Chapter 2 - La hija de Vittorio Valenti

Mara leyó el mensaje dos veces.
—¿Heredera de qué?
Dante no respondió.
Miraba la llave como si hubiera visto un fantasma.
Celeste apareció en la cocina acompañada por dos hombres de seguridad.
—¿Qué está pasando?
Dante escondió la llave del asesino en su bolsillo.
Pero Celeste ya había visto la de Mara.
Su rostro perdió el color.
—¿Dónde has conseguido eso?
Mara comprendió inmediatamente.
—La conoces.
—No.
—Acabas de preguntarme dónde la conseguí.
Celeste guardó silencio.
Dante se acercó.
—Habla.
—No aquí.
—Aquí.
Por primera vez, Celeste parecía realmente asustada.
Miró a Mara.
—¿Cómo te llamabas antes del orfanato?
—Mara.
—¿Apellido?
—No tenía ninguno.
—¿Quién era tu madre?
—No lo sé.
Celeste cerró los ojos.
—Dios mío.
—¿Qué sabes? —preguntó Mara.
Dante agarró el brazo de Celeste.
—Díselo.
Ella se soltó.
—Hace veintidós años existía una familia llamada Valenti.
Dante ya conocía el nombre.
Mara no.
Celeste explicó que Vittorio Valenti controlaba empresas de transporte, puertos, bancos clandestinos y una red de información capaz de destruir a varias familias criminales.
Pero su verdadero poder no estaba en el dinero.
Estaba en los registros.
Vittorio guardaba documentos sobre políticos corruptos, jueces comprados, cuentas secretas, asesinatos y sobornos.
—Lo llamaban Vault 7 —dijo Celeste.
—¿Una bóveda?
—Un archivo.
—¿Dónde?
—Nadie lo sabía.
Vittorio decidió abandonar aquel mundo.
Intentó negociar protección para su esposa Elena y su hija pequeña.
Las demás familias interpretaron aquello como una traición.
Una noche, su mansión ardió.
Vittorio murió.
Elena desapareció.
Y también su hija de cinco años.
Mara sintió frío.
—¿Cómo se llamaba esa niña?
Celeste la miró.
—Mara Elena Valenti.
Nadie habló.
Mara negó lentamente.
—No.
—Tenía cinco años.
—No.
—Desapareció junto con una mujer llamada Rosa Marin.
La memoria golpeó a Mara.
Un abrigo azul.
Una estación de tren.
Unas manos femeninas ajustándole el cuello.
Una canción en español.
Y una mujer diciéndole:
“No pierdas nunca la llave.”
Mara se apoyó en la mesa.
—Rosa…
Celeste dio un paso.
—¿La recuerdas?
—No sé.
Dante observó a Celeste.
—¿Por qué estaba Mara trabajando en esta gala?
—Porque trabaja para la empresa de catering.
—Tú elegiste la empresa.
Celeste evitó su mirada.
Dante entendió.
—Sabías quién podía ser.
Mara levantó la cabeza.
—¿Qué?
Celeste se defendió.
—Solo sospechaba.
—¿Y me pusiste en medio de este salón?
—Necesitaba comprobar si alguien reaccionaba al verla.
Mara sintió que el estómago se le revolvía.
—Me utilizaste como cebo.
—Necesitábamos confirmar tu identidad.
—Un hombre intentó secuestrarme.
—Y falló.
Dante cruzó la cocina en dos pasos.
—Celeste.
Su voz era baja.
Ella lo miró.
—¿Qué?
Dante retiró del bolsillo la pequeña cadena que llevaba como símbolo de su compromiso y colocó el anillo sobre la mesa.
—Se acabó.
Celeste abrió los ojos.
—No puedes hablar en serio.
—Golpeaste a una mujer por salvar a un niño. Después descubrí que la pusiste deliberadamente delante de personas que podían querer matarla.
—Estoy protegiendo nuestra familia.
—No existe “nuestra familia”.
Celeste miró a Mara.
—¿Crees que ahora eres especial porque él te cubrió con una chaqueta?
Mara no respondió.
—Dante Moretti no protege a nadie gratis.
Dante tensó la mandíbula.
—Basta.
—Pregúntale por qué su padre pasó veinte años buscando esa llave.
Mara lo miró.
—¿Es verdad?
Dante no mintió.
—Sí.
—¿Tú también buscabas Vault 7?
—Sí.
Mara se quitó la chaqueta de Dante.
La dejó sobre la mesa.
—Entonces no confío en ninguno de vosotros.
Se dirigió a la puerta.
Las luces se apagaron.
Cuando la iluminación de emergencia volvió, uno de los guardias gritó.
El cuerpo del atacante había desaparecido.
Dante corrió hacia la mesa.
Solo quedaba sangre.
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Y sobre la pared alguien había escrito:
LA HEREDERA YA HA SIDO ENCONTRADA.