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Capítulo 8 - El padre que regresó de la muerteLa búsqueda de Henry condujo a una residencia médica privada en Vermont.

La propiedad pertenecía a una compañía vinculada con Cuna Blanca. Los registros mostraban un paciente sin nombre ingresado doce años antes.

Nora viajó con Nathan y Owen.

Lucas permaneció junto a Amelia.

—No te molesta que Nathan vaya en tu lugar —dijo ella.

—Sí me molesta.

—¿Por qué lo permites?

—Porque él también tiene derecho a encontrar a nuestro padre.

Amelia sonrió.

—Estás aprendiendo a compartir incluso los traumas familiares.

—Nunca imaginé que necesitaría practicarlo.

La residencia de Vermont estaba casi vacía.

En una habitación protegida encontraron a un hombre de setenta y dos años conectado a equipos médicos.

Tenía cabello blanco y un rostro debilitado.

Nathan reconoció a Henry por las fotografías.

El hombre abrió los ojos.

—Lucas.

Nathan se acercó.

—No.

Henry lo observó durante varios segundos.

Las lágrimas aparecieron.

—Nathan.

—¿Sabía mi nombre?

—Lo elegí.

Nathan apretó la mandíbula.

—Y tardó treinta y seis años en pronunciarlo frente a mí.

Henry intentó incorporarse.

—Pensé que habías muerto durante años.

—Después descubrió que no.

—Victoria y Sebastian me envenenaron antes de que pudiera llegar a Portland.

—¿Por qué está aquí?

Henry explicó que despertó después del supuesto ataque dentro de una clínica controlada por Eleanor Graves.

Le dijeron que Lucas y Victoria morirían si intentaba escapar. Estaba debilitado, sedado y aislado.

Durante los primeros años trató de enviar mensajes mediante empleados.

Algunos desaparecieron.

Otros trabajaban para la red.

—¿Entonces no dirigía Cuna Blanca? —preguntó Nora.

—Intenté destruirla.

—Las órdenes H.S. parecen proceder de esta residencia.

Henry miró hacia una cámara.

—Utilizaron mi identidad. Algunas decisiones corporativas necesitaban la firma del fundador.

—¿Firmó documentos?

—Bajo amenazas y drogas.

Nora no aceptó la historia sin pruebas.

Los agentes encontraron grabaciones donde Eleanor obligaba a Henry a firmar. También había intentos de fuga y cartas ocultas.

Henry era prisionero.

Pero no completamente inocente.

Antes de descubrir la red, había autorizado tratamientos de fertilidad no aprobados y permitido acuerdos de adopción privados.

—Creí que ayudábamos a familias —dijo.

Nathan respondió:

—Todos creen que ayudan cuando no quieren mirar quién pierde la posibilidad de elegir.

Henry cerró los ojos.

—Tienes razón.

Fue trasladado bajo custodia médica.

Lucas recibió la videollamada.

Durante unos segundos, padre e hijo no hablaron.

—Estás vivo —dijo Lucas.

—Sí.

—Estuve en tu funeral.

—Lo sé.

—Mamá me sostuvo mientras quemábamos un cuerpo que no era el tuyo.

Henry comenzó a llorar.

—No pude llegar a ti.

—¿Dejaste las cintas antes?

—Sí.

—¿Por qué no me contaste sobre Nathan cuando lo descubriste?

—Quería verificar cada documento antes de destruir tu vida.

Lucas rio sin alegría.

—Todos querían esperar hasta que estuviera preparado.

—Fue un error.

—¿Qué debería hacer contigo ahora?

—Nada que no elijas.

La respuesta era distinta a las de Victoria.

Henry no pidió un lugar inmediato.

—Necesito conocerte otra vez —dijo Lucas.

—Lo comprendo.

—Y Nathan decidirá su propia relación.

—Sí.

—No vuelvas a llamarlo mi hermano como si eso obligara a que te acepte como padre.

Henry asintió.

Amelia observaba desde la cama.

Después de la llamada, Lucas permaneció en silencio.

—¿Estás feliz? —preguntó.

—Una parte.

—¿Y las otras?

—Estoy enfadado. Confundido. Aliviado. También siento culpa por estar aliviado cuando Nathan no tuvo ningún recuerdo con él.

—No tienes que elegir una sola emoción para ser justo con tu hermano.

Lucas tocó su mano.

—¿Cómo siempre sabes qué decir?

—No siempre.

La recuperación de Henry destruyó varios movimientos legales de Victoria. Ya no podía presentarse como viuda controladora del legado del fundador.

El consejo exigió que Henry declarara.

Sus médicos dijeron que podía hacerlo mediante video.

Antes de la reunión, Henry pidió hablar con Victoria.

Nora organizó una llamada rastreada con la esperanza de localizarla.

Victoria apareció en pantalla.

Al ver a Henry, perdió toda expresión.

—Estás vivo.

—Siempre lo supiste.

—Sebastian dijo que no despertarías.

—Pero desperté.

Victoria comenzó a llorar.

—No sabía dónde te llevó Eleanor.

—Dejaste que lo hiciera.

—Me dijo que te mantendría sedado hasta que Nathan desapareciera.

—¿Y aceptaste?

—Tenía miedo de perder a Lucas.

—Ya habías perdido a Nathan por tu propia decisión.

—No podía perderlos a ambos.

Henry sostuvo su mirada.

—Nunca fueron objetos que podías conservar.

Nora rastreó la señal hasta una propiedad en Canadá.

Cuando los agentes llegaron, Victoria ya se había marchado.

Pero dejó un sobre.

Dentro había una dirección y una nota:

Eleanor Graves planea tomar a Olivia durante la reunión del consejo. Si quieren salvarla, dejen de buscarme durante veinticuatro horas.

Lucas leyó la nota.

—Está negociando con la vida de nuestra hija.

Nora respondió:

—También puede estar advirtiéndonos.

—Ambas cosas.

Amelia miró el reloj.

La reunión del consejo se celebraría al día siguiente dentro de la torre Sterling.

Elena había previsto realizar una última ecografía allí, dentro de la clínica ejecutiva segura, para evitar un traslado adicional.

Ahora sabían que era una trampa.

Cancelaron la visita.

Sin embargo, Amelia comenzó a tener contracciones regulares esa misma noche.

El parto había empezado cinco semanas antes de tiempo.

Y una tormenta había bloqueado la carretera hacia el hospital militar.

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La instalación médica más cercana era la clínica de la torre Sterling.

El lugar exacto donde Eleanor esperaba que Olivia naciera.

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