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Chapter 3 - El presidente sin tarjeta de crédito

A las ocho de la mañana, Nicolás Ferrer descubrió que no podía pagar el desayuno.

El restaurante del Hotel Imperial había preparado una mesa privada para él y Bianca. Después de una noche casi sin dormir, Nicolás pidió café, huevos, fruta y una botella de champán.

Cuando el camarero llevó la cuenta, las tres tarjetas fueron rechazadas.

—Cárguelo a mi habitación —ordenó.

—La suite ya no permite cargos corporativos, señor Ferrer.

—Soy el presidente de esta empresa.

—El sistema indica que su autorización financiera está suspendida.

Bianca dejó la taza.

—¿Suspendida por quién?

—No tengo acceso a esa información.

Nicolás se levantó.

—Llama al director.

—Ya está en camino.

Cuando el gerente llegó, entregó a Nicolás un sobre firmado por Julián Costa.

La carta informaba que, tras una violación grave del acuerdo de administración, todos sus poderes quedaban congelados hasta la reunión extraordinaria del consejo.

—Esto es absurdo —dijo Nicolás—. Julián trabaja para mi familia.

—Julián trabaja para el Fideicomiso Aurora —respondió el gerente.

—Mi familia controla ese fideicomiso.

El hombre guardó silencio.

Nicolás rompió la carta.

Bianca lo observaba.

—¿Qué es Aurora?

—Una estructura creada después de la crisis financiera.

—¿Quién la controla?

—Yo.

La respuesta salió demasiado rápido.

Nicolás nunca había leído el documento completo. Su padre le explicó que el fondo pertenecía a inversionistas extranjeros que preferían permanecer anónimos.

Durante años, Nicolás asistió a reuniones donde abogados de Aurora aprobaban operaciones. Supuso que obedecían porque lo respetaban.

Ahora recordó que ninguna adquisición importante podía completarse sin la firma de Valeria.

Siempre creyó que era una formalidad vinculada a su matrimonio.

—Valeria está haciendo esto para asustarme —dijo.

Bianca tomó su bolso.

—Me dijiste que todo estaba a tu nombre.

—Lo está.

—Entonces ¿por qué no puedes pagar un desayuno?

—Porque ha convencido a algún abogado para bloquear temporalmente las cuentas.

—¿Puede bloquear la mansión?

Nicolás la miró.

Bianca había intentado acompañarlo allí después de la fiesta, pero el acceso fue rechazado.

—El sistema cometió un error.

—¿Y el apartamento de París?

—Ese apartamento pertenece al grupo.

—Dijiste que era un regalo para mí.

—Lo será cuando complete la transferencia.

—¿Todavía no está a mi nombre?

—Es un procedimiento.

Bianca se levantó.

—Necesito hablar con mi padre.

—No vas a marcharte ahora.

—Tengo que saber qué firmaste.

Nicolás sujetó su brazo.

—Firmé exactamente lo que Ricardo preparó.

—Mi padre dijo que debías conseguir la declaración de incapacidad antes de utilizar la autorización.

—La tengo.

—¿Es auténtica?

Nicolás la soltó.

Bianca comprendió la respuesta.

—¿Falsificaste también el informe médico?

—La doctora confirmó que Valeria sufría ansiedad.

—Ansiedad no significa incapacidad.

—Podemos demostrar que tiene episodios.

—Después de lo ocurrido anoche, cualquier juez pensará que tú provocaste el episodio.

—Nadie importante creerá a Valeria.

Bianca miró hacia los teléfonos de otros huéspedes. Varios mostraban vídeos de la bofetada.

—Todo el país la está viendo sangrar.

Las grabaciones se habían vuelto virales durante la madrugada.

Un vídeo mostraba claramente a Nicolás golpeándola. Otro captaba la orden de arrodillarse. En un tercero, Valeria dejaba el anillo y decía que el edificio iría con ella.

Los comentarios criticaban a Nicolás y a Bianca.

La empresa publicó un comunicado breve afirmando que investigaría el incidente.

Nicolás llamó al departamento de comunicación.

Nadie respondió.

—Tú diriges Relaciones Públicas —dijo a Bianca—. Haz que eliminen esos vídeos.

—No se pueden eliminar miles de copias.

—Entonces presenta a Valeria como una mujer celosa que me atacó primero.

Bianca se quedó inmóvil.

—No lo hizo.

—Eso no importa.

—Había doscientas personas.

—Podemos encontrar un ángulo donde parezca agresiva.

Bianca empezó a comprender que Nicolás también estaría dispuesto a sacrificarla cuando lo necesitara.

—Me prometiste que el divorcio sería silencioso.

—Lo habría sido si ella hubiera obedecido.

—La golpeaste.

—Porque te insultó.

—No necesito que me defiendas mintiendo sobre lo que vi.

Nicolás la observó con desprecio.

—No empieces a fingir que tienes principios. Te acostaste conmigo sabiendo que estaba casado.

Bianca recibió la frase como una bofetada invisible.

—Y tú me prometiste que tu matrimonio estaba terminado.

—Lo estará.

—También prometiste que el grupo era tuyo.

Nicolás tomó su chaqueta.

—En dos horas volveré a controlar todo.

Salió del hotel sin pagar. El gerente registró la deuda a su nombre personal.

En el trayecto hacia la sede corporativa, llamó a su madre, Teresa Ferrer.

Ella había asistido a la fiesta, pero abandonó el salón poco antes del incidente.

—¿Sabías que Valeria controlaba Aurora? —preguntó Nicolás.

Teresa guardó silencio.

—Mamá.

—Tu padre dijo que nunca debías conocer todos los detalles.

—¿Qué detalles?

—El abuelo de Valeria salvó la empresa.

—Eso ya lo sé.

—No mediante un préstamo.

Nicolás apretó el teléfono.

—Explícate.

—Compró las deudas. Después transfirió los activos a un fideicomiso para Valeria.

—¿Cuánto controla?

—No lo sé exactamente.

—Mientes.

—Tu padre manejaba los documentos.

—¿Soy propietario del grupo?

Teresa comenzó a llorar.

—Eres presidente.

—No he preguntado eso.

—Nicolás…

—¿Soy propietario?

—Solo de una parte.

El automóvil pareció quedarse sin aire.

—¿Cuánta?

—Tu padre mencionó menos del diez por ciento.

Nicolás terminó la llamada.

Durante siete años había aparecido en portadas como heredero del imperio Ferrer. Pronunciaba discursos sobre el legado de su familia y ofrecía entrevistas desde hoteles que no le pertenecían.

Valeria lo sabía.

Cada vez que ella permanecía en silencio junto a él, conocía la verdad.

Nicolás interpretó aquel silencio como una humillación calculada.

No consideró que quizá intentaba proteger su orgullo.

Llamó a Ricardo Robles.

—Necesito que la autorización entre en vigor hoy.

—Sin una declaración médica válida será difícil.

—Ya tenemos una.

—La doctora puede negar que certificó incapacidad permanente.

—Entonces págale más.

—Nicolás, después del vídeo de anoche debemos actuar con cuidado.

—No me hables de cuidado. Si Valeria controla el sesenta por ciento, perderemos todo.

Ricardo guardó silencio.

Aquella pausa confirmó que ya conocía la cifra.

—Tú lo sabías —dijo Nicolás.

—Bianca descubrió parte de la estructura cuando revisó los contratos.

—¿Desde cuándo?

—Seis meses.

Nicolás recordó que Bianca comenzó a insistir en el divorcio exactamente seis meses atrás.

No se enamoró únicamente de él.

Se acercó porque descubrió que podía utilizarlo para conseguir acceso al fideicomiso.

—¿Cuál era el plan real? —preguntó.

—Transferir una parte antes de la separación.

—¿A nombre de Bianca?

—A una sociedad que administraríamos conjuntamente.

Nicolás sintió una nueva traición.

Pero no podía enfrentarse a ellos todavía.

Necesitaba el documento.

—Prepara todo —ordenó—. Si Valeria intenta destituirme, presentaremos la incapacidad.

Al llegar a la sede, su tarjeta no abrió el estacionamiento privado.

Tuvo que entrar por la puerta principal ante decenas de periodistas.

—¿Golpeó a su esposa para defender a su amante?

—¿Es cierto que Valeria Alcázar posee la mayoría del grupo?

—¿Ha utilizado dinero empresarial para comprar propiedades a Bianca Robles?

Nicolás no respondió.

Dentro del vestíbulo, el personal evitó mirarlo.

El ascensor ejecutivo rechazó su huella.

Tuvo que utilizar uno público.

Cuando llegó al piso del consejo, encontró a Valeria al final del corredor.

Llevaba un traje blanco, la mano vendada y una marca visible sobre la mejilla.

Mercedes y Julián caminaban a su lado.

Nicolás se acercó.

—¿Qué crees que estás haciendo?

Valeria sostuvo su mirada.

—Asistiendo a una reunión de mi empresa.

—Podemos hablar en privado.

—Anoche preferiste hacerlo delante de doscientas personas.

—Estabas provocándome.

—Esa será una defensa interesante ante la policía.

Nicolás bajó la voz.

—Si continúas con esto, ambos perderemos.

—No. Tú perderás aquello que nunca fue tuyo.

—Soy tu marido.

—Por poco tiempo.

—Construí esta compañía.

—La administraste con mis activos.

—Sin mí seguirías escondida detrás de tu abuela.

Valeria miró las puertas de la sala.

—Dentro de unos minutos veremos quién estaba escondido detrás de quién.

La secretaria abrió las puertas.

En la cabecera de la mesa había una placa nueva.

VALERIA ALCÁZAR — BENEFICIARIA PRINCIPAL DEL FIDEICOMISO AURORA.

Nicolás sintió que todas las personas observaban su reacción.

Bianca apareció desde el ascensor.

Llevaba una carpeta preparada por su padre.

Se acercó a Nicolás y susurró:

—Tenemos una oportunidad. Pero debes hacer exactamente lo que te diga.

Él miró a Valeria.

Después observó a Bianca.

Por primera vez comprendió que ninguna de las dos mujeres estaba allí por amor.

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Una quería recuperar lo que le pertenecía.

La otra quería apropiarse de aquello que creyó que él podía robar.

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