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Chapter 5 - La verdadera Celeste

Dante se colocó delante de Mara.

—Tus hombres no saldrán vivos de aquí.

Celeste sonrió.

—Siempre tan teatral.

Elena observó a la hija de Lucien Armand.

—Te pareces a tu padre.

—Espero que eso sea un cumplido.

—No lo es.

Celeste ordenó que dejaran las armas.

Dante no llevaba ninguna visible.

Luca sí.

Dos hombres se la quitaron.

Celeste caminó entre los estantes de la bóveda.

—¿Sabéis qué tiene de gracioso todo esto? Las familias llevan décadas buscando oro.

Tocó una caja.

—Pero el verdadero tesoro siempre fue la información.

Mara la miró.

—Por eso me pusiste en la gala.

—Necesitaba confirmar que eras tú.

—¿Por qué no me secuestraste directamente?

—Porque la bóveda requería a dos personas.

Miró a Dante.

—Y necesitaba que él te protegiera.

Mara comprendió.

Todo había sido manipulado.

Incluso la violencia de la gala había servido para ponerlos juntos.

—¿Rusk trabajaba para ti?

—Al principio.

—¿Y después?

—Cambió de bando.

—¿Con Elena?

Elena negó.

Celeste rio.

—Todavía no entendéis.

Rusk no trabajaba para Elena.

Trabajaba para uno de los miembros supervivientes del Consejo.

Había más enemigos.

Celeste tomó el registro maestro.

—Con esto puedo controlar gobiernos, empresas y tribunales.

Dante habló:

—O puedes morir intentando salir.

Celeste levantó la pistola.

—¿Sigues creyendo que no te dispararía?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque todavía me necesitas.

Celeste sonrió.

—Ya no.

Apretó el gatillo.

No ocurrió nada.

Dante sonrió.

Antes de entrar, Elena había activado un sistema de seguridad.

Una señal electromagnética había inutilizado varias armas electrónicas y dispositivos.

Pero las pistolas mecánicas seguían funcionando.

Uno de los hombres de Celeste disparó.

Luca se lanzó contra él.

El caos explotó.

Dante derribó a otro.

Mara se escondió detrás de una columna mientras Elena intentaba cerrar la puerta de la bóveda.

Celeste corrió hacia la salida con el registro.

Mara la siguió.

—¡Detente!

Celeste se volvió.

—¿Otra vez la criada?

—No.

Mara la miró.

—La mujer a la que golpeaste porque pensabas que nunca podría devolverte el golpe.

Celeste atacó.

Mara esquivó el bastón telescópico que llevaba oculto y la golpeó con la puerta metálica.

El registro cayó.

Celeste intentó recuperarlo.

Mara lo tomó primero.

—Esto nunca fue tuyo.

Celeste sonrió.

—Tú no sabes qué hacer con él.

—Exactamente.

Celeste frunció el ceño.

Mara entregó el registro a Elena.

—Por eso no voy a utilizarlo para convertirme en ti.

Dante y Luca redujeron a los últimos hombres.

Celeste quedó rodeada.

Pero antes de que pudieran detenerla, una explosión sacudió el teatro.

Parte del túnel comenzó a derrumbarse.

Celeste corrió hacia una salida secundaria.

Dante quiso perseguirla.

Elena lo detuvo.

—Déjala.

—Se lleva información.

—No.

Elena levantó el verdadero registro maestro.

El que Celeste había robado era una copia.

—¿Sabías que vendría?

—Siempre.

Mara la miró.

—Entonces también nos utilizaste.

Elena no pudo negarlo.

Mara se alejó.

Dante comprendió que aquello era el problema de toda su familia.

Todos justificaban la manipulación diciendo que protegían a alguien.

Mara tomó su llave.

—Se acabó.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó Elena.

—Algo que ninguno de vosotros hizo.

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—¿Qué?

—Elegir mi propia vida.

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