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capítulo 7: La torre cerrada

El llanto de Noah descendió desde los altavoces del techo como una herida abierta.

No era una grabación antigua.

Damian reconoció las pequeñas pausas entre cada respiración, el gemido débil de un bebé prematuro que todavía necesitaba ayuda para llenar sus pulmones.

Su hijo estaba vivo.

Y Harrison quería que todos lo supieran.

Las puertas de cristal del vestíbulo se habían bloqueado. Las luces de emergencia iluminaban los rostros asustados de periodistas, empleados y miembros del consejo atrapados dentro de la torre Archer.

Varias personas intentaron utilizar sus teléfonos.

No había señal.

Marcus Bell levantó el suyo.

—Han activado un inhibidor de comunicaciones.

Rachel Donovan miró hacia las cámaras instaladas sobre las columnas.

—Entonces controla el sistema de seguridad completo.

La voz de Harrison volvió a surgir por los altavoces.

—Damian, tienes cinco minutos para entrar en el ascensor central.

Las pantallas del vestíbulo se encendieron.

Mostraron una habitación clínica situada en algún piso de la torre.

Noah estaba dentro de una incubadora portátil. Llevaba el gorro azul del hospital y un pequeño tubo en la nariz. Junto a él se encontraba Diana Mercer, la especialista neonatal que había trabajado para la fundación de Beatrice.

Diana sostenía una jeringa.

—Subirás solo —continuó Harrison—. Llevarás la caja verde, las cintas de Edward y el informe de ADN de Gabriel.

Gabriel dio un paso hacia las pantallas.

—Mi nombre es Julian.

Harrison rio suavemente.

—Un análisis no puede devolverte treinta años.

—Pero puede destruir treinta años de tus mentiras.

—Precisamente por eso debe desaparecer.

Damian miró el reloj digital del vestíbulo.

07:58.

—Quiero hablar con Diana —dijo hacia una cámara.

La imagen cambió.

Diana apareció en primer plano.

Era una mujer de unos cuarenta años, cabello rubio recogido y una cicatriz visible sobre la mano izquierda.

—¿Qué le has administrado? —preguntó Damian.

Ella evitó mirar la cámara.

—Solo oxígeno y líquidos.

—Noah necesita vigilancia neonatal continua.

—La tiene.

—Entonces muéstrame sus monitores.

Diana miró hacia alguien situado fuera de la imagen.

Harrison respondió por ella.

—No estás en posición de exigir nada.

—Si mi hijo muere, pierdes la única garantía que tienes.

—Noah no morirá si obedeces.

—Eso dijiste sobre Elena.

La voz de Harrison perdió parte de su calma.

—Tu esposa provocó su propia situación al buscar documentos que no comprendía.

Damian observó a los periodistas.

Aunque no tenían conexión, varias cámaras continuaban grabando.

Todo quedaría registrado.

—Elena comprendió perfectamente que estabas robando dinero, falsificando informes y utilizando médicos para incapacitarla.

—Eso es una interpretación emocional.

—También intentaste matar a Edward.

El vestíbulo quedó en silencio.

Gabriel miró a Damian.

No habían planeado revelar aquella acusación todavía.

Pero Damian ya no quería que Harrison dirigiera la conversación.

—Victor Shaw confesó que manipulaste la medicación cardíaca de mi padre —continuó.

Hubo una pausa.

—Victor es un mercenario herido que intenta salvarse.

—La caja verde contiene los registros de Bellweather.

—Documentos creados por un hombre enfermo y paranoico.

—¿También era paranoico cuando descubrió que robaste a su primer hijo?

Gabriel caminó hasta situarse junto a Damian.

—Mírame, Harrison.

La cámara más cercana giró hacia él.

—Durante veintinueve años me dijiste que Edward Archer me había abandonado. Después intentaste utilizarme para controlar su fideicomiso.

—Te di educación, una casa y oportunidades.

—Isabel me dio una casa.

La mandíbula de Gabriel se tensó.

—Tú aparecías una vez al año para recordarme que te debía algo.

—Sin mí habrías crecido en la pobreza.

—Sin ti habría crecido con mi verdadera familia.

La voz de Harrison se endureció.

—Beatrice permitió que permanecieras lejos.

Damian observó a su madre.

Beatrice se encontraba al otro lado del vestíbulo, vigilada por un agente. Había llegado a la torre poco después que ellos, afirmando que conocía códigos de emergencia capaces de abrir las puertas.

Ahora miraba las pantallas con el rostro pálido.

—Eso es mentira —dijo.

Harrison rio.

—¿Quieres hablar de mentiras, Beatrice?

Una nueva imagen apareció.

Era una grabación antigua dentro de la mansión Archer.

Beatrice hablaba con Harrison hacía casi treinta años.

—Mientras Julian permanezca oculto, Damian estará seguro —decía la mujer en el video—. No podemos permitir que Edward lo encuentre todavía.

Gabriel miró a Beatrice.

—Sabías que estaba vivo.

Ella negó.

—La grabación está incompleta.

—Pero sabías algo.

—Harrison me envió fotografías de un niño. Dijo que eras Julian, pero amenazó con matarte si hablaba.

—¿Por qué no acudiste a la policía?

—Porque ya había comprado al investigador del hospital. También controlaba al médico que firmó tu muerte.

Gabriel se acercó.

—Elegiste proteger a Damian.

Las lágrimas aparecieron en los ojos de Beatrice.

—Era el hijo que todavía tenía conmigo.

—Yo también era tu hijo.

—Lo sé.

—No. Lo sabes ahora porque estoy delante de ti. Durante treinta años fui una fotografía que decidiste guardar en un cajón.

Damian vio cómo aquellas palabras golpeaban a su madre.

Beatrice no intentó defenderse.

—Tienes derecho a odiarme —susurró.

—No te conozco lo suficiente para odiarte.

Harrison interrumpió.

—Una reunión familiar conmovedora, pero el tiempo continúa avanzando.

La imagen volvió a Noah.

Diana revisó uno de los monitores.

El llanto del bebé se había debilitado.

Damian miró a Marcus.

—¿Puedes localizar la señal?

—El video se transmite a través del sistema interno. Puede proceder de cualquier planta.

—La incubadora necesita energía y oxígeno.

Rachel observó el plano de evacuación.

—La torre tiene una clínica ejecutiva en el piso treinta y cuatro.

Beatrice levantó la cabeza.

—No.

—¿Qué ocurre? —preguntó Damian.

—Existe otra unidad.

—¿Dónde?

—Debajo del edificio.

Marcus abrió el plano digital.

—Solo aparecen tres niveles de estacionamiento.

—Hay un cuarto nivel —explicó Beatrice—. Edward construyó un laboratorio privado durante los primeros años de Bellweather. Después lo cerró.

—¿Por qué no figura en los planos?

—Harrison ordenó eliminarlo cuando comenzaron las investigaciones.

Damian miró hacia el suelo.

Noah podía estar varios niveles bajo ellos mientras Harrison intentaba obligarlo a subir.

—El ascensor central no lleva a los pisos inferiores secretos —dijo Beatrice—. Solo el ascensor de servicio del ala este.

Marcus comprendió.

—Quiere separar a Damian de nosotros. Mientras sube, trasladarán al niño por debajo.

Damian miró la cámara.

—Acepto.

Rachel se volvió hacia él.

—No.

—Subiré con las pruebas.

—Harrison lo matará.

—No mientras crea que las llevo.

Gabriel tomó su brazo.

—Yo soy parte de lo que quiere.

—Precisamente por eso te quedarás aquí.

—No volveré a permitir que decidan dónde debo permanecer.

—Julian…

—No utilices ese nombre como si llevaras toda la vida siendo mi hermano.

Damian soltó su brazo.

Gabriel tenía razón.

No podía pedir confianza sobre una relación nacida hacía pocas horas.

—Entonces ayúdame a sacar a Noah —dijo.

Marcus se acercó.

—Podemos enviar una caja falsa con usted. Mientras Harrison lo vigila, nosotros iremos al nivel subterráneo.

—Las puertas están cerradas.

Beatrice sacó una cadena de debajo de su abrigo.

En ella había una pequeña llave negra.

—Edward me la entregó antes de morir.

Damian la reconoció.

Era similar a la encontrada dentro de la caja verde.

—¿Qué abre?

—El acceso manual del ascensor del ala este.

Gabriel la observó con desconfianza.

—¿Por qué nunca la utilizaste para buscar pruebas?

—Porque Harrison me convenció de que Edward había vaciado el laboratorio.

—¿Y le creíste?

—Quería creerle.

Beatrice entregó la llave a Marcus.

—La entrada está detrás de la sala de archivos.

Rachel organizó rápidamente los grupos.

Marcus, Gabriel y dos agentes intentarían llegar al nivel secreto.

Rachel permanecería en el vestíbulo protegiendo a los testigos y buscando una forma de desactivar el inhibidor de señal.

Beatrice debía aparentar que seguía bajo vigilancia y no conocía el plan.

Damian subiría solo.

—Necesitamos algo que parezca la caja verde —dijo Marcus.

Uno de los empleados de mantenimiento encontró un maletín metálico utilizado para transportar discos duros.

Colocaron libros, memorias vacías y varias cintas sin valor dentro.

Damian guardó una copia del informe de ADN en el bolsillo.

—No lleve ningún arma —advirtió Rachel.

—Harrison me registrará.

—No hablo solo de armas físicas. No intente provocarlo hasta saber dónde está Noah.

Damian miró hacia la pantalla.

—No necesita que lo provoque. Me odia porque soy el hijo que permaneció.

Gabriel escuchó la frase.

—Y me odia porque soy el hijo que regresó.

Durante un instante, ambos se miraron sin hostilidad.

No eran todavía hermanos en el sentido emocional.

Pero compartían al mismo enemigo.

—Trae a Noah —dijo Gabriel.

—Encuentra el laboratorio.

La voz de Harrison surgió nuevamente.

—Quedan treinta segundos.

Damian tomó el maletín.

Las puertas del ascensor central se abrieron.

En el interior no había botones iluminados. Solo una cámara y un lector de huellas.

Damian entró.

Antes de que las puertas se cerraran, miró a Beatrice.

—¿Papá sabía que Harrison había robado a Julian cuando murió?

Ella dudó.

—Sí.

—¿Y sabía que tú habías guardado silencio?

—Sí.

—Entonces quizá no murió solo por Bellweather.

Beatrice bajó la mirada.

Las puertas se cerraron.

El ascensor comenzó a subir.

No mostraba el número de la planta.

La cámara situada en una esquina seguía cada movimiento de Damian.

—Abre el maletín —ordenó Harrison.

Damian lo colocó en el suelo y levantó la tapa.

—Más cerca de la cámara.

Mostró las cintas y los supuestos dispositivos.

—¿Dónde está la caja original?

—Dentro.

—No veo la tapa verde.

—La envolví para protegerla del incendio.

Hubo una pausa.

Damian sabía que Harrison intentaba decidir si mentía.

—Saca el informe de Gabriel.

Damian mostró la copia.

—Rómpelo.

—Hay más copias.

—Rómpelo igualmente.

Damian partió el papel por la mitad.

—Ahora dime dónde está mi hijo.

El ascensor se detuvo.

Las puertas se abrieron en el piso cuarenta.

Era la planta ejecutiva.

Los pasillos estaban vacíos. Las paredes de cristal mostraban oficinas oscuras y la ciudad despertando bajo una lluvia gris.

—Camina hacia la sala del consejo —ordenó Harrison.

Damian avanzó.

Cada puerta se cerraba automáticamente después de que pasaba.

En la sala de juntas encontró a once miembros del consejo sentados alrededor de la mesa.

Tenían las manos sujetas con bridas.

Harrison estaba en la cabecera.

Llevaba un traje azul oscuro y sostenía un pequeño dispositivo negro.

—Deja el maletín.

Damian lo colocó sobre la mesa.

—Noah.

—Primero debemos resolver la votación.

—No existe ninguna votación válida con el consejo retenido.

—La validez es una cuestión que los abogados pueden discutir durante años.

Harrison caminó hacia él.

—Hasta entonces, quien controle las acciones controla la empresa.

—Julian es el primer heredero.

—Julian murió en Lisboa.

—Gabriel está vivo.

—Gabriel Moretti es un ciudadano portugués sin relación legal con esta familia.

—El ADN lo demuestra.

—Una prueba privada obtenida durante una noche de caos.

Harrison abrió una carpeta.

—Aquí tengo un informe diferente. Afirma que Gabriel no comparte parentesco con Edward.

—Falsificado.

—¿Quién decidirá cuál es auténtico?

—Un tribunal.

—Y mientras decide, yo actuaré como administrador neutral.

Damian comprendió que Harrison todavía creía posible convertir la situación en una disputa legal.

No entendía que las pruebas ya habían sido enviadas a periodistas, autoridades federales y familias de pacientes.

—No saldrás de este edificio —dijo.

Harrison sonrió.

—No necesito salir como Harrison Cole.

Mostró varios pasaportes y un teléfono satelital.

—Durante treinta años he preparado esta mañana.

—¿Por qué?

—Porque Edward me quitó todo lo que debía pertenecerme.

—¿Qué te quitó?

La expresión de Harrison cambió.

—Beatrice.

Damian permaneció inmóvil.

—La amabas.

—Antes de que conociera a Edward.

Harrison caminó junto a los ventanales.

—Éramos jóvenes. Yo no tenía apellido, dinero ni conexiones. Edward apareció con su familia, sus hospitales y la promesa de convertirla en una mujer importante.

—Ella lo eligió.

—Su padre eligió.

—Entonces robaste a su hijo para castigarla.

—Julian debía ser mío.

—No era tu hijo.

—Podía haberlo sido.

Damian sintió repulsión.

Harrison no había construido el plan únicamente por dinero.

Había convertido a toda la familia en un castigo contra una mujer que no lo eligió.

—¿Isabel sabía?

—Isabel era sentimental. Aceptó cuidar al niño y después creyó que podía protegerlo de mí.

—Por eso la mataste.

—Su automóvil tuvo un accidente.

—Como el corazón de mi padre tuvo un accidente.

Harrison se acercó.

—Edward ya estaba enfermo.

—Cambiaste su medicación.

—Solo aceleré lo inevitable.

Damian cerró los puños.

Cada parte de su cuerpo deseaba golpearlo.

Pero todavía no sabía dónde estaba Noah.

—¿Y Elena? —preguntó—. ¿También era inevitable?

—Tu esposa descubrió archivos que no le correspondían.

—La obligaste a arrodillarse.

—Eso fue Beatrice.

—Tú construiste los documentos que la hicieron creer que tenía derecho.

Harrison miró el maletín.

—Abre la caja.

Damian retiró las cintas.

Cuando Harrison vio los dispositivos vacíos, comprendió.

Tomó el control negro y presionó un botón.

El llanto de Noah volvió a escucharse.

—Has cometido un error.

—Mi hijo nunca estuvo aquí arriba.

—No.

—Está en el laboratorio subterráneo.

La sonrisa de Harrison desapareció.

Damian supo que había acertado.

—Beatrice conservó la llave.

Harrison levantó el dispositivo.

—Este control regula el suministro de oxígeno de la incubadora.

Damian dejó de moverse.

—Si alguien abre la puerta del laboratorio sin introducir el código correcto, el sistema se apaga.

En el nivel inferior, Marcus introdujo la llave negra en una cerradura oculta detrás de una estantería.

La pared se abrió.

Gabriel observó un ascensor antiguo.

—¿Puede ser una trampa?

—Seguro que lo es —respondió Marcus.

Entraron.

La llave activó el descenso.

El indicador pasó de B3 a una letra que no aparecía en los planos:

L.

Las puertas se abrieron hacia un corredor iluminado con luces verdes.

Al fondo había una sala clínica.

Noah se encontraba dentro.

Diana Mercer permanecía junto a la incubadora.

Cuando vio a los agentes, levantó una jeringa.

—No se acerquen.

Gabriel avanzó.

—El niño necesita volver al hospital.

—Harrison prometió proteger a mi hermano.

—Paul ya está detenido.

Diana palideció.

—Dijo que lo liberaría.

—Te mintió.

—No.

—Harrison utiliza a todos hasta que dejan de ser necesarios.

Diana miró a Noah.

El bebé respiraba con dificultad.

Uno de los monitores mostraba una saturación cada vez más baja.

—El sistema está fallando —dijo Gabriel.

—No puedo abrir la incubadora —respondió ella—. Harrison controla el bloqueo.

Marcus examinó el panel.

—¿Cuál es el código?

—No lo sé.

—Entonces apártese.

—Si fuerzan la puerta, se corta el oxígeno.

Gabriel observó las estrellas verdes pintadas sobre la pared.

Ocho estrellas.

La misma forma tallada en la cuna.

Edward había diseñado el laboratorio.

Quizá también había creado un sistema de emergencia independiente.

Se acercó al panel.

—Damian abrió la cuna presionando las estrellas de izquierda a derecha.

Repitió la secuencia.

Nada ocurrió.

Diana miró el monitor.

—Está bajando.

Gabriel recordó la cinta.

Edward no hablaba únicamente de dos hijos.

Hablaba del orden en que habían llegado a su vida.

Primero Julian.

Después Damian.

Presionó la primera estrella.

Después la segunda.

Luego volvió a la primera.

El panel emitió un sonido.

Aparecieron dos espacios para nombres.

Gabriel escribió:

JULIAN.

Después:

DAMIAN.

La incubadora se desbloqueó.

Marcus llamó al equipo médico que esperaba en el ascensor.

Diana dejó caer la jeringa y se arrodilló.

—No quería hacerle daño.

—Pero aceptaste mantenerlo aquí —respondió Gabriel.

Los médicos tomaron a Noah.

El bebé soltó un llanto débil.

Gabriel introdujo un dedo dentro de su pequeña mano.

Noah lo sujetó.

Por primera vez desde que conoció la verdad, Gabriel sonrió.

—Tu padre viene —susurró.

En el piso cuarenta, una luz roja apareció en el control de Harrison.

El bloqueo había sido desactivado.

—Lo encontraron —dijo Damian.

Harrison miró el dispositivo.

Después tomó una pistola del interior de la carpeta.

Los miembros del consejo comenzaron a gritar.

—Todo lo que construí desaparecerá por culpa de dos hijos que nunca debieron encontrarse.

Damian avanzó lentamente.

—Terminó.

—No.

Harrison apuntó hacia él.

—Edward eligió a Beatrice. Beatrice eligió a Damian. Incluso Isabel terminó eligiendo a Julian.

Su mano comenzó a temblar.

—Todos recibieron una familia menos yo.

—No querías una familia.

Damian mantuvo la voz firme.

—Querías personas que no pudieran abandonarte.

Harrison apretó el arma.

—Cállate.

—Robaste un bebé porque Beatrice eligió a otro hombre. Mataste a Isabel porque protegió al niño. Drogaste a Edward porque intentó confesar.

Damian dio otro paso.

—No estabas construyendo un legado. Estabas castigando al mundo por no amarte como exigías.

Harrison disparó.

La bala atravesó el hombro de Damian.

El impacto lo lanzó contra la mesa.

Los miembros del consejo gritaron.

Harrison avanzó para disparar otra vez.

Una de las puertas laterales se abrió.

Beatrice apareció.

Sostenía la antigua pistola de Edward.

—Baja el arma, Harrison.

Él se volvió.

—Finalmente viniste.

—Debería haberlo hecho hace treinta años.

—Elegiste a Edward.

—Sí.

—Después elegiste a Damian.

—También debería haber elegido a Julian.

Las lágrimas descendieron por el rostro de Beatrice.

—Pero nunca habría elegido a un hombre que necesitaba robarme un hijo para obligarme a recordarlo.

Harrison apuntó hacia ella.

Damian se levantó, a pesar del dolor.

Se lanzó contra él.

El segundo disparo rompió una ventana.

Ambos hombres cayeron sobre la mesa.

Harrison golpeó la herida de Damian y consiguió apartarlo.

Beatrice disparó hacia el techo.

—¡Detente!

Harrison corrió hacia la salida de emergencia.

Las puertas estaban cerradas, pero utilizó el control para abrir una escalera privada.

Marcus apareció desde el otro corredor.

—¡Policía!

Harrison disparó contra él y descendió.

Marcus respondió, pero el hombre desapareció entre las escaleras.

Damian presionó una mano contra su hombro.

—Noah.

Gabriel apareció acompañado por médicos.

Llevaba la incubadora portátil.

—Está vivo.

Damian se acercó.

Noah respiraba con una nueva máscara de oxígeno.

Gabriel miró la sangre sobre la camisa de su hermano.

—Necesitas un médico.

Damian colocó la mano sana sobre la incubadora.

—Primero quiero verlo.

El bebé abrió los ojos durante un instante.

Eran oscuros, como los de Elena.

Damian comenzó a llorar.

Beatrice permaneció varios pasos atrás.

No se atrevía a acercarse.

Gabriel la vio.

—¿Quieres conocerlo?

Ella negó lentamente.

—No tengo derecho.

—No he preguntado por tus derechos.

Beatrice miró a Noah.

—Es hermoso.

—También lo era Julian —dijo Gabriel—. Pero no estabas allí para verlo.

La mujer bajó la cabeza.

Antes de que pudiera responder, una explosión sacudió la torre.

El suelo tembló.

El ascensor se detuvo.

Una columna de humo comenzó a elevarse desde las escaleras.

Marcus miró el panel de seguridad.

—Harrison ha activado el protocolo de destrucción del laboratorio.

—¿Qué significa? —preguntó Damian.

—Hay explosivos en los niveles inferiores.

El edificio comenzó a evacuar por las salidas desbloqueadas.

Los médicos trasladaron a Noah.

Damian intentó seguirlos, pero la pérdida de sangre lo debilitaba.

Gabriel pasó un brazo alrededor de él.

—Apóyate en mí.

—Harrison sigue dentro.

—La policía lo encontrará.

—Conoce cada salida.

—Tu hijo te necesita vivo.

La frase obligó a Damian a detenerse.

Durante toda la noche había corrido hacia cada peligro creyendo que proteger a su familia significaba enfrentarlo personalmente.

Pero Noah no necesitaba un mártir.

Necesitaba un padre.

Permitió que Gabriel lo ayudara.

Descendieron por una escalera de emergencia junto a los médicos.

Beatrice caminaba detrás de ellos.

Al llegar al piso treinta y dos, el humo se volvió más denso.

Una puerta metálica cayó y separó al grupo.

Damian, Gabriel y Noah quedaron de un lado.

Beatrice y Marcus del otro.

—¡Mamá! —gritó Damian.

Ella apareció a través de una pequeña ventana.

—Sigue bajando.

—Marcus puede abrirla.

—El mecanismo está bloqueado.

—No voy a dejarte.

Beatrice sonrió tristemente.

—Ya dejé que demasiadas personas permanecieran atrapadas para protegerme a mí misma.

Colocó una mano contra el cristal.

—Esta vez voy a abrir la salida desde el otro lado.

Marcus encontró una palanca manual situada varios pisos arriba.

Para desbloquear la puerta debía regresar hacia el humo y activar el sistema.

—No tendrás tiempo —dijo Damian.

Beatrice miró a Gabriel.

—Julian.

Él se acercó a la ventana.

—Me llamo Gabriel.

—Gabriel —corrigió ella—. Isabel eligió un buen nombre.

—¿Vas a bajar con nosotros?

Beatrice observó el humo.

—Voy a intentarlo.

—Eso no es una respuesta.

—Es la única que tengo.

Otra explosión sacudió la escalera.

Los médicos comenzaron a mover la incubadora.

Gabriel permaneció frente a la ventana.

—No vuelvas a desaparecer.

Beatrice apoyó la frente contra el cristal.

—No por decisión propia.

Marcus tiró de ella.

Ambos comenzaron a subir hacia la palanca.

Damian quiso quedarse, pero Gabriel lo obligó a caminar.

—Noah no puede respirar este humo.

Descendieron.

Al llegar al vestíbulo, los bomberos recibieron al bebé y trasladaron a Damian hacia una ambulancia.

Él se negó a entrar hasta que vio salir a Marcus.

El antiguo agente apareció cubierto de polvo.

Solo.

—¿Dónde está mi madre?

Marcus se quitó la máscara.

—Activó la puerta. Después parte de la escalera colapsó.

Gabriel cerró los ojos.

—¿Está viva?

—No pude regresar hasta ella.

Los bomberos comenzaron a entrar.

Damian miró la torre.

Varias ventanas ardían en los pisos inferiores.

Harrison seguía desaparecido.

Beatrice permanecía atrapada.

Elena todavía no sabía que su hijo había sido secuestrado y recuperado.

Y Gabriel, el hermano robado, observaba el fuego esperando descubrir si perdería a su madre el mismo día en que descubrió quién era.

Una paramédica intentó colocar a Damian en la camilla.

Él siguió mirando la entrada.

Finalmente aparecieron dos bomberos.

Entre ellos llevaban a una mujer inconsciente.

El abrigo oscuro de Beatrice estaba quemado y había sangre en su rostro.

Gabriel corrió hacia ella.

—¡Mamá!

La palabra salió antes de que pudiera detenerla.

Beatrice no abrió los ojos.

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Pero su mano se movió ligeramente.

Y cerró los dedos alrededor de los de su hijo perdido.

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