Chapter 2 - La mujer del traje negro

El ayudante del sheriff volvió a golpear la puerta, esta vez con la palma abierta.
—Señora Walker, abra. Es un asunto urgente.
June conocía a Cole Turner desde que era un niño insolente que robaba pastel de manzana del alféizar de la cocina. Ahora tenía treinta y cinco años, una placa brillante y una reputación demasiado limpia para ser cierta.
—Ben —dijo June sin apartar la mirada de la puerta—, lleva a Lily a la despensa.
La niña negó con fuerza.
—No. Allí no hay salida.
—La ventana del baño —intervino Claire—. La vi al entrar. Da al callejón.
June la miró con desconfianza.
—¿Por qué se fijó en eso?
—Siempre identifico las salidas.
Claire se agachó frente a Lily.
—Escúchame. No sé quién eres ni cómo conseguiste esta fotografía, pero si esa mujer es realmente mi hermana, no permitiré que te lleven hasta que me cuentes todo.
—Usted trabaja con Grant Vale —dijo Lily.
La frase cayó como un plato roto.
Grant Vale no era un desconocido. Era el prometido de Claire, fundador de la Fundación Puentes de Esperanza, candidato favorito a gobernador y rostro habitual de campañas benéficas. Su sonrisa aparecía en hospitales, escuelas y anuncios sobre protección infantil.
Claire endureció la mandíbula.
—¿Qué sabes de Grant?
—Él es quien dice que es mi padre.
Los golpes cesaron.
Durante un segundo solo se escuchó la lluvia.
Entonces Cole probó el picaporte.
—Señora Walker, tengo motivos para creer que la niña está dentro.
June señaló el pasillo.
—Baño. Ahora.
Ben guio a Lily, pero la niña agarró la muñeca de Claire antes de alejarse.
—Si llama a Grant, todos moriremos.
Claire observó cómo desaparecía por el corredor.
—Abra la puerta —ordenó Cole desde afuera— o tendré que entrar por la fuerza.
June descorrió el cerrojo.
Cole entró acompañado por otro agente joven. El agua goteaba de su chaqueta caqui. Sonrió al ver a June, pero sus ojos recorrieron el restaurante con rapidez.
—Perdone la hora. Una niña bajo custodia legal se escapó de una residencia terapéutica.
—¿Una niña peligrosa? —preguntó June.
—Confundida. Puede inventar historias.
Cole mostró una fotografía oficial de Lily. En ella aparecía limpia, bien vestida y sin moretones.
—Se llama Lily Vale. Diez años. Hija adoptiva del señor Grant Vale.
Claire cruzó los brazos.
—Nunca he oído hablar de ella.
Cole pareció sorprendido solo durante una fracción de segundo.
—Señorita Monroe. No esperaba verla aquí.
—Eso no responde a mi comentario. Voy a casarme con Grant en dos meses. ¿Por qué ocultaría que tiene una hija adoptiva?
—No conozco los asuntos privados del señor Vale.
—Sin embargo, conoce los de la niña.
Cole se acercó al mostrador.
—¿La han visto?
June tomó una taza y sirvió café como si aquella fuera una noche común.
—He visto lluvia, facturas y a una ejecutiva tratando de robarme el negocio.
Claire no protestó.
El agente joven caminó hacia el pasillo.
Ben se interpuso.
—La cocina es solo para empleados.
—Apártese.
—¿Tiene una orden?
Cole sonrió sin humor.
—No necesitamos una orden para recuperar a una menor en peligro.
Claire sacó el teléfono.
—Sí la necesitan para registrar un negocio privado sin consentimiento, a menos que exista una emergencia visible. Soy Claire Monroe, abogada corporativa, matrícula estatal 41782. Puedo llamar al juez del condado ahora mismo.
Cole la estudió.
—¿Por qué está dificultando esto?
—Porque no me gustan los hombres que confunden una placa con permiso absoluto.
Un trueno sacudió las ventanas.
En el pasillo, algo cayó al suelo.
El agente joven volvió la cabeza.
Cole dio un paso hacia allí.
Claire se colocó delante.
—¿Qué parte de “orden judicial” no entendió?
La sonrisa de Cole desapareció.
—Debe tener cuidado, señorita Monroe. Algunas personas se hacen daño por involucrarse en situaciones que no comprenden.
—¿Es una amenaza?
—Es un consejo.
June vio la mano de Cole cerca de su arma.
—Ya escuchó a la abogada —dijo—. Salga de mi restaurante.
Cole permaneció inmóvil unos segundos. Luego guardó la fotografía de Lily.
—Volveremos.
Antes de cruzar la puerta, miró a Claire.
—Su prometido está muy preocupado. Le sugiero que lo llame.
La camioneta se alejó lentamente, pero no tomó la carretera principal. Se estacionó cien metros más adelante, bajo un grupo de árboles.
Ben regresó con Lily. La niña tenía barro en las rodillas; había intentado abrir la ventana del baño.
—Siguen vigilando —dijo June.
Claire colocó la fotografía sobre el mostrador.
—Quiero la verdad completa.
Lily se sentó en un taburete y miró su plato enfriándose.
—Hace cuatro años, Grant me llevó a su casa. Dijo que mis padres habían muerto y que yo debía estar agradecida. Había otras niñas en la propiedad, pero nunca se quedaban mucho tiempo.
—¿Otras niñas? —preguntó Ben.
—Decía que eran pacientes de la fundación.
—¿Dónde está la casa?
—Cerca del lago Saint Mercy. No aparece en los mapas. La llaman Cedar House.
Claire conocía el nombre. Grant le había dicho que Cedar House era un centro privado para donantes que buscaban tranquilidad.
—¿Cómo encontraste a Ava?
—Hace dos semanas escuché golpes debajo del suelo de la biblioteca. Encontré una puerta detrás de una estantería. Bajé y ella estaba allí.
—¿Hablaste con ella?
Lily asintió.
—Me preguntó mi nombre. Cuando le dije “Lily”, empezó a llorar. Me dio esta foto y una llave.
Sacó una pequeña llave de latón colgada de un cordón.
Claire la reconoció. Tenía grabado un monograma: A.M.
Ava Monroe.
—¿Qué abre?
—No lo sé. Ava dijo que usted sabría dónde usarla.
Claire cerró los dedos alrededor de la llave. Un recuerdo volvió con una claridad dolorosa: cuando eran adolescentes, Ava y ella escondían cartas en una caja fuerte dentro del viejo teatro Monroe. La llave tenía el mismo diseño.
—¿Por qué escapaste esta noche?
Lily tragó saliva.
—Grant descubrió que había bajado al sótano. Lo escuché decirle al doctor que mañana trasladarían a Ava y después incendiarían la casa.
Claire tomó el teléfono.
June le sujetó la mano.
—¿A quién piensa llamar?
—A la policía estatal.
—Cole trabaja para el sheriff. ¿Cuántos más trabajan para Grant?
—No podemos ir solas.
—Tampoco podemos esperar hasta mañana.
Ben miró por la ventana.
—La camioneta sigue allí.
Claire pensó en Grant: las cenas benéficas, los discursos sobre dignidad, la manera en que besaba su frente antes de dormir. Recordó también sus preguntas constantes sobre Ava, su insistencia en que dejara de investigar la desaparición.
Su teléfono vibró.
Era él.
La pantalla mostró una fotografía de ambos durante la gala de compromiso.
Lily se puso pálida.
—No conteste.
Claire dejó que sonara.
Un mensaje apareció:
“Claire, sé que estás en el diner. La niña está enferma. No dejes que te manipule.”
Un segundo mensaje llegó inmediatamente:
“Sal y hablaremos. Nadie tiene que salir herido.”
June leyó por encima de su hombro.
—Ese hombre no está preocupado por una niña.
—No —respondió Claire—. Está preocupado por lo que puede contar.
Claire se quitó el anillo de compromiso y lo dejó junto a la notificación de desalojo.
—¿Tiene otra salida este lugar?
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June levantó una ceja.
—Todo buen diner tiene una puerta para sacar la basura y otra para escapar de ella.