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Chapter 1 - La bofetada en el salón de mármol

La bofetada resonó bajo las lámparas de cristal del Hotel Imperial Aurum.

Valeria Alcázar Ferrer perdió el equilibrio. Su hombro chocó contra la mesa de champán y varias copas cayeron al suelo. Una de ellas se rompió bajo su mano cuando intentó evitar la caída.

El cristal atravesó la piel de su palma.

Durante un segundo nadie se movió.

Más de doscientas personas observaban desde la escalera, los balcones y las mesas del gran salón. Empresarios, periodistas, políticos y miembros de la alta sociedad de Madrid habían asistido para celebrar el décimo aniversario del Grupo Ferrer.

La sangre de Valeria cayó sobre el mármol blanco.

Frente a ella, Nicolás Ferrer continuaba con la mano levantada.

Vestía un traje negro y llevaba el rostro deformado por la rabia. A su lado permanecía Bianca Robles, directora de Relaciones Públicas del grupo y amante de Nicolás desde hacía casi un año.

Bianca llevaba un vestido color vino y una sonrisa apenas disimulada.

—Te advertí que no volvieras a humillarla —dijo Nicolás.

Valeria levantó lentamente la mirada.

—¿Humillarla?

Su voz salió más tranquila de lo que esperaba.

—La encontré besando a mi marido durante nuestra celebración de aniversario. Solo le pedí que se apartara.

Bianca apoyó una mano sobre el pecho de Nicolás.

—Valeria me llamó prostituta delante de todos.

—No utilicé esa palabra.

—No hacía falta. Tu forma de mirarme lo decía todo.

Nicolás señaló el suelo.

—Pídele perdón.

Valeria observó su mano herida. Un fragmento de cristal continuaba clavado cerca del pulgar.

—¿Quieres que me disculpe con tu amante?

—Quiero que dejes de causar escenas.

—La escena comenzó cuando decidiste besarla junto a la escalera principal.

Nicolás se acercó.

—Bianca ha trabajado más por esta empresa en un año que tú durante todo nuestro matrimonio.

Valeria sintió varias miradas desviarse.

Durante siete años había acompañado a Nicolás en cada inauguración, negociado discretamente con bancos y utilizado contactos de su familia para conseguir permisos. Sin embargo, nunca había ocupado un cargo visible.

Nicolás decía que quería protegerla de la presión empresarial.

Ahora utilizaba aquella invisibilidad para afirmar que no había hecho nada.

—¿Eso es lo que cuentas cuando estás con ella? —preguntó Valeria—. ¿Que construiste todo solo?

—Mi familia creó este imperio antes de que tú aparecieras.

Valeria casi sonrió.

Aquella era la mentira más grande del salón.

El Grupo Ferrer estuvo a tres días de declararse en bancarrota cuando Nicolás le pidió matrimonio. Su padre había hipotecado los hoteles y acumulado deudas con fondos extranjeros.

El abuelo de Valeria pagó cada préstamo mediante una sociedad privada.

Nicolás nunca supo que el dinero pertenecía a ella.

Le dijeron que un grupo de inversión anónimo había rescatado la empresa. Para proteger la reputación de los Ferrer, todas las propiedades continuaron utilizando su apellido.

Nicolás confundió el nombre colocado sobre las puertas con la propiedad real de los edificios.

Bianca dio un paso hacia Valeria.

—No quiero destruir tu matrimonio.

—Llegas un poco tarde para decirlo.

—Nicolás y yo nos amamos.

—Entonces podrías haber esperado hasta que solicitara el divorcio.

—No tienes derecho a controlar su felicidad.

Valeria miró a su esposo.

—¿Eso le dijiste? ¿Que yo te mantenía prisionero?

—Me asfixiaste durante años.

—Nunca te impedí marcharte.

—Porque sabías que sin mí no eres nadie.

Valeria dejó escapar una respiración lenta.

Había escuchado insultos durante meses. Nicolás criticaba su ropa, su silencio y su incapacidad para darle un hijo. Cuando comenzó a regresar tarde, ella quiso creer que trabajaba.

Cuando vio los mensajes con Bianca, decidió esperar.

No por debilidad.

Necesitaba saber hasta dónde llegaba la traición antes de activar las cláusulas que su abuelo dejó preparadas.

Aquella noche obtuvo la respuesta.

Nicolás volvió a señalar el suelo.

—Arrodíllate.

Un murmullo recorrió el salón.

—¿Qué has dicho? —preguntó Valeria.

—Pide perdón a Bianca, abandona esta fiesta y mañana hablaremos de los términos del divorcio.

Bianca sonrió abiertamente.

Valeria observó a los invitados.

Algunos parecían incómodos. Otros disfrutaban del espectáculo. Varios sacaron sus teléfonos para grabar.

Nadie se acercó a ayudarla.

La sangre continuaba cayendo de su mano.

—¿Quieres que me arrodille delante de tu amante en un hotel que crees que te pertenece?

—No lo creo. Me pertenece.

—Entiendo.

Valeria se incorporó con dificultad.

Sacó el fragmento de cristal de su palma y lo dejó sobre la mesa.

Nicolás frunció el ceño.

Esperaba lágrimas.

Esperaba que ella suplicara.

Durante años confundió su serenidad con dependencia.

—No me arrodillaré —dijo Valeria.

—Entonces vete.

—Eso haré.

Se quitó el anillo de matrimonio.

Bianca miró el diamante.

Nicolás se lo había entregado durante una ceremonia frente al mar, pero la joya perteneció originalmente a la madre de Valeria.

Lo dejó junto a la copa rota.

—Conserva tu apellido, Nicolás. Pronto será lo único que te quede.

Él soltó una carcajada.

—¿Me estás amenazando?

—No. Una amenaza intenta asustar a alguien para que cambie de comportamiento. Ya no necesito que cambies.

Valeria tomó su bolso y caminó hacia la puerta principal.

Cada paso dejó una pequeña gota de sangre sobre el mármol.

Nicolás gritó detrás de ella:

—¡Cuando salgas por esa puerta, no vuelvas!

Valeria no se detuvo.

—No tendré que volver. El edificio vendrá conmigo.

Los invitados creyeron que hablaba metafóricamente.

Bianca se rio.

Nicolás ordenó a los músicos continuar.

Pero cuando Valeria atravesó las enormes puertas del hotel, su expresión cambió.

Afuera esperaba una fila de vehículos negros.

Un hombre de seguridad abrió la puerta del automóvil central. Dentro se encontraba Mercedes Alcázar, abuela de Valeria y presidenta del Fideicomiso Aurora.

Tenía setenta y seis años, cabello plateado y un collar de perlas que había utilizado durante todas las reuniones importantes de su vida.

Al ver la sangre, abrió los ojos.

—¿Qué te hizo?

Valeria entró en el vehículo.

—Lo que necesitábamos que hiciera delante de testigos.

Mercedes tomó su mano y la envolvió con un pañuelo.

—Pude haber entrado.

—Si lo hubieras hecho, habría dicho que lo provocamos.

—También pudiste marcharte antes de que te golpeara.

—Necesitaba una violación pública del acuerdo matrimonial y del protocolo de administración.

Mercedes comprendió.

El fideicomiso que poseía las propiedades del Grupo Ferrer incluía una cláusula especial. Nicolás podía administrar las empresas mientras continuara casado con Valeria y cumpliera sus obligaciones fiduciarias.

La violencia, el adulterio probado o el uso de recursos corporativos para beneficiar a una amante permitían retirar inmediatamente todos sus poderes.

Mercedes observó el salón iluminado a través de la ventana.

—¿Estás segura?

Valeria miró su reflejo. Tenía una marca roja sobre la mejilla y sangre en el vestido color champán.

—Activa el Protocolo Aurora.

Mercedes tomó su teléfono.

—¿Completo?

—Congela las cuentas, suspende las tarjetas corporativas y convoca al consejo para mañana.

—El hotel también está incluido.

—Todos los hoteles.

—La mansión de La Moraleja.

—También.

—Los vehículos, el avión y la villa de Marbella.

Valeria sostuvo su mirada.

—Todo.

Mercedes realizó una llamada.

—Julián, actívalo.

Escuchó la respuesta y añadió:

—Desde este momento, Nicolás Ferrer no puede mover un solo euro sin autorización de la beneficiaria principal.

Terminó la llamada.

—Estará bloqueado en menos de quince minutos.

Valeria volvió la cabeza hacia el hotel.

Nicolás continuaba celebrando junto a Bianca, convencido de que acababa de expulsar a una esposa inútil de su propio imperio.

No sabía que el champán, las lámparas, el mármol y hasta el traje comprado con una tarjeta corporativa habían sido pagados con dinero de Valeria.

—¿Adónde vamos? —preguntó Mercedes.

—Primero al hospital.

—¿Y después?

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Valeria observó las gotas de sangre sobre su mano.

—Después voy a enseñarle la diferencia entre administrar una fortuna y ser dueño de ella.

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