Chapter 3 - La noche del puente

Adrian no negó haber estado en el puente.
Cinco años antes conducía detrás del automóvil de Lucía durante una tormenta. Habían discutido en la mansión. Lucía descubrió que alguien dentro de Hale Industries manipulaba los resultados médicos del Proyecto Aurora y quería entregar la información a las autoridades.
Adrian le pidió que esperara.
No porque apoyara el fraude, sino porque una denuncia inmediata podía destruir la empresa, provocar miles de despidos y enviarlo a prisión como responsable ejecutivo.
Lucía se negó.
Subió al automóvil con los documentos y salió hacia la oficina del fiscal.
Adrian la siguió.
—Quería detenerla para hablar —explicó a Isabella—. Nunca intenté sacarla de la carretera.
—¿Por qué no apareces en el informe policial?
—Nathan dijo que mi presencia haría parecer que la perseguía. Convenció al jefe de policía para eliminar mi declaración.
—¿Y aceptaste?
—Estaba en estado de shock.
—Siempre tienes una razón para permitir que Nathan decida por ti.
Adrian soportó el golpe.
En el puente, el vehículo de Lucía perdió el control. Atravesó la barrera y cayó al río. Los equipos de rescate encontraron el cuerpo, pero no el maletín con los documentos.
La investigación concluyó que conducía demasiado rápido.
—¿Viste otro automóvil? —preguntó Isabella.
—Un sedán negro salió de una carretera lateral después del impacto.
—¿Lo seguiste?
—Me lancé al agua.
Adrian intentó alcanzar el vehículo de Lucía, pero la corriente era demasiado fuerte. Permaneció allí hasta que llegaron los bomberos.
Nathan apareció en el hospital dos horas después. Tomó su ropa mojada, su teléfono y las llaves. Le prometió proteger a Isabella y a la compañía.
—Le entregué todo —dijo Adrian.
—También le entregaste la verdad.
La policía interrogó a Adrian nuevamente esa tarde. Admitió haber seguido a su esposa y ocultado su presencia. El detective advirtió que podía enfrentar cargos por obstrucción, pero la nueva evidencia sobre Nathan justificaba reabrir el caso.
La especialista continuó revisando los videos.
En una grabación de cinco años atrás, Lucía hablaba frente a la cámara.
“Si algo me ocurre, Nathan Reed no debe convertirse en tutor de Isabella. Adrian confía en él porque crecieron juntos, pero Nathan está vendiendo información del Proyecto Aurora.”
Lucía mostraba varias facturas y una fotografía.
Nathan aparecía junto a Thomas Keller y Verónica Salazar, quien todavía no llevaba el apellido Hale.
—Conocías a Verónica antes del accidente —dijo Isabella.
Adrian observó la pantalla.
—Nunca la vi hasta nueve meses después.
—Ella conocía a Nathan y Keller.
En otro video, Lucía explicaba que Verónica trabajaba para Meridian Crown, el fondo extranjero interesado en comprar Aurora. Su tarea consistía en acercarse a la familia, descubrir quién controlaba las acciones y localizar los ensayos originales.
Lucía creyó haberla detenido.
Después murió.
Adrian se levantó.
—Verónica se casó conmigo para entrar en la empresa.
—Y Nathan le abrió la puerta.
La agente asignada a Isabella informó que el collar encontrado en su bolsillo había sido comprado por Verónica dos semanas antes. Nunca fue una joya familiar; se adquirió únicamente para fabricar el supuesto robo.
También descubrieron que Keller recibió quinientos mil dólares desde una cuenta de Meridian Crown.
—Podemos arrestarlo por administrar medicamentos sin autorización —dijo la agente—. Pero Verónica y Nathan ya han salido del estado.
Adrian convocó una reunión de emergencia con el consejo de Hale Industries. Quería suspender la venta de Aurora y congelar las cuentas.
Isabella insistió en asistir.
—Acabas de salir del hospital —dijo él.
—Precisamente por eso. Han utilizado mi supuesto estado mental para votar sin mí.
En la sede corporativa, varios consejeros parecieron sorprendidos al verla caminando sin ayuda. Nathan había informado que estaba internada después de un episodio psicótico.
Isabella ocupó el asiento que perteneció a su madre.
Adrian explicó la falsificación médica y reprodujo parte del video. Algunos directivos exigieron llamar a la policía. Otros temían que el escándalo destruyera la cotización.
El presidente interino del consejo, Marcus Vale, permaneció en silencio.
—Debemos separar un conflicto familiar de una operación empresarial —dijo finalmente—. El Proyecto Aurora representa seis años de inversión.
Isabella abrió una carpeta.
—También representa diecisiete pacientes que desarrollaron daños neurológicos durante pruebas que nunca fueron informadas.
Marcus frunció el ceño.
—Esos datos no han sido verificados.
—Mi madre los verificó.
—Su madre murió antes de completar el informe.
—Porque intentaba entregarlo.
La puerta se abrió.
Thomas Keller entró acompañado por dos abogados.
—He venido a explicar el estado clínico de Isabella —anunció.
Adrian se levantó.
—No volverás a acercarte a ella.
Keller mostró una orden judicial. Declaraba que Isabella seguía bajo evaluación y no podía ejercer temporalmente sus derechos como accionista. El documento había sido aprobado aquella mañana.
—¿Quién solicitó esto? —preguntó Adrian.
—Su esposa, como tutora de emergencia.
—Verónica está siendo investigada.
—Todavía no ha sido acusada.
Marcus propuso suspender la reunión hasta que un juez resolviera la competencia de Isabella.
Ella comprendió que Nathan había preparado una estructura donde cada prueba necesitaba una autoridad controlada por él para ser aceptada.
Isabella tomó el micrófono.
—No necesito votar para contar lo que hicieron.
Conectó su teléfono a la pantalla y mostró una transmisión en directo. Miles de empleados y accionistas observaban desde una plataforma pública.
—Durante ocho meses me drogaron para obtener mis acciones. El mismo grupo intenta vender una tecnología que dañó a pacientes. Si el consejo continúa ignorando esto, todos quedarán registrados haciéndolo.
Marcus se levantó y abandonó la sala.
Los demás consejeros comenzaron a discutir.
Keller intentó quitarle el teléfono. Adrian se interpuso.
La policía entró segundos después y arrestó al médico.
Mientras se lo llevaban, Keller miró a Isabella.
—Tu madre no era la heroína que imaginas.
—Eso no cambia lo que tú hiciste.
—Pregúntale a tu padre quién autorizó la primera prueba de Aurora.
Adrian cerró los ojos.
Isabella sintió que otra parte del suelo desaparecía bajo sus pies.
—¿Fuiste tú?
—Firmé la autorización inicial —admitió—. Los resultados negativos aparecieron después.
—¿Y detuviste las pruebas?
Adrian no respondió.
Keller sonrió mientras las puertas del ascensor se cerraban.
La verdad era peor de lo que Isabella temía.
May you like
Su padre podía haber sido engañado sobre su encierro.
Pero no era inocente respecto a la operación que había provocado la muerte de su madre.