capítulo 12 - La confesión de Beatrice Archer

Beatrice declaró desde una habitación protegida de la unidad de quemados.
Dos fiscales, tres agentes federales y una taquígrafa se sentaron frente a ella. Rachel Donovan permaneció junto a la ventana.
Damian observaba detrás de un cristal especial.
Gabriel estaba a su lado.
Elena decidió no asistir.
—No quiero que mi recuperación vuelva a girar alrededor de lo que Beatrice necesita decir —explicó.
Sin embargo, autorizó que le entregaran una copia completa después.
Beatrice llevaba vendajes sobre el lado izquierdo del rostro y ambos brazos. Su voz era débil, pero cada palabra mantenía la precisión de una mujer acostumbrada a controlar contratos.
Rachel encendió la grabadora.
—Señora Archer, ¿comprende que esta declaración puede utilizarse contra usted?
—Sí.
—¿Ha recibido promesas de inmunidad?
—No.
—¿Está declarando voluntariamente?
Beatrice miró hacia el cristal.
Sabía que sus hijos estaban detrás.
—Tan voluntariamente como puede hablar una mujer después de pasar treinta años fingiendo que el silencio era una elección.
Rachel comenzó por Bellweather.
Beatrice confesó que Harrison se acercó a ella cinco años antes del lanzamiento del tratamiento. Le prometió que la alianza con Bellweather duplicaría el valor de Archer Medical Systems y aseguraría el control familiar durante otra generación.
—Edward se oponía a experimentar con pacientes fuera de Estados Unidos —explicó—. Harrison afirmó que los ensayos cumplían las leyes locales.
—¿Usted verificó esa afirmación?
—No.
—¿Por qué?
—Porque quería creerla.
Rachel no permitió que la frase quedara sin respuesta.
—¿Porque confiaba en Harrison?
—Porque el acuerdo podía convertirnos en la empresa médica más poderosa del país.
Beatrice admitió que conoció irregularidades después de las primeras muertes.
—Recibí un informe sobre arritmias graves. Harrison dijo que los datos estaban contaminados por enfermedades previas.
—¿Informó a Edward?
—No inmediatamente.
—¿Cuánto esperó?
—Cuatro meses.
Gabriel cerró los puños.
Durante esos cuatro meses, más pacientes recibieron el tratamiento.
—¿Por qué se lo contó finalmente? —preguntó Rachel.
—Porque Isabel me envió una carta.
Gabriel levantó la cabeza.
Beatrice describió el sobre llegado desde Lisboa. Isabel explicaba que los consentimientos habían sido falsificados y que varios pacientes no sabían que recibían una terapia experimental.
También incluía una fotografía de Gabriel a los once años.
—¿Qué decía sobre el niño?
—Que se llamaba Gabriel y que Harrison le había contado historias contradictorias sobre su origen.
—¿Comprendió que podía ser Julian?
—Sí.
La palabra apenas fue audible.
Gabriel salió de detrás del cristal.
Entró en la habitación antes de que Damian pudiera detenerlo.
Rachel se puso de pie.
—No puede interrumpir.
—Quiero escucharla mirándome.
Beatrice comenzó a llorar al verlo.
—Gabriel…
—Tenía once años cuando recibiste la fotografía.
—Sí.
—¿Y no hiciste nada?
—Contraté a un investigador.
—¿Dónde está su informe?
—Harrison lo interceptó.
—¿Cómo lo sabes?
—El investigador desapareció. Después Harrison me envió otra fotografía tuya saliendo de la escuela.
Gabriel se quedó inmóvil.
—¿Te amenazó?
—Dijo que, si Edward o yo intentábamos acercarnos, Isabel sería acusada de secuestro y tú desaparecerías dentro del sistema de protección de menores.
—Podías hablar con Edward.
—Lo hice años después.
—¿Años?
La voz de Gabriel se quebró.
—Mientras tú conservabas fotografías, yo preguntaba a Isabel por qué ningún padre venía a buscarme.
Beatrice cerró los ojos.
—Tuve miedo de perder también a Damian.
—Siempre Damian.
Él miró hacia el cristal donde permanecía su hermano.
—El hijo que tenías valía más que el hijo robado.
Damian entró.
—No me utilices contra él.
Beatrice miró a ambos.
—No era una cuestión de valor.
—Entonces explícalo —dijo Gabriel.
—Damian era pequeño. Harrison había demostrado que podía llegar a un hospital, comprar médicos y alterar documentos. Creí que si lo enfrentaba, os perdería a los dos.
—Y elegiste mantener uno.
—Sí.
La honestidad resultó más dolorosa que una excusa.
Gabriel retrocedió.
—Continúa con tu declaración.
Regresó detrás del cristal.
Beatrice habló después sobre Edward.
Cuando finalmente le mostró las fotografías de Gabriel, su esposo viajó en secreto a Lisboa. Se reunió con Isabel y tomó muestras que permitieron confirmar la identidad del niño.
—Edward quería traerlo de inmediato —dijo—. Yo le pedí que esperara.
—¿Por qué? —preguntó Rachel.
—Harrison controlaba miembros del consejo y amenazaba con revelar Bellweather. Si el escándalo estallaba mientras disputábamos la custodia, decía que Gabriel sería descrito como un impostor creado para robar la empresa.
—¿Edward aceptó?
—No.
Edward comenzó a reunir pruebas sobre ambos delitos: el secuestro de Julian y los ensayos médicos.
Ocultó copias en Cape Cod y entregó información parcial a Rosa Martínez.
—¿Cuándo descubrió Harrison lo que hacía?
—La semana antes de su muerte.
Beatrice confesó que Harrison visitó a Edward en la casa de Cape Cod. Discutieron durante horas.
—Edward regresó con dolor en el pecho —dijo—. Tenía una nueva caja de medicamentos. Afirmó que Harrison había enviado un médico para revisar su tratamiento.
—¿Quién administró las pastillas la mañana siguiente?
Beatrice guardó silencio.
Rachel repitió la pregunta.
—Yo.
Damian cerró los ojos.
—¿Sabía que habían sido modificadas?
—No.
—¿Comprobó la receta?
—No.
—¿Por qué?
—Edward y yo habíamos discutido. Quería demostrar que todavía podía cuidarlo.
La fiscal abrió un informe.
—El análisis de las muestras conservadas muestra una dosis elevada de un medicamento que puede reducir peligrosamente el ritmo cardíaco.
Beatrice comenzó a llorar.
—Le entregué las pastillas que lo mataron.
—Harrison las modificó —dijo Damian desde detrás del cristal.
Ella lo escuchó.
—Pero yo se las puse en la mano.
Rachel continuó.
Después de la muerte de Edward, Beatrice descubrió pagos a médicos y sospechó que Harrison había manipulado la medicación.
No acudió a la policía.
—¿Por qué?
—Harrison tenía copias de mis autorizaciones de Bellweather. Dijo que ambos iríamos a prisión y que Damian perdería la empresa.
—Así que colaboró con él.
—Sí.
North Atlantic Advisory fue creada para transferir dinero, pagar silencios y controlar funcionarios. Beatrice autorizó decenas de millones.
También admitió que Caroline recibió puestos y beneficios para asegurar su lealtad.
—¿Caroline sabía de Bellweather?
—No al principio.
—¿Cuándo lo descubrió?
—Hace aproximadamente un año.
Damian sintió una nueva traición.
Su hermana no solo había participado en el plan contra Elena. Conocía parte de los ensayos.
Beatrice continuó:
—Caroline quería retirarse. Harrison la amenazó con implicarla en las transferencias.
—¿Y usted qué hizo?
—Le dije que permaneciera en silencio hasta que encontráramos una salida.
Gabriel soltó una risa sin humor.
—Siempre la misma solución.
Beatrice lo escuchó.
—Sí.
Rachel preguntó por Elena.
Beatrice confesó que comenzó a considerarla una amenaza cuando descubrió las facturas falsas vinculadas con la nueva sede de la fundación.
—Harrison dijo que Elena estaba preparando un divorcio.
—¿Le mostró pruebas?
—Correos.
—Falsificados.
—Ahora lo sé.
—¿Y entonces?
—Creí que intentaría utilizar al bebé para controlar las acciones.
—¿Por eso preparó el informe psiquiátrico?
—Sí.
—¿Por eso pagó al doctor Reid?
—Sí.
—¿Ordenó drogar a Elena?
Beatrice tardó en responder.
—Autoricé que le administraran un sedante ligero para que pareciera alterada durante una evaluación.
Damian golpeó el cristal con la mano sana.
Beatrice continuó, llorando:
—No sabía que Harrison estaba utilizando sustancias para provocar el parto.
—¿La obligó a arrodillarse?
—Sí.
—¿Por qué?
La mujer miró hacia el suelo.
—Porque se negó a firmar.
—¿Por qué lavarle los pies?
—No había ninguna razón.
Rachel esperó.
Beatrice habló con dificultad.
—Quería humillarla.
Detrás del cristal, Damian cerró los ojos.
No había manipulación de Harrison que pudiera borrar aquella decisión.
—¿Por qué? —preguntó la fiscal.
—Porque me miraba como si ya no tuviera poder sobre ella.
—Estaba embarazada de ocho meses.
—Lo sé.
—Dijo que sentía dolor.
—Lo sé.
—¿Y continuó?
—Sí.
La confesión quedó suspendida en la habitación.
Beatrice no intentó llamarlo disciplina, respeto o protección.
Había querido castigar a Elena por no obedecer.
Rachel preguntó:
—¿Ordenó que la sujetaran en la casa?
—Victor debía impedir que se marchara.
—¿Y Rosa Martínez?
—Harrison dijo que la llevarían a un lugar seguro hasta después de la reunión.
—¿Creyó que había ido voluntariamente?
—No.
Beatrice respiró con dificultad.
—Sabía que era un secuestro.
Damian salió del área de observación.
No podía escuchar más.
Encontró a Elena despierta en su habitación, leyendo la transcripción parcial que una asistente enviaba en tiempo real.
Ella levantó la mirada.
—Lo confesó.
Damian se sentó.
—Sí.
—¿Cómo te sientes?
—No lo sé.
Elena cerró la tableta.
—No tienes que decidir hoy si sigue siendo tu madre.
—Siempre será mi madre.
—Eso no significa que deba seguir formando parte de tu vida.
Damian observó a Noah.
—Ayudó a salvarnos en la torre.
—Y casi provocó nuestra muerte antes.
—Lo sé.
—Ambas cosas pueden ser ciertas.
—Gabriel quiere que sea procesada.
—También yo.
Damian la miró.
Elena no apartó los ojos.
—No porque quiera venganza —continuó—. Sino porque, si su ayuda final borra lo que hizo, Noah aprenderá que una persona poderosa puede abusar de alguien y comprar el perdón con un solo acto heroico.
—No intentaré impedirlo.
—¿Declararás?
Damian pensó en la escena del salón.
En el cabello de Elena dentro de la mano de Beatrice.
—Sí.
Rachel regresó una hora después.
Beatrice había firmado la declaración completa.
También entregó códigos de cuentas, nombres de funcionarios y ubicaciones de archivos.
—La arrestaremos formalmente cuando los médicos lo permitan —dijo.
Damian asintió.
—¿Qué cargos?
—Conspiración, fraude, falsificación, secuestro, obstrucción, administración ilegal de sustancias y agresión contra Elena. Bellweather puede añadir otros.
—¿Podría morir en prisión?
—Su estado médico será considerado, pero no elimina la responsabilidad.
Elena tomó la mano de Damian.
No para consolarlo completamente.
Solo para recordarle que no estaba solo frente a la verdad.
Rachel abrió otra carpeta.
—La declaración también implica directamente a Caroline.
Damian soltó la mano de Elena.
—¿Dónde está?
—Desapareció del hospital hace cuarenta minutos.
Marcus entró detrás de la fiscal.
—Utilizó las credenciales de Laura Kendall para salir por una puerta de personal.
—¿Harrison la ayudó?
—Harrison está bajo vigilancia continua. Pero alguien le envió un automóvil.
Elena observó a Noah.
—¿Qué se llevó?
Marcus respondió:
—Una copia del registro original del nacimiento de Noah y los documentos de tutela.
Damian se puso de pie.
—¿Para qué?
Rachel miró hacia la ventana.
—Creemos que Caroline intenta llegar a una jurisdicción donde pueda registrar a Beatrice como protectora antes de que el arresto sea procesado oficialmente.
—Beatrice acaba de confesar.
—La confesión todavía no ha sido presentada ante el tribunal.
Elena sintió el miedo regresar.
—Caroline sigue intentando controlar las acciones de Noah.
—O alguien la obliga —dijo Damian.
Elena lo miró.
—No vuelvas a elegir una explicación cómoda.
Damian se quedó inmóvil.
Después asintió.
—Tienes razón.
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Tomó su abrigo.
—La encontraremos. Y esta vez no decidiré quién es Caroline hasta escuchar lo que hizo con pruebas delante.