Capítulo7 - El hospital de los nombres robados

Valeria había escapado de la vigilancia utilizando la tarjeta de acceso de Beatriz.
Las cámaras del palacio mostraban cómo entraba en la sala de protección vestida con el uniforme de una paramédica. Le dijo a Mateo que Elena había resultado herida y que debía acompañarla.
El niño la siguió porque la mujer sabía la palabra de emergencia que utilizaba con su madre.
Solo Diego conocía aquella palabra.
Todos lo miraron.
—Yo no se la dije —afirmó.
—Entonces alguien tuvo acceso a tus recuerdos —respondió Sofía.
Durante los años de recuperación, Gabriel había registrado cada conversación de Diego. No necesitaba adivinar sus secretos. Había construido un archivo con ellos.
La transmisión mostró a Valeria introduciendo a Mateo en una ambulancia. El vehículo salió por una puerta de servicio antes de que la policía detectara el engaño.
—Viene hacia aquí —dijo Gabriel por los altavoces—. Siempre fue más inteligente que todos ustedes.
Elena quiso correr hacia el túnel, pero Adrián la detuvo.
—Si sales ahora, te atraparán en el exterior.
—Mi hijo está dentro de esa ambulancia.
—Y necesita que pensemos.
Sofía descubrió que el sistema del hospital estaba conectado a una red antigua. Podía abrir la cámara acorazada, pero cualquier intento incorrecto reduciría todavía más el oxígeno.
Diego examinó los planos.
—Existe un conducto de esterilización detrás de la pared. Era demasiado pequeño para un adulto, pero quizá podamos introducir una cámara.
Un agente desplegó un dispositivo flexible. A través del conducto vieron a Camila. Tenía sangre en la frente, aunque seguía consciente. La bebé respiraba con dificultad.
Elena acercó la boca al tubo.
—Camila, soy Elena.
La joven levantó la cabeza.
—Lo siento.
—No tienes que disculparte. Vamos a sacarlas.
—La niña necesita el trasplante.
—Lo recibirá si Mateo decide ayudarla y los médicos dicen que es seguro. Pero ninguno de ustedes volverá a ser propiedad de esa familia.
Camila comenzó a llorar.
Había aceptado la gestación porque Gabriel le prometió salvar a su madre enferma. Cuando descubrió que el óvulo pertenecía a Elena, intentó denunciarlo. Octavio la amenazó con enviar a la bebé a otro país.
Valeria debía fingir el embarazo hasta la boda. Después presentarían a la niña como nacida prematuramente.
—Valeria no sabía al principio quién era el padre —explicó Camila—. Cuando lo descubrió, quiso abandonar el plan.
—¿Entonces por qué continúa ayudándolo?
—Porque Gabriel tiene a su hermano.
Valeria tenía un hermano menor llamado Tomás que supuestamente estudiaba en Canadá. En realidad llevaba seis meses retenido en una clínica de Portugal.
Gabriel había construido toda su operación utilizando rehenes y secretos. Cada colaborador creía ser la única persona atrapada.
A las once y cincuenta y seis, la ambulancia llegó.
Mateo descendió acompañado de Valeria y dos hombres armados. Ya sabía que algo no estaba bien. No lloraba. Observaba las cámaras, las puertas y la posición de los guardias.
Valeria lo llevó hasta la sala principal.
Elena salió de su escondite.
—Ven conmigo, Mateo.
Uno de los hombres levantó el arma.
Valeria se interpuso.
—Dijiste que nadie le haría daño.
Gabriel apareció en una pasarela superior.
Vestía un traje gris y llevaba el anillo de los Velasco.
—Si todos cooperan, nadie sufrirá.
Adrián lo contempló.
—Te pasaste once años usando la cara de mi padre y todavía necesitas su anillo para sentirte importante.
Gabriel bajó lentamente las escaleras.
—Tu padre desperdició un imperio porque necesitaba sentirse justo. Yo aprendí a utilizarlo.
—Tú no construiste nada. Robaste un rostro, una familia y una empresa.
—Todo patrimonio comienza con alguien que tomó algo que no le pertenecía.
Elena ignoró la discusión.
—Libera a Camila y a la niña.
—Cuando abra la cámara.
Gabriel colocó un lector portátil frente a Mateo. Primero necesitaba una muestra de sangre. Después Beatriz debía proporcionar su huella y una grabación de la voz de Esteban completaría el acceso.
Beatriz avanzó desde el túnel.
No había informado que formaría parte de la operación. Había seguido al equipo en otro vehículo.
—No tendrás mi huella —dijo.
Gabriel sonrió.
—La he tenido durante años. Solo quería que vinieras para que vieras el final.
Un técnico activó el lector. Apareció la huella digital de Beatriz, copiada de una copa utilizada en la boda.
Después reprodujo la voz de Esteban.
Solo faltaba la sangre de Mateo.
Gabriel agarró al niño por el brazo.
Elena dio un paso.
—Suéltalo.
—Una pequeña muestra salvará a tres personas.
—No pretendas que esto es compasión.
Mateo miró la pantalla donde Camila sostenía a su hermana.
—Mamá, puedo hacerlo.
—No bajo amenaza.
—Pero se quedan sin aire.
Elena comprendió que prohibírselo también sería decidir sobre su cuerpo sin escucharlo.
Se arrodilló frente a él.
—¿Estás seguro?
—Quiero abrir la puerta. No quiero que él gane.
Un médico independiente del equipo policial supervisó la extracción de una sola gota. El lector aceptó la muestra.
La cámara se abrió.
Camila salió tambaleándose con la bebé. Los paramédicos corrieron hacia ellas.
Gabriel ordenó cerrar las salidas.
Pero la cámara no solo contenía a las rehenes.
Detrás de la pared apareció una segunda puerta.
Los documentos de Lorenzo permanecían en estantes protegidos. Había libros contables, grabaciones y certificados originales.
También había un hombre conectado a una máquina de respiración.
Beatriz se llevó una mano a la boca.
El hombre abrió los ojos.
Era Esteban Velasco.
El verdadero.
Gabriel perdió por primera vez la calma.
—Cierren esa puerta.
Diego golpeó con el bastón la mano del guardia más cercano. Adrián apartó a Mateo mientras los agentes irrumpían desde el túnel. Valeria empujó al segundo hombre armado contra una mesa.
El disparo alcanzó una tubería.
El vapor llenó la sala.
Gabriel agarró la incubadora portátil de la bebé y corrió hacia el ascensor de emergencia.
Camila gritó.
Elena lo siguió.
Las puertas comenzaron a cerrarse, pero introdujo el brazo entre ellas. Gabriel intentó apartarla.
—Ella es mi hija.
—No —respondió Elena—. Es una niña. No una acción, ni una heredera, ni una llave.
Adrián llegó y abrió las puertas por la fuerza.
Gabriel levantó una pistola.
Antes de que pudiera disparar, Valeria apareció detrás de él y le clavó una jeringa en el cuello.
Gabriel se tambaleó.
—Me prometiste que liberarías a Tomás —dijo ella.
—Tu hermano murió hace meses.
La confesión destruyó algo dentro de Valeria.
Empujó a Gabriel fuera del ascensor. Los agentes lo rodearon.
Sin embargo, él comenzó a reír.
—Arresten a quien quieran. A medianoche, el Grupo Velasco dejará de pertenecerles.
Sofía miró el reloj.
Faltaban cuarenta segundos.
Todos los documentos del fideicomiso comenzaron a transferirse automáticamente.
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Y el destinatario no era Valeria, la bebé ni Gabriel.
Era una sociedad registrada a nombre de Mateo Ortiz.