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LA NIÑA DE LA MESA SIETE / Chapter 9 / 20

Chapter 9 - La hermana que vivía bajo otro nombre

El pasadizo desembocaba detrás de la cocina principal. Claire y June avanzaron entre camareros confundidos mientras las alarmas de emergencia comenzaban a sonar.

—¿Quién es Catherine? —preguntó June.

—No lo sé.

El auricular de Claire emitió la voz de Caleb.

—Encontramos a Robert. Hay una mujer con él. Se llama Catherine.

Claire se detuvo.

—¿Cómo es?

—Se parece a ti.

La cocina desapareció alrededor de Claire. Durante un segundo solo escuchó el latido de su corazón.

—Sáquenlos de allí.

—La bóveda tiene una puerta biométrica —dijo Eli—. Necesitamos la huella de Eleanor o Grant.

June miró hacia el salón.

—Entonces conseguiremos una.

—No podemos cortarles un dedo —respondió Claire.

—No pensaba hacerlo. Pero me gusta que tu mente finalmente se abra a soluciones creativas.

Regresaron por un corredor lateral. Grant estaba hablando con seguridad mientras Eleanor permanecía junto a una mesa, furiosa. June tomó una bandeja de café y caminó hacia ellos como una empleada confundida.

—Disculpen, señora Monroe.

Tropezó deliberadamente. El café cayó sobre el vestido de Eleanor.

—¡Idiota! —gritó la matriarca.

June agarró su mano fingiendo ayudarla y presionó el pulgar de Eleanor sobre un vaso limpio oculto bajo la servilleta. Luego se alejó antes de que los guardias reaccionaran.

Claire sonrió pese a la tensión.

—¿Dónde aprendió eso?

—Cuarenta años recogiendo vasos. Todo el mundo deja algo atrás.

Caleb usó una película adhesiva para copiar la huella. La puerta de la bóveda se abrió.

Robert levantó la cabeza.

—Caleb.

—Después hablamos. ¿Puede caminar?

—Puedo correr si mi exesposa viene detrás.

La mujer llamada Catherine se pegó a la pared.

—No iré con ustedes. La señora Monroe dijo que son terroristas.

Caleb observó su rostro. Era casi idéntico al de Claire, pero sus ojos tenían una expresión más cautelosa.

—¿Cuánto tiempo ha trabajado aquí?

—Dieciocho años.

—¿Recuerda algo de su infancia?

—Crecí en hogares temporales.

Robert se acercó lentamente.

—Tu nombre verdadero no es Catherine Doyle.

Ella levantó una herramienta para defenderse.

—No se acerque.

—Naciste el diecisiete de septiembre de 1987 en Saint Mercy Hospital.

—Mi cumpleaños es en enero.

—Eso fue lo que te dijeron.

Eli escuchó pasos en el pasillo.

—Debemos salir ya.

Robert tomó a Catherine del brazo. Ella intentó soltarse, pero él le mostró una fotografía guardada en su camisa. En la imagen aparecían dos bebés con pulseras idénticas.

—Eres mi hija.

Catherine miró la foto, luego a Robert.

—Está loco.

—Probablemente —dijo él—, pero también soy tu padre.

Los guardias llegaron a la bóveda. Eli lanzó una bomba de humo improvisada y condujo al grupo hacia el ascensor de carga. Catherine corrió con ellos más por miedo a los guardias que por confianza.

En el estacionamiento subterráneo, Claire apareció al otro lado de una fila de automóviles.

Las dos mujeres se vieron por primera vez.

Era como mirar un reflejo alterado por otra vida. Claire vestía un traje costoso, Catherine un uniforme gris. Compartían la misma altura, la misma forma de la mandíbula y un pequeño lunar bajo la oreja izquierda.

Catherine dejó caer la herramienta.

—¿Quién eres?

—Claire Monroe.

—Ese es mi nombre —dijo Catherine sin comprender—. Lo escuché una vez. En un sueño.

Robert abrazó a Claire. Ella permaneció rígida durante un segundo y luego se derrumbó contra él.

—Te enterramos.

—Eleanor necesitaba que desapareciera. Me salvó un agente federal, pero el cuerpo que usaron pertenecía a él. Pasé años reuniendo pruebas.

—Y dejaste que creyera que estabas muerto.

—Si me comunicaba contigo, te convertías en objetivo.

—Ya lo era.

Los guardias aparecieron en la rampa. Caleb abrió una furgoneta y todos subieron.

Ben arrancó mientras Eli disparaba a las ruedas de un vehículo perseguidor.

Claire y Catherine se sentaron frente a frente.

—¿Somos gemelas? —preguntó Claire.

Robert negó.

—No exactamente.

June lo miró.

—Yo vi dos bebés.

—Sí. Pero solo una era hija de Eleanor.

Claire sintió que otro secreto se abría bajo sus pies.

—Explícalo.

Robert respiró hondo.

—Eleanor perdió a una de las gemelas durante el parto. Esa niña era Claire. En la habitación contigua, una joven de diecisiete años dio a luz sola y murió por una hemorragia. Su bebé no tenía familia registrada. Eleanor ordenó que intercambiaran a las niñas antes de que alguien supiera que la heredera había fallecido.

Catherine palideció.

—Entonces ¿cuál de nosotras es la hija de esa joven?

Robert miró a Claire.

—Tú.

Claire dejó de respirar.

—¿Y Catherine?

—Es la gemela sobreviviente de Eleanor. La heredera biológica de Monroe Holdings. Eleanor la ocultó porque nació con una malformación cardíaca y los médicos dijeron que no viviría. Cuando sobrevivió, ya había presentado a Claire al mundo. Temió el escándalo y la dejó en el sistema de acogida.

Catherine soltó una risa rota.

—¿Me abandonó porque estaba enferma?

—Y ahora te necesita —dijo Caleb—. La mayor parte del patrimonio familiar solo puede transferirse a un descendiente biológico directo. Por eso eres la número veintiocho.

Claire miró a Robert.

—¿Quién era mi madre verdadera?

Robert sacó otra fotografía.

Mostraba a una adolescente de cabello oscuro sonriendo frente al Rosie’s Diner.

June tomó la imagen y comenzó a llorar.

—Se llamaba Rose Walker —dijo—. Era mi hermana menor.

Durante la huida, Catherine continuó mirando a Claire como si esperara descubrir una grieta que demostrara que el parecido era una ilusión.

—¿Qué música te gusta? —preguntó de repente.

Claire parpadeó.

—¿Ahora?

—Si somos hermanas o lo que sea, quiero una prueba que no venga de un laboratorio.

—Jazz. Especialmente Ella Fitzgerald.

Catherine soltó una risa breve.

—Odio el jazz.

—Eso parece una prueba bastante sólida de que somos familia.

—Tengo alergia a los duraznos.

—Yo también.

Ambas dejaron de sonreír.

Catherine tocó el lunar bajo su oreja.

—Pasé años preguntándome por qué nadie se parecía a mí.

Claire quiso tomarle la mano, pero no lo hizo.

—Yo pasé años rodeada de personas que se parecían a mí en fotografías y aun así sentía que faltaba algo.

—No conviertas esto en una historia bonita todavía.

—No lo haré.

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—Bien. Porque todavía estoy enfadada contigo aunque sé que no tiene sentido.

—Puedes estarlo. Solo no desaparezcas antes de decírmelo.

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