ella después del accidente.
—¿Por qué te casaste con una mujer de quien mamá desconfiaba? —preguntó Isabella.
Adrian no buscó una excusa.
—Porque me dijo que Lucía había retirado sus sospechas antes de morir. Me mostró una carta.
—¿Dónde está?
—Nathan la guardó.
Isabella cerró los ojos.
Todos los caminos volvían al mismo hombre.
Maya recibió una llamada. Habían detenido a Keller cuando intentaba cruzar la frontera. Aceptó cooperar.
El médico confesó que Nathan le pagó para mantener a Isabella sedada, pero afirmó que Verónica tenía otro objetivo. Buscaba una clave genética incluida en los registros de Lucía.
Aurora no era únicamente un implante.
La fase secreta utilizaba perfiles genéticos para seleccionar pacientes. Meridian Crown quería vender aquella base de datos a aseguradoras y gobiernos.
Isabella tenía acceso porque Lucía registró la clave bajo el ADN de su hija.
—Por eso no podían simplemente matarme —comprendió—. Necesitaban que pareciera incapaz hasta obtener mi autorización biométrica.
Aquella tarde, el consejo se reunió para aprobar la venta. Adrian no podía votar. La orden de tutela bloqueaba las acciones de Isabella.
Sin embargo, ella entró acompañada por Maya, pacientes afectados y empleados de Hale Industries.
Marcus intentó expulsarlos.
—Esta es una reunión privada.
—Entonces explíqueles en privado por qué desea vender información genética robada —respondió Isabella.
Las pantallas mostraron los archivos recuperados de la clínica. Cada paciente aparecía con su diagnóstico, efectos secundarios y pagos realizados para comprar su silencio.
Varios consejeros retiraron su apoyo.
Marcus golpeó la mesa.
—Estos archivos fueron obtenidos ilegalmente.
—El contenido sigue siendo real.
—La señorita Hale no tiene capacidad legal para presentarlo.
Una mujer se levantó entre los pacientes. Era la jueza Elena Warren, quien había firmado la tutela provisional basándose en los informes de Keller.
—La orden queda suspendida —anunció—. El médico que proporcionó la evaluación ha confesado haber falsificado datos.
Isabella ocupó su asiento.
Con su treinta y cinco por ciento, bloqueó la venta.
La policía entró para arrestar a Marcus por conspiración y fraude. Él no se resistió.
—Nathan ya tiene lo que necesita —le dijo a Isabella—. Esta votación nunca fue el verdadero objetivo.
El teléfono de Adrian sonó.
La llamada procedía de Verónica.
—Mira las noticias —dijo.
Una transmisión mostraba humo saliendo de la mansión Hale.
Verónica estaba incendiando el antiguo dormitorio de Lucía para destruir cualquier prueba restante.
Adrian e Isabella corrieron hacia la salida.
Marta llamó desde la propiedad.
—No vengáis por la entrada principal. Hay hombres armados dentro.
—¿Dónde estás? —preguntó Isabella.
—En la habitación de tu madre.
—¡Sal de allí!
—Encontré el archivo que Verónica buscaba.
Se oyó un golpe.
La llamada terminó.
Isabella miró a su padre.
Nathan había perdido el consejo, al médico y el control legal de sus acciones.
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Ahora estaba dispuesto a destruir la mansión con todas las personas que permanecían dentro.
Y Marta acababa de encontrar la única prueba que podía revelar quién ordenó realmente la muerte de Lucía.