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LA NIÑA DE LA MESA SIETE / Chapter 5 / 20

Chapter 5 - La casa sin ventanas

Eli frenó antes de chocar contra la barrera policial.

—No son agentes estatales —dijo—. Es seguridad privada con luces falsas.

Hombres vestidos de negro bajaron de los vehículos. No llevaban insignias.

Grant seguía al teléfono.

—Entrega a Lily y la memoria. Te prometo que Ava recibirá atención médica.

Claire miró la colina donde se levantaba Cedar House.

—¿Atención médica? La mantuviste encadenada doce años.

—No sabes lo que hizo tu hermana.

—Sé lo que tú hiciste.

—Claire, escucha. Ava era inestable. Tu madre tomó decisiones difíciles para proteger a la familia.

—No vuelvas a pronunciar la palabra “familia”.

Eli metió la marcha atrás. La camioneta que bloqueaba la retirada avanzó.

—Sujétense —advirtió.

Giró bruscamente hacia una zanja. El vehículo saltó sobre el barro y atravesó una valla de madera. Los hombres corrieron hacia ellos.

Ben abrió la ventana trasera y lanzó una caja de herramientas. Golpeó el parabrisas del perseguidor, obligándolo a frenar.

—¡A la izquierda! —gritó Lily—. Hay un camino de servicio detrás del granero.

Eli condujo entre árboles. Las ramas arañaban la carrocería. Llegaron a un cobertizo abandonado a un kilómetro de la casa y ocultaron la camioneta detrás de maquinaria oxidada.

Claire cortó la llamada.

—Grant sabe que estamos aquí.

—Entonces debemos movernos antes de que cierre el canal —dijo Eli.

Ben insistió en acompañarlos pese a su herida. June le arrancó un pedazo de camisa y lo vendó.

—Si te desmayas, te dejaré de alimento para las ratas.

—Sabía que me querías.

Lily sacó de la mochila un dibujo de la propiedad. Había marcado la biblioteca, la cocina y la puerta al sótano.

—Los guardias cambian a las cuatro y media. Durante cinco minutos, el pasillo oeste queda vacío.

—¿Cómo sabes la hora? —preguntó Claire.

—Contaba las campanadas del reloj grande.

Claire sintió una mezcla de orgullo y dolor. Una niña no debería haber necesitado memorizar rutinas de vigilancia para sobrevivir.

June y Ben se quedaron en el cobertizo con Lily. Claire y Eli se dirigieron al canal de drenaje. Se arrastraron casi cincuenta metros entre agua helada y raíces, hasta llegar a una rejilla. Eli cortó dos barrotes con una herramienta portátil.

Entraron en el sótano de la casa.

El aire olía a desinfectante. Había estantes con cajas de medicamentos, correas de cuero y uniformes infantiles sin etiquetas.

Claire fotografió todo.

—Esto no es una residencia —susurró—. Es una prisión.

Subieron por una escalera hasta el corredor oeste. Las paredes estaban decoradas con paisajes tranquilos. Cada puerta tenía un número, pero ninguna manija interior.

En una habitación encontraron tres camas vacías. En otra, documentos quemándose dentro de un cubo metálico.

—Están limpiando el lugar —dijo Eli.

Un ruido de ruedas llegó desde el fondo.

Dos enfermeros empujaban una camilla cubierta. Claire y Eli se ocultaron detrás de una puerta. Al pasar, una mano cayó por un costado de la sábana.

Claire reconoció el anillo de plata que Ava había usado desde la universidad.

—Es ella.

Saltó al corredor.

—¡Deténganse!

Los enfermeros abandonaron la camilla y corrieron. Eli persiguió a uno mientras Claire retiraba la sábana.

Ava estaba inconsciente, extremadamente delgada, con una vía intravenosa en el brazo. Tenía el mismo rostro de la fotografía, pero más pálido.

—Ava —susurró Claire—. Soy yo.

Los ojos de su hermana se abrieron apenas.

—Llegaste tarde —murmuró.

—No. Vamos a sacarte.

Ava intentó levantar una mano.

—Lily...

—Está a salvo.

Una lágrima rodó por la sien de Ava.

—Mi niña.

Eli regresó.

—Uno escapó. El otro dice que la doctora Price está en el helipuerto.

—¿Puede caminar?

—No con esa dosis.

Empujaron la camilla hacia la salida de servicio. Una alarma comenzó a sonar. Puertas metálicas descendieron en los pasillos.

—Grant activó el cierre —dijo Eli.

Ava agarró la manga de Claire.

—La biblioteca.

—¿Qué hay allí?

—Una segunda salida. Detrás del reloj.

Se dirigieron a la biblioteca mientras hombres de seguridad aparecían en las escaleras. Eli volcó una estantería para bloquearlos.

Claire encontró el reloj de pie. Detrás había un teclado numérico.

—¿Código?

Ava luchó por mantenerse consciente.

—Cumpleaños de Lily.

Claire no lo conocía.

Llamó a la niña.

—Lily, ¿qué fecha te dijeron que era tu cumpleaños?

—El catorce de noviembre.

El código falló.

Ava negó débilmente.

—Mentira... nació el dos de abril.

Claire introdujo 0402. El reloj se desplazó, revelando un túnel.

Entraron justo cuando los guardias irrumpían en la biblioteca. Eli cerró el mecanismo desde dentro.

El pasadizo descendía hacia el bosque. A mitad de camino, Ava comenzó a convulsionar.

—¡Está reaccionando al sedante! —gritó Claire.

Eli revisó la vía.

—Necesitamos un médico.

Al salir del túnel, vieron a June y Ben corriendo hacia ellos. Lily venía detrás.

—Te dije que te quedaras —exclamó Claire.

La niña no escuchó. Corrió hasta la camilla.

—Mamá.

Ava abrió los ojos al oír aquella palabra.

Durante un instante, el dolor y los años desaparecieron de su rostro.

—Lily.

La niña tomó su mano.

—Te prometí que regresaría.

Un helicóptero rugió sobre los árboles. Descendió cerca del helipuerto. Grant Vale salió de la casa acompañado por la doctora Price y varios guardias.

Claire empujó la camilla hacia la camioneta.

—¡Muévanse!

Grant los vio.

—¡Deténganlos!

Los disparos comenzaron a golpear los troncos.

Eli respondió mientras Ben arrancaba el vehículo. June ayudó a subir la camilla. Lily se metió junto a Ava.

Claire fue la última en entrar.

La camioneta avanzó por el camino de servicio mientras hombres armados corrían detrás.

—¿Adónde vamos? —preguntó Ben.

Claire miró a su hermana, que apenas respiraba.

—Al hospital del condado.

Ava reunió fuerzas para negar.

—No. Grant controla al director.

—Entonces ¿dónde?

Ava fijó los ojos en June.

—Llévenme con el hombre que todos creen muerto.

June palideció.

—¿De quién hablas?

Ava cerró los ojos.

—Del padre de Claire.

Mientras Ben aceleraba, Lily buscó el pulso de Ava como había visto hacer a los enfermeros. Sus dedos eran pequeños y temblaban.

—Está muy lento —dijo.

Claire se inclinó para comprobarlo.

—Sigue aquí. Eso es lo importante.

Ava abrió los ojos durante un segundo.

—No dejes que Grant le diga quién es —murmuró, mirando a Lily—. Se lo ha dicho tantas veces que ella empezó a creerlo.

Lily apretó los labios.

—Me decía que nadie más me querría.

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June se volvió desde el asiento delantero.

—Los hombres como él necesitan que una niña confunda dependencia con amor. Esa mentira termina esta noche.

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