Chapter 16 - Tres minutos detrás del cristal

Claire golpeó el cristal con la culata del arma que Caleb había tomado a un guardia.
—¡Aléjate!
Lily y la doctora Price retrocedieron. Claire disparó dos veces contra una esquina. Las balas dejaron marcas blancas, pero el panel no cedió.
El temporizador marcaba dos minutos y cuarenta segundos.
El agua ya cubría los tobillos de Lily.
—Es vidrio laminado de laboratorio —gritó Price—. No podrá romperlo desde afuera.
—¿Cómo se abre?
—La consola central necesita la tarjeta de Grant.
Grant había escapado por el corredor superior. Catherine y Caleb fueron tras él, mientras June y Ben buscaban el panel de control. Claire permaneció frente a Lily.
—Mírame —dijo—. No mires el agua. Mírame a mí.
Lily temblaba.
—Prometió volver.
—Y volví.
—Pero seguimos separadas.
—Solo por un cristal.
Price examinó la habitación. Había una rejilla de ventilación en el techo, demasiado estrecha para un adulto.
—La niña puede pasar por allí —dijo.
Lily miró hacia arriba. La rejilla estaba a tres metros.
Price empujó una mesa bajo ella.
—Sube sobre mis hombros.
—¿Y usted?
—Buscaré otra salida.
Lily no se movió.
—Dijo que la ayudaría —recordó Price.
—Sí. Por eso saldremos las dos.
La doctora la observó, desconcertada. Había tratado a cientos de niños como números clínicos. Ninguno le había ofrecido compasión.
—No la merezco.
—No lo hago por usted. Lo hago porque no quiero convertirme en alguien como Grant.
En el corredor, Ben encontró un armario de emergencia. Dentro había un martillo con punta de carburo.
—¡Claire!
Le lanzó la herramienta. Ella golpeó repetidamente la esquina dañada. El cristal comenzó a agrietarse.
Dos minutos.
Catherine y Caleb alcanzaron a Grant junto al ascensor de carga. Él sostenía la tarjeta de acceso en una mano y una pistola en la otra.
—Catherine —dijo—, todavía podemos salir juntos.
—¿Después de intentar ahogar a una niña?
—Eleanor ordenó todo esto.
—Siempre encuentras a una mujer a quien culpar.
Grant apuntó a Caleb.
—Dame la memoria original.
—No la tengo.
—Entonces no me sirves.
Disparó. Catherine empujó a Caleb y la bala rozó su hombro. Grant entró en el ascensor.
Antes de que las puertas cerraran, Catherine lanzó el collar de diamantes que él le había dado. La cadena se atascó en el mecanismo. Las puertas volvieron a abrirse.
Caleb se abalanzó sobre Grant. Ambos cayeron dentro del ascensor. La pistola resbaló por el suelo. Catherine tomó la tarjeta de acceso del bolsillo de Grant y corrió hacia la sala de control.
Un minuto y veinte segundos.
Claire había abierto un agujero pequeño en el cristal. El agua alcanzaba las rodillas de Lily.
—Hazlo más grande —gritó Price.
June llegó con un extintor y golpeó junto a Claire.
—No permitiré que otra niña desaparezca detrás de una pared mientras yo esté viva.
La fractura se extendió como una telaraña.
Catherine deslizó la tarjeta por el panel central. La consola pidió una segunda autenticación biométrica.
—¡Necesita la huella de Grant!
Caleb seguía luchando con él dentro del ascensor. Grant golpeó su herida y trató de recuperar el arma.
Catherine corrió, agarró la mano de Grant y la presionó contra el lector junto a la puerta. El sistema emitió un sonido.
“Purga cancelada.”
El agua dejó de subir.
La puerta de cristal se desbloqueó.
Claire entró y abrazó a Lily con tanta fuerza que ambas cayeron de rodillas.
—Sabía que regresaría —susurró la niña.
—Yo no —admitió Claire—. Pero estaba dispuesta a romper todo el edificio para intentarlo.
Price permaneció contra la pared.
June la señaló.
—No crea que esto borra lo que hizo.
—Lo sé.
—Entonces empiece a hablar.
Price explicó que la Instalación 14 guardaba un servidor desconectado de internet con registros médicos, videos y ubicaciones de menores trasladados. Solo Eleanor y Grant conocían el código completo.
—Hay veintitrés niños vivos en tres propiedades —dijo—. Si Grant escapa, los moverán antes del anochecer.
Claire miró hacia el ascensor.
Caleb salió tambaleándose.
—Grant escapó por el conducto de mantenimiento. Encontré esto.
Sostenía su teléfono. En la pantalla aparecía un mensaje de Eleanor:
“Plan Éxodo. Punto de reunión: Ferry 9. Lleva a los activos restantes.”
Maya Ortiz llegó con el equipo táctico. Detuvieron a Price y aseguraron el laboratorio. La doctora entregó voluntariamente las claves parciales.
—¿Qué es Ferry 9? —preguntó Claire.
Robert respondió por radio desde el centro de mando.
—Un antiguo transbordador de carga en el puerto de Blackwater. Monroe Holdings lo usa para transportar maquinaria a Canadá.
—¿Cuándo zarpa?
—A medianoche.
Lily se soltó del abrazo de Claire.
—Los “activos restantes” son niños.
Maya asintió.
—Organizaremos una operación en el puerto.
Claire miró a Catherine, que presionaba una tela contra su hombro herido.
—Me salvaste.
—Salvé a Lily.
—También a mí.
Catherine sostuvo su mirada.
—Todavía no sé si somos hermanas.
Robert apareció en el corredor, apoyado en un bastón.
—La sangre dice que comparten padre.
Catherine lo miró con frialdad.
—La sangre es lo menos complicado de esta familia.
Lily se acercó a ambas y tomó una mano de cada una.
—Entonces empiecen con algo más sencillo.
—¿Qué cosa? —preguntó Catherine.
—No soltarse.
Por primera vez, Catherine permitió que Claire entrelazara sus dedos con los suyos.
A cientos de metros, Grant salió de una escotilla junto al lago. Empapado y sangrando, tomó un coche oculto.
Llamó a Eleanor.
—La instalación está perdida.
—Entonces no vengas sin Lily.
—Claire la recuperó.
Eleanor guardó silencio.
—En ese caso —dijo finalmente—, trae a Catherine. Una heredera viva vale más que veintitrés niños.
Después de cancelar la inundación, Lily condujo a Maya hasta una pared cubierta de dibujos. Cada niño que había pasado por la instalación había marcado allí una pequeña figura, una inicial o una fecha.
—Grant decía que eran garabatos —explicó—. Ava decía que era una lista de personas que todavía querían existir.
Maya fotografió cada centímetro.
Price reconoció varios símbolos y proporcionó nombres asociados a expedientes falsos.
—No toque nada sin guantes —advirtió Caleb—. Esta pared puede probar que estuvieron aquí.
June pasó un dedo a pocos centímetros de un sol dibujado con crayón amarillo.
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—También prueba que, incluso aquí, alguien imaginó luz.
Claire observó a Lily. La niña ya no apretaba la mochila contra el pecho. La llevaba colgada de un hombro, como cualquier estudiante cansada después de un día demasiado largo.