Chapter 3 - El hombre que murió dos veces

Gabriel Rusk no estaba muerto.
Había utilizado un compuesto que imitaba un paro cardíaco durante varios minutos.
Mientras todos discutían, un falso equipo médico lo sacó del hotel.
Aquello significaba que alguien dentro de la gala estaba trabajando con él.
Dante llevó a Mara a una oficina privada.
—No puedes volver a tu apartamento.
—No decides dónde voy.
—Correcto.
Mara lo miró, sorprendida.
Dante continuó:
—Pero alguien sabe quién eres. Si vuelves a casa sin protección, quizá no tengas oportunidad de discutir conmigo mañana.
Mara cruzó los brazos.
—No confío en ti.
—No tienes que hacerlo. Confianza y supervivencia son problemas diferentes.
Horas después llegó un sacerdote anciano.
Padre Matteo.
Cuando vio la llave, la sostuvo como si fuera una reliquia.
—Rosa cumplió su promesa.
Mara se puso de pie.
—¿Conoció a Rosa?
—Sí.
—¿Conoció a mi madre?
El sacerdote la miró.
—Tienes los ojos de Elena.
Sacó una fotografía.
Una niña de cinco años aparecía entre un hombre alto y una mujer morena.
La niña llevaba la llave alrededor del cuello.
Era Mara.
El aire abandonó sus pulmones.
—¿Ellos son mis padres?
—Vittorio y Elena.
—¿Me querían?
Padre Matteo sonrió con tristeza.
—Más de lo que querían su imperio.
Mara empezó a llorar.
No por el dinero.
No por el apellido.
Porque durante toda su vida había imaginado que quizá nadie la había querido lo suficiente para buscarla.
Dante giró la fotografía.
En la parte posterior aparecía:
7-19-3-11-1.
El sacerdote no sabía qué significaba.
Mara recordó una vieja melodía.
La tarareó.
Padre Matteo palideció.
—La canción de Elena.
El código los llevó a un antiguo teatro perteneciente tiempo atrás a los Valenti.
Pero antes de poder salir, Luca, jefe de seguridad de Dante, llamó.
Habían encontrado a Rusk.
Estaba atado dentro de un estacionamiento.
Vivo.
Dante fue inmediatamente.
Mara insistió en acompañarlo.
Rusk sonrió cuando la vio.
—La pequeña Valenti.
—¿Quién te contrató?
—Alguien que lleva más tiempo buscándote que Moretti.
—¿Quién?
Rusk miró a Dante.
—Pregúntale quién era realmente su madre.
Dante se quedó quieto.
—¿Qué significa eso?
Rusk rio.
—La niña no es la única heredera.
De repente, un pequeño proyectil atravesó el aire.
Se clavó en el cuello de Rusk.
Dante se giró.
Una figura desapareció entre los vehículos.
Rusk comenzó a convulsionar.
Mara se arrodilló.
—¿Quién te envió?
Él la miró.
—Elena.
Mara dejó de respirar.
—Mi madre está muerta.
Rusk sonrió por última vez.
—Eso quieren que creas.
Después murió.
Esta vez de verdad.
En la pared detrás de él habían dejado un mensaje.
PREGÚNTALE A DANTE QUIÉN LE DIO SU SANGRE.
Dante regresó al archivo privado de la familia Moretti.
Mara fue con él.
Bajo el escritorio de su padre encontraron un pequeño león grabado.
La llave de Mara encajó.
Se abrió un compartimento secreto.
Dentro había documentos, fotografías y un certificado de nacimiento.
Dante lo tomó.
Su rostro cambió.
Madre:
Elena Sofia Valenti.
Padre:
Enzo Moretti.
Mara lo miró.
—No.
Dante parecía incapaz de hablar.
La mujer a la que él había considerado su madre, Isabella Moretti, lo había criado.
Pero Elena Valenti era su madre biológica.
Mara dio un paso atrás.
—Entonces tú…
—Soy tu hermano.
Medio hermano.
Dentro del compartimento había una carta.
Dante la abrió.
La letra decía:
Si Mara sobrevivió, protégela. No porque sea una Valenti. Porque es tu hermana.
Firmado:
Elena.
En ese momento sonó un teléfono antiguo escondido dentro del escritorio.
Dante contestó.
Una mujer habló.
—Por fin os habéis encontrado.
Mara sintió que las piernas le fallaban.
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La voz continuó:
—Hola, hijos míos.