Chapter 6 - La casa en llamas

Las llamas ya alcanzaban el segundo piso cuando Adrian e Isabella llegaron a la mansión.
Tres vehículos negros bloqueaban la entrada principal. Dos hombres vigilaban el jardín y otro permanecía junto a una puerta lateral. No llevaban uniformes, pero Isabella reconoció a uno de ellos: había acompañado a Nathan durante la falsa evaluación de tutela.
Maya Torres detuvo el automóvil detrás de los árboles.
—Esperaremos al equipo táctico.
—Marta está dentro —dijo Isabella.
—Entrar ahora solo añadirá dos personas al rescate.
Adrian señaló el ala occidental.
—Existe un acceso desde el antiguo invernadero. Conecta con el sótano.
Maya pidió refuerzos y los siguió.
La puerta del invernadero estaba cerrada, pero Adrian rompió un panel de cristal. Descendieron por una escalera estrecha mientras el humo comenzaba a filtrarse por los conductos.
En el sótano encontraron el sistema contra incendios desactivado.
—El fuego no se extendió por accidente —dijo Maya—. Alguien desconectó cada zona de seguridad.
Adrian reactivó las bombas de agua. Arriba comenzaron a funcionar algunos rociadores, aunque el dormitorio de Lucía permanecía fuera del circuito.
Isabella corrió hacia la escalera.
—¡Marta!
No recibió respuesta.
En el primer piso apareció uno de los hombres armados. Maya le ordenó detenerse. Él levantó su arma, pero Adrian empujó a Isabella detrás de una columna. Maya disparó contra el suelo junto a sus pies y el hombre huyó hacia la cocina.
Los refuerzos entraron por la puerta trasera.
Adrian e Isabella continuaron hacia el segundo piso.
El corredor estaba cubierto de humo. La puerta del dormitorio ardía por los bordes. Isabella recordó el pasadizo utilizado para escapar de la habitación sin ventanas. Su madre desconfiaba de las puertas visibles; quizá había construido algo similar en la mansión.
—La chimenea —dijo.
En la biblioteca contigua encontraron una palanca detrás de un estante. Una parte de la pared se abrió y reveló un corredor estrecho.
Marta estaba allí.
Yacía inconsciente junto a una caja metálica. Tenía una herida en la cabeza, pero respiraba.
Adrian la levantó.
—Sácala —dijo Isabella—. Yo llevaré la caja.
—No voy a dejarte.
—Si permanecemos discutiendo, moriremos los tres.
Adrian entregó a Isabella un paño húmedo y avanzó con Marta. Ella tomó la caja y los siguió.
Al llegar al final del corredor, Verónica les bloqueó el paso.
Llevaba una pistola en una mano y el cabello desordenado por el humo. La serenidad de sus entrevistas había desaparecido.
—Dame la caja.
Isabella se colocó delante de su padre.
—¿Qué contiene?
—Nada que te pertenezca.
—Mi madre murió por protegerlo.
Verónica apuntó hacia Adrian.
—Tu madre murió porque él no pudo elegir entre su empresa y su familia.
—Y tú aprovechaste su culpa para entrar en nuestra casa.
—Yo intenté sobrevivir.
La frase se parecía demasiado a todas las explicaciones que había utilizado durante meses.
Verónica contó que Nathan la reclutó cuando trabajaba como analista para Meridian Crown. Debía acercarse a Lucía y descubrir cuánto sabía. Cuando Lucía murió, Nathan amenazó con culparla por alterar los frenos.
—Me obligó a vigilar a Adrian —dijo—. Después comprendí que podía obtener algo para mí.
—Te casaste con él.
—Adrian necesitaba creer que Lucía lo había perdonado. Yo le entregué esa mentira.
Adrian sostuvo a Marta con dificultad.
—¿Sabías que estaban drogando a Isabella?
—Keller dijo que no sufriría daños permanentes.
—La encerraste.
—Necesitaba sus acciones.
Isabella observó la pistola.
—No eras una prisionera de Nathan cuando escondiste el collar en mi ropa.
Verónica apretó la mandíbula.
—No sabes lo que significa vivir toda tu vida obedeciendo a personas que pueden destruirte.
—Sé lo que significa. Tú me obligaste a vivir así.
Una viga cayó detrás de ellas. El fuego se acercaba.
Verónica extendió la mano.
—La caja, Isabella.
—Si te la entrego, Nathan te matará cuando dejes de ser útil.
—Puedo negociar.
—Eso creyó mi madre.
La duda cruzó el rostro de Verónica.
Isabella dejó la caja en el suelo y la empujó lentamente hacia ella. Cuando Verónica se inclinó, Adrian activó la alarma de emergencia del pasadizo. Una puerta metálica descendió entre ambas.
Verónica disparó. La bala golpeó el acero.
Isabella recuperó la caja desde su lado.
—¡Hay otra salida! —gritó Verónica.
—Entonces utilízala.
Adrian, Isabella y Marta descendieron por la escalera hasta el jardín. Los bomberos recibieron a Marta y apagaron el ala occidental.
La policía encontró a Verónica minutos después junto a una ventana rota. Había sufrido quemaduras leves y seguía sosteniendo el arma. Fue arrestada.
Nathan no estaba en la propiedad.
Dos de sus hombres fueron detenidos. El tercero escapó en uno de los vehículos antes de que la policía cerrara la carretera.
Marta despertó dentro de la ambulancia.
—¿La caja está a salvo?
Isabella la sostuvo.
—Sí.
—La encontré debajo del suelo. Su madre dejó una nota.
La caja tenía un lector biométrico. Solo se abrió cuando Isabella colocó el pulgar sobre él.
Dentro había un disco duro, documentos originales de Aurora y una grabadora dañada por el calor.
También había una fotografía de Lucía en el puente, tomada después de que su automóvil cayera al río.
Lucía aparecía viva, tendida junto a la orilla.
A su lado estaba Nathan.
En la parte posterior aparecía una hora registrada cuarenta minutos antes de que llegaran los equipos de rescate.
Adrian miró la imagen.
—Cuando me lancé al agua, no pude encontrarla.
Isabella comprendió.
Su madre había sobrevivido al accidente.
Nathan llegó antes que la policía, la sacó del río y después permitió que todos creyeran que había muerto ahogada.
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La pregunta ya no era quién alteró los frenos.
Era qué hizo Nathan con Lucía durante aquellos cuarenta minutos.