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Chapter 2 - La mujer detrás del Fideicomiso Aurora

El médico necesitó siete puntos para cerrar la herida de la palma de Valeria.

También documentó la marca de la bofetada, tomó fotografías y redactó un informe completo. Mercedes insistió en que una agente de policía acudiera al hospital para registrar la agresión.

Valeria declaró sin dramatizar.

Describió la discusión, la presencia de Bianca, el golpe y la orden de arrodillarse. Entregó los nombres de varios testigos y señaló que existían decenas de grabaciones realizadas por los invitados.

—¿Desea presentar cargos? —preguntó la agente.

—Sí.

Mercedes levantó la mirada.

Durante años, Valeria había protegido la reputación de Nicolás. Incluso después de descubrir la relación con Bianca, se negó a publicar fotografías o mensajes.

Aquella respuesta demostraba que algo había terminado definitivamente.

La agente se marchó poco antes de las dos de la madrugada.

Mercedes acompañó a Valeria hasta una residencia privada situada cerca del Parque del Retiro. El apartamento ocupaba la última planta de un edificio antiguo y pertenecía a la familia Alcázar desde hacía cuatro generaciones.

Nicolás creía que había sido vendido.

En realidad, Valeria lo conservó como único lugar completamente ajeno a los Ferrer.

Julián Costa, abogado del Fideicomiso Aurora, los esperaba en el salón.

Tenía cincuenta años, barba entrecana y tres carpetas abiertas sobre la mesa.

—El protocolo se activó correctamente —informó—. Todas las autorizaciones de Nicolás han sido suspendidas.

—¿Intentó mover dinero? —preguntó Valeria.

—Dos veces.

Mercedes arqueó una ceja.

—Ha tardado menos de una hora.

—Primero intentó pagar la suite presidencial utilizada por Bianca. La tarjeta fue rechazada. Después quiso transferir dos millones a una cuenta personal.

Valeria no mostró sorpresa.

—¿Con qué concepto?

—Honorarios extraordinarios de dirección.

—Una recompensa por golpear a la beneficiaria del fideicomiso.

Julián abrió la primera carpeta.

El Fideicomiso Aurora controlaba el sesenta y ocho por ciento de Grupo Ferrer Internacional. También era propietario directo de siete hoteles, la mansión familiar, tres apartamentos, una villa, dos aviones y la colección de arte exhibida en las sedes corporativas.

Nicolás poseía únicamente el nueve por ciento de las acciones a título personal.

El resto pertenecía a pequeños inversionistas y antiguos empleados.

—¿Por qué nunca se lo dijiste? —preguntó Julián.

No era la primera vez que hacía aquella pregunta.

Valeria se sentó junto a la ventana.

—Cuando nos comprometimos, Nicolás estaba avergonzado por la bancarrota de su familia. Mi abuelo pensó que conocer la verdad destruiría su orgullo.

—Tu abuelo también quería observar qué clase de hombre era cuando creyera tener poder —dijo Mercedes.

Valeria miró a su abuela.

—¿Era una prueba?

—Al principio, sí.

—¿Y por qué permitiste que durara siete años?

Mercedes tardó en responder.

—Porque tú me pediste que no interviniera.

Era cierto.

Después de la muerte de su abuelo, Valeria pudo revelar la estructura completa. Decidió mantenerla en secreto.

Nicolás trabajaba con intensidad y parecía sinceramente comprometido con el crecimiento del grupo. Ella temía que descubrir que su esposa poseía la mayoría lo hiciera sentirse humillado.

Quiso darle la oportunidad de demostrar que podía construir algo sin saber que el suelo ya pertenecía a ella.

En lugar de agradecer la confianza invisible, Nicolás empezó a creer su propia leyenda.

—Cada año encontraba una razón nueva para esperar —dijo Valeria—. Primero pensé que debía permitirle estabilizar la empresa. Después murió su padre. Luego comenzó la expansión internacional.

—Y finalmente apareció Bianca —añadió Julián.

—Bianca no creó al hombre que me golpeó. Solo le dio un público.

Mercedes sirvió café.

—La cláusula de adulterio permite iniciar la destitución, pero necesitamos demostrar que utilizó bienes corporativos para la relación.

Julián mostró varios registros.

Nicolás pagó viajes, joyas y habitaciones de hotel para Bianca con cuentas del grupo. También le concedió un contrato de consultoría por ochocientos mil euros anuales.

—¿Qué trabajo realizaba? —preguntó Mercedes.

—Según el contrato, gestión estratégica de reputación.

Valeria recordó la sonrisa de Bianca mientras ella sangraba.

—Parece que su especialidad era destruir la mía.

—Hay algo peor —dijo Julián.

Abrió otra carpeta.

Tres meses atrás, Nicolás autorizó la compra de un ático en París mediante una sociedad perteneciente al grupo. Bianca aparecía registrada como residente principal.

Además, había solicitado convertir parte de las acciones administradas por el fideicomiso en títulos personales.

—No podía hacerlo sin mi firma —dijo Valeria.

—Presentó una autorización con tu firma.

Ella observó el documento.

La firma parecía auténtica.

—Nunca firmé esto.

—Entonces hablamos de falsificación y tentativa de apropiación.

Mercedes apretó la mandíbula.

—No solo quería divorciarse. Planeaba quedarse con el grupo antes de expulsarte.

Valeria sintió un dolor distinto al de la mano.

El adulterio podía atribuirse al deseo. La crueldad podía explicarse mediante el resentimiento. Pero falsificar su firma era una decisión fría, preparada durante meses.

—¿Quién certificó el documento? —preguntó.

Julián señaló el nombre del notario.

Ricardo Robles.

Padre de Bianca.

—Toda la familia participa —dijo Mercedes.

—O Bianca también está utilizando a Nicolás —respondió Valeria.

El teléfono de Julián sonó.

Era el director financiero del grupo.

Nicolás había convocado una reunión de emergencia para las nueve de la mañana y exigía acceso a las cuentas. Cuando le informaron que sus poderes estaban suspendidos, comenzó a amenazar con despedir a todos.

—Que celebre la reunión —dijo Valeria.

—Puede intentar convencer al consejo de que la activación es ilegal.

—Perfecto. Quiero que cada consejero escuche la verdad al mismo tiempo.

Mercedes examinó a su nieta.

—No necesitas asistir mañana. Podemos gestionar la destitución mientras descansas.

—No voy a esconderme después de que me ordenó abandonar mi propio hotel.

—Tu rostro está herido.

—Precisamente.

Valeria quería que el consejo viera la consecuencia de aquello que Nicolás llamaría discusión privada.

No permitiría que abogados transformaran la violencia en un malentendido matrimonial.

A las cuatro de la mañana, Julián recibió otra alerta.

Nicolás había intentado entrar en la mansión de La Moraleja.

El sistema de seguridad rechazó su código.

—La propiedad ya reconoce únicamente tu autorización —dijo.

Mercedes casi sonrió.

—¿Dónde irá?

Valeria conocía la respuesta.

—Bianca cree que el ático de París es suyo. Probablemente le recordará que está ocupado por una sociedad.

Julián abrió una cámara de seguridad del Hotel Imperial.

En la pantalla, Nicolás discutía con el gerente porque la suite presidencial había sido bloqueada. Bianca permanecía detrás con los brazos cruzados.

—¿Cómo te atreves a echarme de mi propio hotel? —gritaba Nicolás.

El gerente respondió:

—No he recibido órdenes para expulsarlo. Solo para cobrar todos los servicios por adelantado.

—Soy el presidente.

—Su tarjeta ha sido rechazada.

Bianca lo miró con una expresión nueva.

Por primera vez aquella noche parecía preguntarse si Nicolás era realmente el hombre rico que aseguraba ser.

Valeria apagó la pantalla.

—Quiero una auditoría completa de los últimos cinco años.

Julián tomó nota.

—Puede revelar irregularidades que afecten al valor del grupo.

—Prefiero conocer la verdad de una empresa dañada que conservar el valor de una mentira.

Mercedes se sentó frente a ella.

—¿Qué quieres hacer con Nicolás después de destituirlo?

—Divorciarme.

—Podrías reclamar cada propiedad y dejarlo sin nada.

—Recibirá lo que le pertenezca legalmente.

—Después de golpearte.

Valeria levantó la mano vendada.

—No necesito robarle para castigarlo. Bastará con impedir que continúe robándome.

Mercedes la observó durante varios segundos.

—Te pareces a tu abuelo.

—Espero que solo en las partes buenas.

—Él habría destruido a Nicolás en una noche.

—Y quizá por eso construyó un sistema donde todos dependían de secretos.

Valeria no quería repetirlo.

Revelaría la propiedad, despediría a quienes participaron y exigiría responsabilidad penal. Pero no inventaría pruebas ni utilizaría jueces comprados.

A las seis y veinte llegó un mensaje de Nicolás.

NO SÉ QUÉ JUEGO ESTÁS HACIENDO, PERO TERMINARÁ MAL PARA TI. REGRESA Y DISCÚLPATE ANTES DE LA REUNIÓN.

Valeria leyó dos veces.

Después escribió:

LLEGA PUNTUAL. POR PRIMERA VEZ VAS A CONOCER A LA VERDADERA PROPIETARIA DEL GRUPO.

Nicolás respondió inmediatamente:

ESTÁS LOCA.

Valeria mostró el mensaje a Julián.

—Guárdalo.

—¿Por qué?

—Porque muy pronto intentará convencer a otros de lo mismo.

El abogado entendió.

En los documentos falsificados había una declaración médica adjunta. Afirmaba que Valeria sufría episodios de inestabilidad emocional y que Nicolás podía firmar en su nombre durante una crisis.

El certificado pertenecía a una clínica financiada por Grupo Ferrer.

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Nicolás no solo preparó el robo de las acciones.

También había comenzado a construir una historia donde su esposa podía ser declarada incapaz de administrar su propia fortuna.

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