capítulo 9 - La mujer que llevaba el nombre de Elena

Blackthorne Recovery Center se encontraba a casi dos horas de Boston, rodeado de bosques y carreteras estrechas.
Desde fuera parecía un hotel privado.
El edificio principal estaba construido con piedra gris, grandes ventanales y jardines cuidados. No había rejas visibles ni guardias armados. La página oficial describía la institución como un lugar de descanso para personas sometidas a presión extrema.
Pero los muros interiores contaban otra historia.
Rachel Donovan obtuvo la orden poco después del mediodía.
Marcus, Gabriel y un equipo federal entraron por la recepción principal. Damian permaneció en el hospital, junto a Elena y Noah, recibiendo imágenes desde las cámaras corporales.
La administradora de Blackthorne, doctora Cynthia Vale, los recibió con una bata blanca y una expresión de ofensa profesional.
—Esta clínica protege la privacidad de sus pacientes.
Rachel mostró la orden.
—También debe protegerlos de identidades falsas, secuestros y tratamientos no autorizados.
—No tenemos ninguna paciente secuestrada.
—Queremos ver a Elena Archer.
Cynthia permaneció inmóvil.
—La señora Archer solicitó confidencialidad completa.
—La verdadera Elena Archer está ingresada en Boston después de una cesárea de emergencia.
La médica miró los documentos.
—Eso es imposible.
—Precisamente por eso estamos aquí.
La lista de pacientes mostraba a Elena Archer en la unidad número siete.
Había sido admitida con un diagnóstico de psicosis prenatal, delirios persecutorios y riesgo de violencia contra su hijo.
El formulario de ingreso llevaba la firma de Damian.
Otra falsificación.
También incluía una grabación de consentimiento.
En ella, una mujer con voz débil decía:
—Acepto permanecer en Blackthorne hasta que los médicos consideren que no represento un riesgo para mi bebé.
Damian escuchó el audio desde el hospital.
—No es Elena.
Ella se encontraba a su lado.
—Se parece a mi voz.
—¿Quién puede imitarla así? —preguntó Damian.
Elena recordó a una mujer que había trabajado temporalmente como asistente durante el proyecto de la fundación.
—Natalie Cross.
—¿Quién?
—Una actriz. Beatrice la contrató para grabar videos de formación. Varias personas decían que se parecía a mí desde ciertos ángulos.
Marcus recibió el nombre a través del auricular.
Revisaron los archivos.
Natalie Cross había desaparecido tres semanas antes.
La unidad siete se encontraba detrás de dos puertas magnéticas.
Cynthia Vale afirmó no poseer el código de apertura.
—La administración de la paciente fue asumida por un equipo externo —explicó.
—¿Quién autorizó eso? —preguntó Rachel.
—El doctor Malcolm Reid.
El mismo psiquiatra que había falsificado el diagnóstico de Elena.
Marcus utilizó una herramienta de emergencia para abrir las puertas.
El corredor estaba vacío.
Las cámaras internas no funcionaban.
Al fondo había una habitación sin ventanas.
Gabriel abrió la puerta.
Una mujer permanecía atada a la cama.
Tenía el cabello teñido de castaño, un vestido de maternidad y un vientre artificial sujeto alrededor del cuerpo.
Su rostro se parecía lo suficiente al de Elena para engañar a una cámara colocada a distancia.
Estaba inconsciente.
Rachel llamó al equipo médico.
Encontraron varias marcas de inyecciones y signos de deshidratación.
—¿Es Natalie? —preguntó Damian desde el teléfono.
Marcus acercó la cámara.
Elena la reconoció.
—Sí.
Natalie comenzó a despertar mientras los paramédicos retiraban las correas.
—¿Dónde está el bebé? —preguntó con voz confusa.
Rachel se inclinó.
—No existe ningún bebé aquí. Usted se llama Natalie Cross.
La mujer comenzó a llorar.
—No. Soy Elena Archer.
Marcus observó a la fiscal.
La identidad falsa no era únicamente una actuación.
Habían utilizado drogas, aislamiento y repetición para convencerla.
—¿Quién le dijo su nombre? —preguntó Rachel.
—Mi esposo Damian.
—¿Está aquí?
—Dijo que volvería cuando aprendiera a obedecer.
En el hospital, Damian cerró los ojos.
Harrison había construido una réplica del abuso.
Una mujer encerrada.
Drogada.
Convencida de que la persona que debía salvarla era también quien había ordenado su castigo.
Elena miraba la transmisión con lágrimas en los ojos.
—No la contradigan demasiado rápido. Puede entrar en pánico.
Rachel escuchó la recomendación.
—Natalie, estamos aquí para llevarla a un hospital donde podrá descansar y hablar con personas independientes.
—¿Mi esposo lo permite?
—No necesita permiso de ningún esposo para recibir ayuda.
La mujer pareció no comprender.
Después preguntó:
—¿Harrison está enfadado?
Todos guardaron silencio.
—¿Dónde está Harrison? —preguntó Marcus.
Natalie señaló una pared.
—En la habitación que no tiene puerta.
Los agentes revisaron la unidad.
No encontraron ninguna entrada visible, pero detrás de un armario existía un ascensor pequeño.
Descendía hacia un nivel subterráneo que no aparecía en los planos.
Gabriel observó el panel.
—Otra vez bajo tierra.
—Harrison siempre construye lugares donde nadie pueda verlo —respondió Marcus.
El ascensor se abrió dentro de una sala llena de archivadores.
Había documentos médicos, pasaportes, grabaciones y cajas con medicamentos.
Una pared completa estaba cubierta con fotografías de miembros de la familia Archer.
Edward.
Beatrice.
Damian.
Caroline.
Gabriel.
Elena.
Noah.
Junto a cada rostro aparecían notas sobre sus miedos, relaciones y puntos de presión.
Damian leyó su propia ficha a través de la cámara:
Necesidad de aprobación materna. Evita confrontaciones familiares. Puede ser controlado mediante amenazas a la reputación y al legado del padre.
Elena leyó la suya:
Orgullo profesional. Resistencia a pedir ayuda. Puede aislarse si se la acusa de dividir a la familia.
Gabriel encontró una carpeta con su nombre anterior.
Julian Archer: criado como Gabriel Moretti. Utilidad principal: reclamación alternativa sobre el fideicomiso. Eliminar después de la validación.
Cerró la carpeta con fuerza.
Marcus encontró una caja marcada como Bellweather.
Dentro había listas de pacientes utilizados en ensayos no autorizados. Había cuarenta y dos nombres.
No tres.
La empresa solo había reconocido tres muertes.
Veintisiete de aquellas personas habían fallecido en los cinco años posteriores al tratamiento.
—Edward intentaba revelar esto —dijo Damian.
Rachel observó las páginas.
—Harrison no solo temía perder el control de la empresa. Podía ser acusado de homicidio y fraude médico.
En otro archivador encontraron pagos a jueces, médicos y funcionarios.
También había una lista de periodistas vigilados.
Entre ellos aparecía Mara Collins, la periodista financiera a quien Damian había enviado las pruebas.
Marcus intentó llamarla.
No respondió.
—Envía una unidad a su domicilio —ordenó Rachel.
Natalie fue trasladada hacia una ambulancia.
Antes de salir, tomó la mano de Gabriel.
—Él dijo que tú eras peligroso.
—¿Harrison?
—Dijo que eras un hombre que quería robar a mi bebé.
Gabriel miró el vientre artificial.
—No tienes ningún bebé.
Natalie bajó la mirada.
El llanto volvió.
—Entonces, ¿por qué me duele haberlo perdido?
Gabriel no supo qué responder.
La doctora Vale fue detenida junto con tres empleados de Blackthorne. Afirmó que Harrison había financiado la clínica y que el doctor Reid controlaba la unidad especial.
—¿Dónde está Reid? —preguntó Rachel.
—Se marchó esta mañana con Laura Kendall.
—¿Hacia dónde?
—La clínica posee un helipuerto privado.
Los registros mostraban un vuelo hacia el norte de Maine.
Harrison podía intentar cruzar a Canadá.
Sin embargo, al revisar las cámaras del helipuerto descubrieron algo extraño.
Malcolm Reid y Laura Kendall subieron al helicóptero.
Harrison no.
—Continúa aquí —dijo Marcus.
—¿Dónde? —preguntó Gabriel.
Encontraron una segunda sala detrás de los archivos.
Había una cama todavía caliente, ropa de Harrison y una computadora conectada a varias cuentas internacionales.
Sobre la mesa permanecía una fotografía antigua de Beatrice.
Harrison había escrito detrás:
Todo habría sido diferente si hubieras elegido correctamente.
Gabriel observó la fotografía.
—Nunca se trató solo de dinero.
—El dinero le permitió continuar el castigo —respondió Rachel.
El sistema de vigilancia mostró que Harrison había salido de Blackthorne disfrazado de paramédico veinte minutos antes de la llegada de los agentes.
La ambulancia pertenecía a una compañía privada.
El rastreo indicó que se dirigía hacia Boston.
Damian miró a Elena.
—Viene hacia nosotros.
Rachel llamó inmediatamente.
—El hospital debe cerrarse.
—No llegará por la entrada principal —dijo Elena.
—¿Qué busca? —preguntó Damian.
Ella observó a Noah dentro de la incubadora.
—Ya no puede utilizar el fideicomiso. Ya no puede ocultar a Gabriel. Las pruebas de Bellweather están con la fiscalía.
—Entonces quiere escapar.
Elena negó.
—Harrison no piensa como una persona que acepta perder.
Recordó la ficha en Blackthorne.
Los miedos.
Las relaciones.
Los puntos de presión.
—Quiere destruir lo que cree que Beatrice eligió en lugar de él.
Damian comprendió.
Noah no era el objetivo principal.
Él tampoco.
—Mi madre.
Beatrice seguía ingresada en el mismo hospital, en la unidad de quemados.
Marcus revisó la ruta de la ambulancia.
—Está a doce minutos.
Damian se levantó.
—Voy a su habitación.
Elena sujetó su brazo sano.
—No.
—Harrison va a matarla.
—Y espera que corras hacia él.
—No puedo dejarla sola.
—Entonces no vayas solo.
Damian miró a Gabriel a través de la pantalla.
Su hermano sostuvo la fotografía antigua.
—También es mi madre —dijo.
Por primera vez, ninguno de los dos discutió quién tenía más derecho a protegerla.
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Harrison había utilizado durante treinta años la separación entre los dos hijos.
Ahora tendría que enfrentarse a ambos.