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LA NIÑA DE LA MESA SIETE / Chapter 4 / 20

Chapter 4 - El policía que conocía todas las salidas

Cole apuntó primero a Eli.

—Manos donde pueda verlas.

Eli obedeció con una calma que inquietó a los otros hombres.

—Siempre fuiste un pésimo actor, Cole.

—Y tú siempre fuiste incapaz de mantenerte lejos de problemas ajenos.

—Una niña golpeada no es un problema ajeno.

Cole hizo una señal. Uno de los hombres arrebató el grabador a Claire; el otro tomó la memoria USB.

Lily se escondió detrás de June.

—No la toques —dijo la anciana.

Cole sonrió.

—Señora Walker, el señor Vale no quiere hacerle daño. Solo necesita recuperar a su hija.

—Los padres no dejan marcas de dedos en los brazos de sus hijos.

—No sabe quién se las hizo.

—Pero tú sí.

La sonrisa de Cole se tensó.

Claire dio un paso adelante.

—Grant me envió los mensajes porque sabía que estaba en el diner. Eso significa que vigilaba mi teléfono. ¿Desde cuándo?

—No estoy aquí para responder preguntas.

—Entonces dile que ya no habrá boda.

—Creo que eso ya lo sospecha.

Cole metió el grabador en su chaqueta.

—La niña viene conmigo. Ustedes regresarán a sus casas y olvidarán esta noche.

—¿Y Ava? —preguntó Claire.

—Su hermana está muerta.

Lily gritó:

—¡Mientes!

Uno de los hombres avanzó hacia ella. June agarró una lámpara de mesa y la lanzó. La bombilla estalló contra su hombro. En el mismo instante, Eli golpeó al segundo hombre con la cabeza y Ben se abalanzó sobre Cole.

El disparo sonó dentro del camerino.

El espejo se hizo añicos.

Claire tiró de Lily hacia el suelo. June apagó el interruptor principal, sumiendo el teatro en oscuridad.

—¡Por el escenario! —gritó.

Conocía el edificio porque había trabajado allí como acomodadora cuando era joven. Guio al grupo por un corredor angosto mientras Cole gritaba órdenes.

Eli cerró una puerta cortafuegos y atravesó el picaporte con una barra metálica.

—Nos dará dos minutos.

—Necesitamos recuperar la memoria —dijo Claire.

—Necesitamos seguir vivos —respondió Ben.

Llegaron al escenario. La lluvia golpeaba el techo como una multitud enfurecida. June levantó una trampilla oculta bajo una alfombra.

—Los músicos usaban este túnel para llegar a la calle trasera.

Lily bajó primero. Claire la siguió. Cuando Ben se preparaba para entrar, Cole apareció entre las cortinas.

—¡Deténganse!

Disparó.

Ben cayó de rodillas.

—¡Ben! —gritó June.

Eli respondió con un extintor, golpeando a Cole en el brazo. El arma salió despedida. Ben se tocó el costado; la bala había rozado su chaqueta y abierto una herida superficial.

—Estoy bien —gruñó—. He sufrido quemaduras peores con la freidora.

Todos bajaron al túnel. Eli cerró la trampilla y colocó una cadena.

El pasadizo olía a humedad y madera podrida. Avanzaron usando la luz de los teléfonos. Detrás de ellos, los hombres golpeaban la cubierta.

—Cole tiene el grabador y la memoria —dijo Claire—. Perdimos las pruebas.

Lily sacó algo del bolsillo.

Era la memoria USB.

—Le di una que estaba vacía —explicó.

Claire la miró con sorpresa.

—¿Cuándo las cambiaste?

—Mientras miraban a Eli.

June sonrió.

—Definitivamente eres una Monroe.

El túnel terminaba bajo una tienda cerrada. Salieron a un callejón y corrieron hasta la camioneta de Eli. Apenas arrancaron, vieron a Cole aparecer al final de la calle.

—Ahora no podemos ir a la policía local —dijo Ben.

—Nunca pudimos —contestó Eli.

Claire conectó la memoria a una computadora portátil guardada en el vehículo. Había cientos de carpetas cifradas, pero una no tenía contraseña. Dentro encontraron listas de nombres, certificados de nacimiento y pagos realizados por la Fundación Puentes de Esperanza.

Muchos niños figuraban como fallecidos y luego reaparecían con identidades diferentes.

—Esto es tráfico de menores —susurró Claire.

—También robo de herencias —dijo Eli—. Mira estas cantidades.

Lily señaló un archivo con su nombre.

“LILY MONROE / ESTADO: TRANSFERIDA / EVALUACIÓN DE INCAPACIDAD PENDIENTE.”

Debajo aparecía la firma digital de la doctora Helena Price, directora médica de la fundación.

—Ella me daba pastillas —dijo Lily—. Decía que me ayudaban a no tener pesadillas.

Claire abrió otro documento.

Era una orden de traslado para Ava, programada a las cinco de la mañana. El destino aparecía como “Instalación 14”.

—Tenemos menos de cuatro horas —dijo.

Eli tomó una salida hacia el lago.

—Cedar House tiene tres accesos. El principal está vigilado. El segundo cruza un puente con sensores. El tercero es un canal de drenaje bajo la cerca.

—¿Cabe una persona?

—Si no le importa arrastrarse por barro y ratas.

June se acomodó el abrigo.

—He trabajado turnos dobles el Día de Acción de Gracias. Nada puede asustarme.

Claire miró a Lily.

—Tú no entrarás.

—Conozco la casa.

—Precisamente por eso. Ya arriesgaste suficiente.

—Ava me ayudó cuando nadie más lo hizo. No voy a dejarla.

Claire sostuvo la mirada de su sobrina. Cada instinto le exigía protegerla alejándola del peligro. Pero también comprendía que Lily había sobrevivido durante años porque los adultos subestimaban su capacidad para decidir.

—Te quedarás con Ben en la camioneta —dijo—. Nos indicarás el camino por teléfono.

Lily aceptó a regañadientes.

Cuando se aproximaron a Cedar House, el cielo comenzó a aclararse apenas en el este. La propiedad se levantaba sobre una colina rodeada de pinos. Desde lejos parecía un hotel elegante.

No había luces en las ventanas.

—Demasiado tranquilo —murmuró Eli.

De repente, el teléfono de Claire vibró.

Grant llamaba otra vez.

Esta vez ella respondió.

—¿Dónde está mi hermana?

La voz de Grant sonó serena.

—Claire, estás asustada y confundida. Lily ha llenado tu cabeza de mentiras.

—Tengo los archivos.

Hubo una pausa.

—Entonces sabes que esto es más grande que nosotros.

—¿Quién más está involucrado?

—Vuelve a casa y hablaremos.

—No existe una casa a la que pueda volver contigo.

Grant suspiró.

—Mira por la ventana de la camioneta.

Claire levantó la vista.

En la carretera, delante de ellos, aparecieron luces rojas y azules. Cuatro vehículos bloquearon el paso.

Detrás, otra camioneta cerró la retirada.

Grant continuó hablando.

—Te advertí que nadie tenía que salir herido.

Antes de llegar al bloqueo, Claire guardó en su teléfono una copia cifrada de la fotografía y la envió a una cuenta que Grant no conocía. Lily observó el movimiento.

—¿A quién se la mandó?

—A mí misma dentro de seis horas —respondió Claire—. Si alguien borra el teléfono, el mensaje seguirá esperando.

Eli sonrió sin apartar las manos del volante.

—Empieza a pensar como una fugitiva.

—Soy abogada. La diferencia es principalmente el vestuario.

June apoyó una mano sobre la mochila de Lily.

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—Y tú empiezas a pensar como una niña que no tiene que cargar todo sola.

Lily no respondió, pero soltó por primera vez una de las correas que llevaba apretadas contra el pecho.

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