Chapter 9 - El juicio sin una esposa obediente

Mercedes y Nicolás sobrevivieron.
La bala atravesó el hombro de Mercedes sin dañar órganos vitales. Nicolás necesitó una cirugía menor por la herida del costado y varios puntos en el rostro.
Teresa fue dada de alta aquella misma noche.
Julián permaneció detenido sin posibilidad de fianza.
Ricardo Robles llegó a un acuerdo con la fiscalía y entregó documentos que demostraban la creación de Luz del Norte Patrimonial, las firmas falsas y los pagos realizados por Julián.
Bianca también declaró.
No recibió inmunidad completa.
Reconoció que sabía que Nicolás estaba casado, utilizó recursos corporativos y participó en conversaciones para declarar incapaz a Valeria.
—Mi padre y Julián prepararon parte del sistema —dijo ante la fiscal—. Pero nadie me obligó a entrar en aquella relación ni a sonreír mientras Valeria era humillada.
La investigación contra Valeria fue archivada provisionalmente cuando los técnicos demostraron que su biometría había sido clonada.
Los cuarenta millones fueron localizados en cuentas controladas por Julián.
Casi todo pudo recuperarse.
La cláusula de Álvaro, sin embargo, creó una nueva batalla.
Los antiguos consejeros afirmaron que nunca fue registrada correctamente. Algunos querían mantener a Valeria como beneficiaria principal. Otros pretendían utilizar la crisis para comprar las acciones a precio reducido.
Valeria pidió que el documento fuera validado ante un tribunal público.
Mercedes se opuso desde el hospital.
—Podrías conservar el control.
—¿Ocultando nuevamente un anexo?
—No digo que lo ocultes. Podemos impugnarlo.
—¿Con qué argumento?
—Álvaro no estaba bien durante sus últimos meses.
Valeria miró a su abuela.
—¿Quieres declarar incapaz al hombre muerto para conservar su fortuna?
Mercedes comprendió el parecido con las prácticas de Nicolás.
—No.
—Entonces permitiremos que un juez decida.
—Puedes perder sesenta y ocho por ciento del grupo.
—Nunca debió depender únicamente de mí.
—Tu abuelo quería protegerte.
—También intentaba corregir una estructura que permitió a Julián controlar nuestras vidas durante años.
Mercedes se quedó en silencio.
—¿Me odias? —preguntó.
—No.
—¿Me perdonas?
—Todavía no sé qué significa perdonarte mientras continúas intentando dirigir mi respuesta.
La anciana aceptó.
Durante la audiencia, Nicolás pidió declarar.
Sus abogados le recomendaron guardar silencio. Enfrentaba cargos por agresión, falsificación, administración desleal y conspiración.
Subió al estrado de todos modos.
Valeria lo observaba desde la primera fila.
—¿Golpeó usted a su esposa durante la celebración del Grupo Ferrer? —preguntó Clara Montoro.
—Sí.
—¿Por qué?
Nicolás respiró profundamente.
—Porque estaba enfadado, quería humillarla y creía que nadie importante me exigiría consecuencias.
No habló de provocación.
No mencionó los insultos de Bianca.
—¿Le ordenó arrodillarse?
—Sí.
—¿Sabía que Valeria era beneficiaria de Aurora?
—No.
—¿Habría actuado de otra forma si lo hubiera sabido?
Nicolás miró hacia ella.
—Probablemente.
Un murmullo recorrió la sala.
—¿Eso significa que solo lamenta haber golpeado a una mujer poderosa?
—Significa que durante años traté el respeto como algo que debía calcularse según la posición de la otra persona. Esa es una de las razones por las que hice lo que hice.
Valeria mantuvo el rostro inmóvil.
La respuesta no pedía compasión.
Era desagradablemente honesta.
—¿Participó en la falsificación de su firma?
—Firmé documentos que sabía que ella no había autorizado.
—¿Planeó declararla incapaz?
—Sí.
—¿Julián Costa lo obligó?
—Me proporcionó medios y me animó. Pero acepté porque quería controlar las acciones.
—¿Bianca Robles lo manipuló?
—Bianca participó. Yo también.
—¿Está declarando para reducir su condena?
—Espero que mi cooperación sea considerada. Pero no existe una reducción capaz de devolverle a Valeria los años durante los que convertí su paciencia en una prueba de inferioridad.
El abogado de Julián intentó utilizar la declaración.
—Señor Ferrer, ¿no es cierto que el Fideicomiso Aurora ocultó deliberadamente su verdadera posición?
—Sí.
—¿No fue engañado durante todo su matrimonio?
—Sobre la propiedad, sí.
—Entonces sus decisiones ocurrieron dentro de una relación basada en una mentira.
—La mentira explica parte de mi resentimiento después de descubrirla. No explica decisiones que tomé antes de conocer la verdad.
Valeria bajó la mirada.
Por primera vez, Nicolás diferenciaba entre haber sido engañado y utilizar aquel engaño como permiso.
Julián también declaró.
Reconoció ser hijo biológico de Álvaro Alcázar mediante una prueba genética. El resultado confirmó el parentesco.
—Mi padre entregó todo a una nieta que apenas conocía el funcionamiento del fideicomiso —dijo—. Yo lo administré durante décadas.
—¿Eso le autorizaba a suplantarla? —preguntó Clara.
—El sistema ya era una forma de robo.
—¿Por qué no lo denunció?
—Porque los Alcázar controlaban el sistema.
—Y cuando obtuvo acceso, ¿intentó democratizarlo?
Julián guardó silencio.
—¿Transfirió acciones a trabajadores?
—Necesitaba obtener el control primero.
—¿Preparó un órgano independiente?
—No.
—¿Quién recibiría los cuarenta millones?
—Una sociedad administrada por mí.
Clara se acercó.
—No quería destruir una estructura injusta. Quería ocupar la cabecera.
La frase quedó suspendida.
El tribunal validó la cláusula de Álvaro.
Aurora debía transformarse.
El cuarenta por ciento de las acciones pasaría a una fundación de trabajadores.
Un veinte por ciento financiaría pensiones, salarios y protección laboral.
Otro porcentaje sería administrado por una junta independiente.
Valeria conservaría una participación personal mucho menor y podría competir por un cargo ejecutivo, pero ya no controlaría el grupo por nacimiento.
Julián tampoco recibiría acciones mediante su parentesco. Podría reclamar únicamente una parte de la herencia privada de Álvaro, sujeta a las indemnizaciones por sus delitos.
Mercedes perdió su autoridad dentro del fideicomiso.
La anciana presentó su renuncia sin intentar retrasarla.
Nicolás fue condenado a cuatro años de prisión por falsificación, administración desleal y conspiración. La agresión y su cooperación fueron consideradas dentro de la sentencia.
Ricardo perdió su licencia y recibió una condena de tres años.
Bianca fue condenada a dos años, sustituidos parcialmente por libertad supervisada, indemnización y trabajo comunitario debido a su cooperación y a no haber participado en el secuestro.
Julián recibió dieciocho años.
Al escuchar la sentencia, miró a Valeria.
—Tu familia me convirtió en esto.
—Mi familia te dañó —respondió ella—. Lo que hiciste después también te pertenece.
Nicolás solicitó verla antes de ser trasladado.
Valeria aceptó una conversación breve.
Estaban separados por un cristal.
—No voy a pedirte que me esperes —dijo.
—Bien.
—Tampoco que me perdones.
—Bien.
—Quería decirte que firmaré el divorcio sin reclamar propiedades.
—Reclamarás lo que corresponda legalmente. Ni más ni menos.
Nicolás asintió.
—¿Conservarás el apellido Ferrer en los hoteles?
—La junta y los trabajadores decidirán.
—Creí que mi apellido era el valor principal de la empresa.
—Los empleados atendían a los huéspedes mientras tú aparecías en las portadas.
Él sonrió con tristeza.
—Tardé demasiado en comprenderlo.
—Sí.
—¿Fuiste feliz alguna vez conmigo?
La pregunta no era útil para el proceso legal, pero Valeria respondió.
—Sí.
Nicolás cerró los ojos.
Aquello pareció dolerle más que si ella hubiera dicho que todo fue una mentira.
—Lo siento.
—Espero que algún día entiendas esa frase aunque yo nunca la acepte como suficiente.
Valeria terminó la visita.
Salió del edificio sin mirar atrás.
No había recuperado el imperio completo.
Había perdido el matrimonio, la autoridad hereditaria y la imagen perfecta de su abuela.
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Sin embargo, por primera vez ninguna persona podía ordenar su vida utilizando documentos ocultos.
Aquella pérdida de poder se parecía mucho más a la libertad de lo que había imaginado.