Chapter 4 - La madre que observaba desde las sombras

—¿Mamá?
Mara apenas pudo pronunciar la palabra.
La voz guardó silencio unos segundos.
—Sí.
Mara comenzó a llorar.
—¿Por qué me abandonaste?
—No te abandoné.
—Me dejaron sola en una estación.
—Porque era la única forma de mantenerte viva.
—Estuve en un orfanato.
—Lo sé.
—¿Cómo lo sabes?
Elena respiró.
—Porque te observé.
Mara dejó de llorar.
—¿Qué?
—Todos estos años.
La tristeza se convirtió en rabia.
—¿Me viste pasar hambre?
Silencio.
—Sí.
—¿Me viste dormir en refugios?
—Sí.
—¿Y no hiciste nada?
—Si me acercaba, te encontraban.
Mara gritó:
—¡Eso no es ser madre!
Dante tomó el teléfono.
—¿Dónde estás?
—Teatro Leone.
—¿Por qué deberíamos confiar en ti?
—No deberíais.
La respuesta sorprendió a ambos.
—Pero Celeste ya sabe dónde está la entrada.
Dante levantó la mirada.
Elena añadió:
—Si queréis conocer la verdad antes que ella, venid antes del amanecer.
La llamada terminó.
Teatro Leone llevaba cerrado veinte años.
Dante, Mara y Luca llegaron de madrugada.
Las instrucciones ocultas en la fotografía los guiaron por filas de asientos, puertas numeradas y un viejo camerino.
Detrás de un espejo destruido encontraron una escalera subterránea.
Al final esperaba Elena.
Tenía el cabello oscuro atravesado por mechones grises y una cicatriz que recorría parte de su rostro.
Mara la reconoció sin haberla visto conscientemente en veintidós años.
Se acercó.
Y la abofeteó.
Elena no reaccionó.
Mara volvió a golpearla.
—Me miraste sufrir.
—Sí.
—Me dejaste creer que nadie me quería.
—Sí.
—¿Por qué?
Elena comenzó a llorar.
—Porque todos los que me querían terminaban muertos.
Luego contó la historia completa.
La masacre Valenti no había sido organizada solo por los Moretti.
Seis familias participaron.
Vittorio poseía información que podía destruirlas.
Enzo Moretti, padre de Dante, intentó advertirlo.
Pero Lucien Armand, padre de Celeste, traicionó la ubicación.
Cuando los hombres llegaron, Vittorio se quedó atrás para permitir que Elena y Mara escaparan.
Rosa llevó a Mara.
Enzo sacó a Elena.
Durante años, ambos trabajaron secretamente para desmantelar la alianza.
Después, Enzo murió.
La muerte de “Isabella Moretti” en un accidente había sido una operación para hacer creer a todos que Elena había muerto.
Dante parecía devastado.
—Mi padre sabía todo.
—Sí.
—¿Por qué nunca me lo dijo?
—Porque sabía que buscarías a Mara.
Elena los condujo a una enorme puerta metálica.
Dos cerraduras.
Mara colocó su llave.
Elena entregó a Dante otra.
—Tu padre debía dártela cuando llegara el momento.
Dante la introdujo.
Los dos giraron simultáneamente.
La puerta se abrió.
Dentro había millones en oro, documentos, discos duros y archivos de todas las familias.
Pero Elena señaló el centro.
—Eso no es lo más importante.
Había una caja negra.
Dentro se encontraba el registro maestro.
Nombres.
Pagos.
Asesinatos.
Sobornos.
Y una lista titulada:
Consejo de los Seis.
El último nombre todavía activo era:
Celeste Armand.
Entonces se escuchó un aplauso detrás.
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Celeste apareció rodeada de hombres armados.
—Gracias —dijo—. Llevaba veinte años esperando que alguien abriera esa puerta por mí.