Chapter 7 - Los cuarenta minutos perdidos

El informe forense original decía que Lucía murió por ahogamiento.
La fotografía demostraba que estaba fuera del agua y respiraba después del accidente. Un nuevo equipo médico revisó las imágenes de la autopsia y encontró una marca de inyección en su brazo izquierdo que nadie había explicado.
La sustancia administrada no aparecía en los análisis.
Keller aceptó hablar a cambio de protección.
—Nathan me llamó desde el puente —declaró—. Dijo que Lucía seguía viva y necesitaba algo que provocara una parada cardíaca sin dejar rastros evidentes.
—¿Le entregó la sustancia? —preguntó Maya.
—No fui al puente. Le indiqué dónde encontrarla dentro del vehículo de emergencia de Hale Industries.
La compañía mantenía equipos médicos privados para sus laboratorios. Nathan conocía los códigos de acceso.
—¿Entonces la mató? —preguntó Isabella.
Keller bajó la mirada.
—Cuando hablé con él después, dijo que Lucía ya no podía entregar los archivos.
Adrian abandonó la sala de interrogatorios y vomitó en un baño.
Isabella lo encontró apoyado sobre el lavabo.
—Yo estaba allí —dijo él—. Permanecí en la otra orilla esperando a los bomberos mientras Nathan estaba con ella.
—No sabías que había sobrevivido.
—Confié en él incluso después de que murió.
Adrian se miró en el espejo.
—No puedo continuar dirigiendo la compañía.
—Renunciar no será suficiente si lo haces solo para escapar.
—¿Qué quieres que haga?
—Decir la verdad completa. Incluso la parte que puede enviarte a prisión.
Adrian había ocultado pruebas, permitido que Nathan manipulara la investigación y continuado Aurora después de conocer los primeros daños. Aunque no participó en el asesinato, sus decisiones facilitaron el encubrimiento.
Aquella tarde convocó una conferencia de prensa.
Reconoció públicamente cada acción.
—No ordené la muerte de Lucía —declaró—, pero protegí una empresa cuando debía proteger a las personas. Mi silencio permitió que quienes la mataron permanecieran libres y que mi propia hija fuera atacada dentro de nuestra casa.
Anunció su renuncia inmediata y entregó sus comunicaciones a la fiscalía.
La policía no lo arrestó, pero abrió una investigación por obstrucción y fraude corporativo.
El valor de Hale Industries cayó.
Miles de empleados temieron perder sus puestos. Algunos acusaron a Isabella de destruir la compañía por una venganza familiar.
Ella decidió hablar directamente con ellos.
—Ocultar el daño no salvará nuestros trabajos —dijo durante una transmisión interna—. Solo garantizará que la empresa vuelva a utilizarnos como escudo. No prometo que la reparación será fácil. Prometo que nadie volverá a ser tratado como una cifra que puede sacrificarse.
La caja de Lucía contenía una lista de pacientes afectados por Aurora. Varios habían muerto; otros vivían con daños permanentes.
Isabella creó un fondo provisional con sus dividendos personales y bloqueó cualquier bono de los directivos hasta completar las indemnizaciones.
Marcus Vale, Nathan y Verónica habían vendido parte de la información genética a una empresa llamada Eidon Analytics. Los registros indicaban que la base de datos completa sería transferida dentro de cinco días.
La autorización final necesitaba la huella y la voz de Isabella.
—Por eso Nathan todavía no ha huido del país —dijo Maya—. Necesita capturarte.
La policía ofreció trasladarla a una ubicación protegida.
Isabella aceptó, pero pidió visitar antes a Marta.
La antigua ama de llaves se recuperaba en otra habitación del hospital. Cuando Isabella llegó, Marta le entregó un objeto encontrado dentro de la caja: un pequeño reproductor de audio.
—La grabadora grande estaba dañada —explicó—. Pero esto estaba oculto bajo el forro.
La voz de Lucía sonó débil.
“Nathan cree que ha encontrado todos los archivos. No sabe que Aurora contiene un registro automático de cada persona que accede. Si alguien intenta utilizar el perfil genético de Isabella, el sistema enviará una copia completa a tres autoridades.”
Isabella sonrió por primera vez en días.
Nathan creía que necesitaba su biometría para robar la base de datos.
En realidad, cualquier intento de acceso podía revelar toda la red.
Lucía había construido una trampa.
El problema era convencer a Nathan de que todavía tenía el control.
Maya rechazó inicialmente la propuesta de Isabella.
—No podemos utilizarte como cebo.
—Él ya me está cazando. La diferencia es si decidimos dónde ocurrirá.
Prepararon una ubicación falsa dentro del antiguo laboratorio central de Hale Industries. Isabella anunciaría que los archivos originales de Aurora serían destruidos allí. Nathan tendría que entrar antes.
Adrian pidió participar.
—No —dijo Isabella—. Esta vez no decidirás por mí.
—Quiero protegerte.
—Entonces respeta el plan.
Él aceptó a pesar del miedo.
La noche anterior a la operación, Isabella recibió una llamada desde un número desconocido.
Era Verónica, desde el centro de detención.
—Nathan sabe que preparáis una trampa.
—¿Cómo?
—Tiene a alguien dentro de la policía.
—¿Quién?
—No lo sé. Pero escuché que mencionaba a una paciente llamada número diecisiete.
Isabella revisó la lista de Aurora.
La paciente diecisiete era una niña de doce años durante los primeros ensayos. Había sobrevivido, pero su identidad estaba protegida.
El nombre real permanecía oculto.
Marta entró en la habitación y vio la pantalla.
Su rostro perdió el color.
—Yo conozco a la paciente diecisiete.
—¿Quién es?
Marta cerró la puerta.
—Verónica.
Isabella quedó inmóvil.
Verónica no había comenzado como informante de Meridian Crown.
Había sido una de las primeras víctimas de Aurora.
Y Nathan llevaba años utilizando los efectos del implante para controlar su memoria, su miedo y sus decisiones.
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Eso no eliminaba sus crímenes.
Pero significaba que Nathan poseía una forma de apagarla antes de que pudiera declarar.