Capítulo 6 - El padre que construyó la prisión

Valeria no quiso creerlo.
Tomás Montes había sido el hombre que la crió después de la desaparición de Elena. Le preparaba el desayuno, revisaba sus tareas y permanecía junto a su cama cuando tenía pesadillas.
Murió de cáncer cuando ella tenía doce años.
Durante sus últimos días repetía que la familia Varela destruyó todo lo que amaban.
—Papá intentó matarte —dijo Valeria.
Elena negó.
—Intentó detenerme.
—Caíste desde un acantilado.
—Discutimos en la terraza. Yo tenía el Libro Orfeo. Tomás quería entregarlo a Inés porque habían amenazado con llevarte a una institución.
—¿Me utilizaban como rehén?
—Sí.
—Entonces intentaba protegerme.
—También intentaba protegerse.
Tomás ayudó a diseñar el sistema de archivos de Proyecto Orfeo. Creó los perfiles de víctimas, las rutas financieras y las identidades de las sociedades.
Cuando Elena descubrió la verdad, quiso denunciarlo.
—Tu padre juró que solo construía software —dijo—. Aseguraba que no conocía los secuestros.
—¿Le creíste?
—Al principio.
La noche de la caída, Tomás intentó quitarle la memoria. Elena retrocedió y perdió el equilibrio. Él alcanzó su brazo, pero Inés apareció.
En lugar de ayudar, ordenó que la soltara.
—Tomás obedeció.
Elena cayó sobre la misma plataforma donde Valeria sobrevivió años después.
Esteban llegó, pero hombres de Varela encontraron primero a Elena y la trasladaron.
—Papá sabía que estabas viva.
—Sí.
—Durante cuatro años.
—Inés le prometió que me liberaría si continuaba trabajando.
—¿Lo hizo?
—Hasta que enfermó.
Valeria sintió una rabia infantil.
Había construido la memoria de su padre como la de un hombre destruido por la pérdida. En realidad, conocía la prisión donde mantenían a su esposa.
—¿Me amaba?
—Sí.
—No parece suficiente.
—Nunca lo es cuando se utiliza para justificar el silencio.
Valeria comprendió que estaba escuchando la misma historia con diferentes nombres.
Tomás.
Adrián.
Esteban.
Hombres que amaban a una mujer y, aun así, permitían que el miedo decidiera cuánto estaban dispuestos a arriesgar.
—¿Qué contiene la grabación completa?
—La conversación, la orden de Inés y la confesión de Tomás sobre el sistema.
—¿Por qué la guardaron?
—Inés colecciona pruebas contra todos. Incluso contra las personas que trabajan para ella.
La cámara principal estaba bajo el salón de Villa Varela. Solo Elena conocía la primera clave. Valeria tenía la segunda porque Tomás la escondió dentro de una canción infantil.
Adrián poseía la tercera mediante su huella genética.
Necesitaban regresar los tres.
—Puede ser una trampa —dijo Camila.
—Inés sabe que iremos —respondió Valeria.
—Entonces trasladará los archivos.
Elena negó.
—No puede. El sistema está conectado a una bóveda física. Si intenta copiarlo sin las tres claves, destruye los datos.
Adrián aceptó entregar su acceso.
—No entraré con vosotros.
Valeria lo miró.
—¿Por qué?
—Porque la policía quiere interrogarme.
—Puedes esperar.
—He pasado toda mi vida esperando el momento adecuado para decir la verdad.
Le entregó una tarjeta.
—No lo haré otra vez.
Adrián se presentó voluntariamente ante la fiscalía.
Confesó que conocía las operaciones inmobiliarias de Orfeo, aunque negó saber de todos los secuestros. Reconoció haber ocultado la existencia de Emilia, aceptar el certificado falso de Lucía y permitir que Inés construyera una versión falsa de la caída de Valeria.
También confesó que no llamó a emergencias inmediatamente.
—Creí que estaba muerta —dijo.
—¿Y eso justificaba mentir? —preguntó el fiscal.
—No.
La declaración duró nueve horas.
Mientras tanto, Valeria, Elena, Camila y Esteban regresaron a Villa Varela acompañados por agentes.
La mansión estaba vacía.
Inés había desaparecido.
En el salón encontraron copas, flores y restos del funeral.
El retrato de Valeria continuaba junto al ataúd vacío.
—Ni siquiera retiró mi fotografía —dijo.
—Quería que la casa recordara su versión —respondió Elena.
Abrieron una puerta oculta detrás de la chimenea.
El primer nivel solicitó una frase de Elena:
—La verdad no pertenece a quien la encierra.
El segundo pidió la canción de Valeria:
—Cuando el mar olvida un nombre, la piedra todavía lo recuerda.
El tercero necesitaba la huella de Adrián.
Él no estaba.
La tarjeta contenía una muestra biométrica autorizada, pero el sistema la rechazó.
PRESENCIA FÍSICA REQUERIDA.
Inés sabía que Adrián se entregaría.
Había modificado el acceso para obligarlo a regresar.
En ese momento, todas las puertas de la mansión se cerraron.
Inés apareció en una pantalla.
—Siempre subestimé la necesidad de las mujeres Montes de regresar al lugar donde fueron heridas.
Valeria miró a su suegra.
—¿Dónde estás?
—Cerca.
—La policía registrará toda la propiedad.
—Antes tendrán que decidir si salvan a Adrián.
La pantalla mostró una sala de interrogatorios.
Adrián estaba sentado frente a dos agentes.
Debajo de su silla había un dispositivo explosivo.
—Uno de esos hombres trabaja para mí —dijo Inés—. Si no abandonáis la bóveda, mi hijo morirá.
Valeria miró el reloj del dispositivo.
Doce minutos.
—¿Quieres proteger Orfeo o a Adrián?
—Ambos me pertenecen.
—Ese es tu error.
Valeria llamó al fiscal mediante una línea segura.
No respondió.
Inés había bloqueado las comunicaciones.
Camila examinó el sistema.
—Puedo desactivar el bloqueo, pero tardaré diez minutos.
—No tenemos diez.
Elena tomó la mano de Valeria.
—La bóveda posee una salida de emergencia conectada a la red policial.
—¿Por qué no la utilizaste antes?
—Porque también elimina las pruebas.
Valeria observó la cuenta regresiva.
Podía salvar a Adrián destruyendo la oportunidad de exponer por completo a Orfeo.
Durante años, él eligió la compañía antes que las personas.
Ahora su vida dependía de que Valeria hiciera lo contrario.
Ella pulsó la salida de emergencia.
Las alarmas se activaron en la comisaría.
El sistema comenzó a borrar los archivos.
Inés sonrió.
—Sabía que todavía lo amabas.
Valeria levantó la memoria auténtica.
—Sí.
La conectó a un puerto secundario.
—Pero aprendí de tus copias.
Los datos comenzaron a transferirse desde la bóveda antes de la eliminación.
Inés perdió la sonrisa.
Camila recuperó la comunicación.
El fiscal recibió la alerta y evacuó la sala. El agente corrupto fue detenido cuando intentaba activar el dispositivo.
La bomba resultó real.
Adrián salió segundos antes de la explosión.
En la mansión, la transferencia alcanzó el noventa y ocho por ciento.
Después se detuvo.
Faltaba la carpeta principal.
LA CAÍDA DE ELENA MONTES.
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Inés había retirado físicamente la única copia.
Y sabía que Valeria la necesitaría para comprender la última verdad sobre su padre.