Chapter 6 - El imperio detrás de la bóveda

Mara desapareció durante tres días.
No huyó.
Simplemente se negó a decir a Dante dónde estaba.
Por primera vez desde la gala, él respetó una decisión que no podía controlar.
Cuando finalmente llamó, Mara estaba en Filadelfia.
Había regresado a la estación donde la encontraron cuando era niña.
—¿Por qué allí?
—Necesitaba ver el lugar donde comenzó mi vida como Mara Ellis.
Dante guardó silencio.
—¿Quieres que vaya?
—No.
—De acuerdo.
La respuesta la sorprendió.
Dante había aprendido algo.
Mara permaneció sola unas horas.
Después habló con una trabajadora jubilada que había estado en la estación aquella noche.
La mujer recordaba a Rosa.
—Estaba herida.
—¿Dijo algo?
—Solo que la niña no podía quedarse con ella.
—¿Por qué?
—Porque alguien la seguía.
Rosa había dejado a Mara y después desaparecido.
La policía encontró su cadáver dos días más tarde.
Mara lloró cuando lo supo.
La mujer que había salvado su vida murió sola.
Aquella noche llamó a Dante.
—Voy a volver.
—¿A la bóveda?
—Sí.
Elena había propuesto destruir todos los archivos.
Dante se oponía.
No porque quisiera utilizarlos, sino porque los documentos contenían pruebas sobre cientos de víctimas.
Mara encontró una tercera posibilidad.
Entregarlos selectivamente a investigadores independientes y autoridades de distintos países.
Ninguna institución recibiría todo.
Así nadie tendría poder absoluto.
Elena rechazó la idea.
—No sabes cuántas personas morirán.
Mara la miró.
—Eso es lo que siempre decís antes de ocultar algo.
—La verdad puede matar.
—Y la mentira ya lo hizo.
Dante apoyó a Mara.
Elena lo miró.
—Tu padre jamás habría permitido esto.
—Mi padre está muerto.
La respuesta fue fría.
—Y yo tengo que vivir con las consecuencias de lo que dejó.
Comenzaron a copiar los archivos.
Entonces descubrieron algo inesperado.
El dinero de Vault 7 no pertenecía a Vittorio.
Gran parte había sido robada a las propias seis familias.
Miles de millones estaban distribuidos en fondos y cuentas anónimas.
Legalmente, era imposible reclamarlos sin admitir delitos.
Elena había diseñado el sistema para financiar una guerra contra el Consejo.
Mara propuso usar parte para compensar a víctimas.
Dante estuvo de acuerdo.
Elena no.
—Ese dinero es nuestra única defensa.
Mara la miró.
—No somos un ejército.
—Ellos sí.
—Entonces tendremos que dejar de jugar con sus reglas.
Mientras discutían, Luca encontró una transferencia reciente.
Alguien había retirado treinta millones de una cuenta de Vault 7.
La autorización utilizaba la firma digital de Elena.
Pero Elena aseguraba no haberlo hecho.
Siguieron la transferencia.
El dinero terminó en una empresa controlada por Celeste.
—Nos robó antes de entrar —dijo Dante.
Elena negó.
—Imposible.
Mara observó los códigos.
La firma no había sido falsificada.
Era auténtica.
Entonces lo comprendió.
—Alguien tiene tu llave privada.
Elena palideció.
Solo tres personas habían tenido acceso histórico a ese sistema.
Ella.
Vittorio.
Y Enzo Moretti.
Vittorio estaba muerto.
Enzo también.
O eso creían.
Dante miró a su madre.
—¿Viste el cuerpo de mi padre?
Elena no respondió.
—¿Lo viste?
—No.
El silencio cambió todo.
Esa misma noche, un mensaje llegó a la cuenta secreta de Dante.
Una fotografía mostraba a Celeste sentada frente a un hombre mayor.
El hombre tenía una cicatriz que Dante reconoció inmediatamente.
Su padre.
Enzo Moretti estaba vivo.
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El mensaje decía:
Ven solo si quieres saber quién ordenó realmente la muerte de Vittorio.