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Capítulo 4 - El hombre con el rostro de LucasNathan Vale no había crecido en pobreza ni dentro de una familia cruel.

Maria Vale era enfermera. Vivía en Portland y lo crió como madre soltera. Le dijo que su padre murió antes de su nacimiento y que ella no tenía contacto con la familia biológica.

Nathan estudió periodismo de investigación.

Quizá, pensó Lucas, buscar secretos estaba escrito en algo más profundo que la sangre.

—Maria me amaba —dijo Nathan dentro de una sala protegida del hospital—. No quiero que nadie reduzca su vida a la mujer que recibió un bebé robado.

—¿Sabía desde el principio? —preguntó Nora.

—Sabía que los documentos eran falsos. Eleanor Graves le dijo que mi madre biológica no podía cuidarme y que el hospital necesitaba una enfermera para sacarme antes de que un hombre peligroso me encontrara.

—¿Quién era el hombre?

—Henry Sterling.

Lucas sintió dolor.

—¿Le dijeron que nuestro padre era peligroso?

—Sí.

Maria descubrió años después que Henry buscaba a un hijo perdido. Para entonces temía ir a prisión y perder a Nathan.

Comenzó a escribir cartas, pero nunca las envió.

Clara la encontró hacía cuatro años.

Ambas reunieron documentos en secreto.

—¿Por qué no contactaste conmigo? —preguntó Lucas.

Nathan sostuvo su mirada.

—Porque Maria estaba enferma y me pidió que esperara hasta que muriera. Temía que la juzgara.

—Podías haber decidido tú.

—Sí.

Nathan reconoció su propio silencio.

—También tenía miedo de descubrir que la familia Sterling sabía dónde estaba y no me quería.

—Yo no sabía que existías.

—Ahora lo sé.

Victoria contactó con él después de la muerte de Maria. Le ofreció cinco millones de dólares y una identidad nueva si entregaba las cartas.

—¿Te dijo que era tu madre?

—No al principio. Dijo que representaba a la familia biológica.

Nathan grabó una de las llamadas.

La voz de Victoria decía:

—Lucas tiene una esposa embarazada. Tu aparición destruirá su vida y la compañía.

—¿Por qué me importa la compañía?

—Porque es el legado de tu padre.

—También sería mi legado.

—Precisamente.

Victoria temía que Nathan reclamara acciones.

No porque necesitara el dinero.

Porque dos hijos reducían su capacidad de controlar a uno.

Nathan rechazó el pago.

Después recibió fotografías de Maria dentro del hospital durante sus últimos días.

Alguien la había vigilado.

—Victoria dijo que podía hacer que la investigación sobre mi adopción me presentara como cómplice —explicó—. También amenazó a Clara.

—¿Sabes dónde está? —preguntó Lucas.

Nathan mostró un mapa.

—Clara utilizó un código que Maria y ella crearon. La marca dibujada en la clínica indica traslado hacia un centro llamado Santa Brígida.

Santa Brígida era un antiguo hogar de maternidad de Cuna Blanca, cerrado oficialmente hacía veinte años.

La propiedad estaba registrada a nombre de una organización religiosa.

Los agentes prepararon un registro.

Nathan insistió en acompañarlos.

—No eres policía —dijo Nora.

—He investigado redes de adopción durante seis años.

—Eso no te convierte en agente.

—Pero conozco los símbolos y a Eleanor Graves.

—¿La conociste?

Nathan asintió.

—Asistió al funeral de Maria.

Nora autorizó que permaneciera en el equipo exterior como asesor.

Lucas se quedó con Amelia.

Quería participar, pero había aprendido que proteger a su familia no significaba correr hacia cada peligro.

Juliette llegó desde Nueva York esa tarde.

Al ver a Nathan, dejó caer su bolso.

—Dios mío.

Nathan sonrió con incomodidad.

—Supongo que eres nuestra hermana.

Juliette miró a Lucas.

—Son iguales.

—No exactamente —respondió Nathan—. Yo visto mejor.

Lucas lo miró.

—Llevas una chaqueta de hace diez años.

—Es periodismo independiente.

Durante un instante, la tensión disminuyó.

Después Juliette preguntó:

—¿Mamá realmente lo entregó?

—Sí.

—No puedo creerlo.

Nathan endureció el rostro.

—No necesitas creerme. Existe ADN.

—No quería insultarte.

—Pero tu primera reacción fue proteger la idea que tienes de ella.

Juliette bajó la mirada.

—Sí.

Lucas comprendía ambos lados.

—Todos estamos intentando reorganizar treinta y seis años en unas horas.

Nathan se alejó hacia la ventana.

—Yo llevo toda la vida haciéndolo sin saber qué piezas faltaban.

Juliette comenzó a llorar.

—Lo siento.

—No necesito una disculpa por algo que no hiciste. Solo no me pidas que espere mientras decides si mi vida es creíble.

La policía entró en Santa Brígida al anochecer.

El edificio tenía una capilla, dormitorios y un sótano médico.

Encontraron a Clara dentro de una habitación cerrada.

Estaba sedada, pero viva.

También rescataron a dos mujeres embarazadas que habían sido llevadas allí con la promesa de recibir vivienda y atención gratuita.

No sabían que existían documentos para entregar a sus bebés después del parto.

Eleanor Graves no estaba.

En su oficina encontraron un calendario.

Una fecha estaba marcada:

Nacimiento Sterling: seis semanas.

Junto a ella aparecía una instrucción:

Trasladar a la madre a Santa Brígida. Declarar episodio psiquiátrico. Custodia temporal: Fundación Sterling.

Amelia no era solo una amenaza porque descubrió la red.

Su embarazo ya formaba parte del próximo caso de Cuna Blanca.

El plan consistía en declararla incapaz, controlar el parto y entregar a su hija a otra familia o mantenerla como instrumento contra Lucas.

Clara despertó durante la madrugada.

Lucas, Nathan y Juliette entraron juntos.

La mujer los observó.

Al ver los dos rostros idénticos, comenzó a llorar.

—Henry decía que algún día estarían en la misma habitación.

Nathan se acercó.

—¿Conoció a Maria?

—Sí.

—¿Por qué tardó tanto?

Clara no se defendió.

—Tuve miedo.

Nathan cerró los ojos.

Clara continuó:

—Cada año creía que necesitaba una prueba más. Después Henry murió y Victoria controló todo.

—¿Henry sabía dónde estaba?

—Descubrió Portland dos meses antes de morir.

Lucas sintió un golpe.

—¿Planeaba traerlo?

—Planeaba reunirse primero con Maria y después contarles a ambos.

—¿Victoria lo sabía?

Clara asintió.

—La noche antes de morir discutieron sobre Nathan.

La muerte de Henry había sido atribuida a un ataque cardíaco.

Clara miró hacia la puerta.

—Sebastian Cole cambió su medicación.

—¿Victoria lo ordenó? —preguntó Lucas.

—No la escuché dar la orden.

—Pero lo cree.

—Victoria dijo después del funeral que Henry había dejado de poner en peligro a sus hijos.

Nathan apretó la mandíbula.

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La mujer que entregó a uno de sus bebés pudo haber asesinado al hombre que intentó reunirlos.

Y ahora estaba dispuesta a repetir la historia con su nieta.

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