Capítulo 2 - La madre que dijo que Amelia saltóAmelia fue llevada directamente a la unidad obstétrica de emergencia.

El doctor Elena Warren, su obstetra, llegó diez minutos después. Los análisis mostraron una pequeña separación de la placenta, pero el ritmo cardíaco de la bebé comenzó a estabilizarse.
—No necesitaremos una cesárea inmediata si el sangrado se detiene —explicó Elena—. Sin embargo, permanecerá hospitalizada.
Lucas tenía una luxación parcial en el hombro y varias contusiones. Rechazó analgésicos fuertes hasta confirmar que Amelia estaba fuera de peligro.
—¿Puede entrar mi madre? —preguntó a seguridad.
—La señora Victoria Sterling está en recepción con su abogado —respondió un agente.
—No puede acercarse a Amelia.
El teléfono de Lucas recibió decenas de mensajes.
Uno pertenecía a su hermana menor, Juliette Sterling.
¿Qué está ocurriendo? Mamá dice que Amelia intentó suicidarse.
Lucas sintió que la rabia volvía.
Llamó.
—¿Dónde estás?
—En Nueva York. Mamá llamó llorando. Dijo que Amelia tuvo una crisis, la atacó y después saltó.
—Miente.
—Lucas…
—Yo atrapé a Amelia. Ella señaló a mamá y dijo que la empujó.
Juliette guardó silencio.
—¿Por qué haría algo así?
—Porque Amelia encontró documentos sobre un segundo bebé nacido el mismo día que yo.
—Eso no tiene sentido.
—¿Sabías que tenía un hermano gemelo?
—No.
—Mamá dice que murió.
—Entonces quizá fue así.
—Amelia encontró una pulsera con el nombre Nathan Vale y la frase “sigue vivo”.
Juliette respiró.
—Voy a tomar un vuelo.
—No hables con mamá antes de llegar.
—Es nuestra madre.
—Y mi esposa casi murió.
La llamada terminó.
La fiscal adjunta Nora Álvarez llegó acompañada por un detective. El hospital había informado de una posible agresión.
Amelia dio su declaración desde la cama.
—Victoria intentó quitarme la carpeta. Cuando escuchó a Lucas entrar, me empujó.
—¿Vio el movimiento de sus manos? —preguntó Nora.
—Sentí ambas palmas sobre mi espalda.
—¿Había otros testigos?
—No.
—¿Cámaras?
Lucas llamó a Owen Blake, jefe de seguridad de Sterling Health y responsable del sistema de la mansión.
Owen respondió que las cámaras del corredor dejaron de grabar diecisiete minutos antes de la caída.
—¿Fallo técnico? —preguntó Nora.
—Alguien desactivó manualmente esa zona.
—¿Desde qué cuenta?
Owen tardó en responder.
—Desde la de Lucas.
—Yo no estaba en casa.
—El acceso se realizó mediante su certificado digital.
La estrategia era similar a la utilizada para ocultar otros registros.
Alguien quería que Lucas pareciera responsable de eliminar pruebas.
Victoria entró en la recepción del hospital acompañada por Sebastian Cole, médico de la familia Sterling, y un abogado.
Frente a varios periodistas declaró:
—Mi nuera atraviesa una crisis emocional relacionada con el embarazo. Intenté evitar que saltara. Mi hijo llegó después y solo vio el final.
Lucas observó la transmisión desde la habitación.
—Ya preparó su historia.
Amelia cerró los ojos.
—Sabía que lo haría.
—No le creerán.
—Tu hermana ya consideró la posibilidad.
Lucas se quedó en silencio.
Amelia lo miró.
—No te culpo por tener dudas durante unos segundos.
—No dudo.
—Pero quieres comprender a tu madre. Eso es distinto.
Lucas tomó su mano.
—Quiero saber por qué lo hizo. No necesito saber si lo hizo.
Nora recibió autorización para registrar la mansión. Al llegar, los agentes descubrieron que el corredor había sido limpiado. Los documentos desaparecieron.
Solo encontraron una pulsera bajo una mesa y pequeñas manchas de sangre.
Victoria aseguró que desconocía quién había retirado la carpeta.
—La casa estaba llena de trabajadores —dijo.
Owen revisó las entradas.
Clara Mendoza había abandonado la propiedad a las cuatro y veinte.
Su automóvil continuaba en el garaje.
Su teléfono dejó de transmitir señal cerca de una antigua clínica propiedad de la Fundación Sterling.
—Puede estar secuestrada —dijo Lucas.
—También pudo marcharse voluntariamente —respondió Nora—. Necesitamos pruebas.
Amelia recordó algo.
—Mi colgante.
Llevaba una pequeña joya tecnológica que Lucas le regaló después de que quedara embarazada. Podía registrar sonidos y enviar alertas si detectaba una caída.
Una enfermera encontró el colgante dentro de la bolsa de sus pertenencias.
La superficie estaba rota, pero la memoria interna continuaba funcionando.
Owen recuperó el archivo.
Se escuchó la discusión.
La voz de Amelia preguntando por Nathan.
Victoria diciendo que intentó proteger al hijo que podía conservar.
Después:
—No se acerque más.
—Dame los documentos.
—No.
Un golpe.
El grito.
El sonido del cuerpo atravesando el aire.
No existía imagen.
Pero el audio demostraba que Victoria mentía al decir que Amelia intentó saltar voluntariamente.
Nora emitió una orden de arresto.
Cuando la policía regresó a la mansión, Victoria ya no estaba.
Su abogado afirmó que había viajado a un lugar seguro porque temía a Lucas.
El doctor Cole publicó un informe donde describía a Amelia como una mujer con ansiedad prenatal, ideas persecutorias y posible riesgo de autolesión.
—Nunca me evaluó —dijo Amelia.
—Estuvo presente en varias cenas familiares —respondió Nora—. Asegura que realizó observaciones clínicas.
—Eso no es medicina.
—No. Pero puede influir en un tribunal si intentan pedir una tutela de emergencia sobre la bebé.
Lucas miró a Nora.
—¿Quién pediría tutela antes del nacimiento?
—Una persona que quiera controlar las decisiones médicas si Amelia es declarada incapaz y usted es investigado por eliminar pruebas.
La conspiración no pretendía únicamente destruir su credibilidad.
Buscaba controlar el parto.
Elena Warren entró con los resultados de toxicología.
—Encontramos una pequeña cantidad de sedante en la sangre de Amelia.
—No tomé nada.
—¿Bebió o comió en la mansión?
—Victoria me entregó té.
Lucas apretó las manos.
—La drogó antes de empujarla.
—La dosis no era suficiente para dejarla inconsciente —explicó Elena—, pero sí para producir desorientación y debilidad.
—Quería que pareciera una caída causada por una crisis —dijo Nora.
Un agente entró.
Habían localizado el vehículo de Victoria cerca de un aeropuerto privado.
El avión despegó antes de que la orden llegara.
Su destino no aparecía en el registro público.
Al mismo tiempo, un número desconocido envió una fotografía al teléfono de Lucas.
Clara Mendoza estaba sentada dentro de una habitación blanca. Tenía las manos atadas y un moretón en el rostro.
Sostenía una cartulina:
Devuelve los archivos de la guardería.
Debajo aparecía otro mensaje:
Tu esposa y tu hija vivirán si dejas morir la verdad sobre Nathan.
Lucas mostró la imagen a Nora.
—No tenemos los archivos —dijo.
Amelia tocó el colgante.
—No todos.
Antes de que Victoria llegara al corredor, Amelia había fotografiado varias páginas y las había enviado automáticamente a su cuenta privada de arquitectura.
Entre ellas había una lista de cuarenta y siete bebés.
Algunos figuraban como fallecidos.
Junto a otros aparecían nombres nuevos y cantidades de dinero.
El primero era Nathan Sterling.
El último todavía no tenía nombre.
Solo una descripción:
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Hija de Lucas. Entrega prevista en seis semanas.
Alguien había preparado el secuestro de su bebé antes de que Amelia descubriera la habitación.
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