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Capítulo5 - La prueba de sangre

Elena vio tres veces la grabación del aeropuerto.

La primera vez buscó diferencias. La segunda, señales de una máscara o manipulación. La tercera, observó la manera en que el hombre se apoyaba sobre el bastón.

Diego siempre había cargado el peso sobre la pierna izquierda después de una lesión sufrida durante el servicio militar. El hombre de la pantalla hacía exactamente lo mismo.

—Es él —susurró.

Mateo estaba en una habitación contigua con la psicóloga. Elena agradeció que no pudiera escucharla. ¿Cómo explicaría a un niño que el padre cuya tumba visitaba cada cumpleaños quizá hubiera elegido desaparecer?

Adrián se sentó frente a ella.

—Puede ser otra falsificación.

—La forma de caminar no lo es.

—Si está vivo, encontraremos la razón.

—Ninguna razón devuelve ocho años.

El inspector recibió la declaración enviada por Diego. Afirmaba que había fingido su muerte después de descubrir que Elena participaba en un fraude contra el Grupo Velasco. Según él, ella había intentado presentar a Mateo como hijo de Adrián para reclamar las acciones del fideicomiso.

También decía que Valeria había descubierto el plan y fingido el embarazo para proteger temporalmente la empresa.

La versión convertía a Elena en autora de toda la conspiración.

—Ha tenido años para preparar esta historia —dijo Sofía.

Diego aportó correos, transferencias bancarias y una grabación en la que aparentemente Elena negociaba cinco millones de euros por mantener en secreto la paternidad de Mateo.

Los documentos parecían auténticos.

Elena escuchó su propia voz decir palabras que nunca había pronunciado.

—Pueden fabricar cualquier cosa.

—No cualquier cosa —respondió Sofía—. Las falsificaciones perfectas necesitan material original. Para clonar tu voz con ese nivel de precisión, alguien debió grabarte durante horas.

Elena recordó las sesiones de terapia obligatorias que recibió después de la supuesta muerte de Diego. La empresa había pagado a una psicóloga privada durante seis meses.

En cada consulta había hablado de Adrián, del embarazo y del miedo a perder a Mateo.

Alguien había conservado todas aquellas grabaciones.

Adrián ordenó localizar a la psicóloga. Había muerto dos años atrás, pero su clínica había sido comprada por una filial de la Fundación Velasco.

Todo regresaba al mismo lugar.

La policía trasladó a Diego a una instalación segura. Antes de permitir un encuentro, verificaron sus huellas y ADN.

Ambos coincidían con los registros oficiales.

Elena pidió verlo sola.

—No —dijo Adrián—. Puede ser peligroso.

—Fue mi esposo.

—Precisamente por eso.

Finalmente entraron juntos. Diego estaba sentado tras una mesa metálica. Tenía más canas y la cicatriz recorría su frente hasta la sien derecha.

Cuando vio a Elena, sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Perdóname.

Ella permaneció de pie.

—No pronuncies esa palabra hasta que me digas por qué dejaste que nuestro hijo creyera que estabas muerto.

Diego miró a Adrián.

—Porque él nunca fue nuestro hijo.

Adrián apretó la mandíbula.

—Mateo no es una propiedad que pueda pertenecer a uno u otro hombre.

—No me refería a eso.

Diego explicó que el accidente había sido real. El automóvil cayó por un barranco y se incendió. Esteban Velasco lo sacó antes de la explosión, pero Diego sufrió heridas graves y perdió parte de la memoria.

Permaneció dos años en una clínica clandestina de Suiza.

Cuando comenzó a recordar, Esteban le mostró pruebas de que Elena colaboraba con Octavio. Diego creyó que regresar pondría a Mateo en peligro.

—¿Y nunca comprobaste si las pruebas eran falsas?

—No sabía en quién confiar.

—Podías haber confiado en mí.

—Vi una grabación en la que aceptabas dinero.

—Una grabación creada con mi voz.

Diego cerró los ojos.

No parecía sorprendido.

Parecía avergonzado.

—Lo descubrí hace tres meses.

Había localizado los archivos originales de las sesiones de terapia y demostrado que la grabación era falsa. Entonces intentó regresar, pero Esteban se lo prohibió.

—¿Dónde está Esteban? —preguntó Adrián.

—No lo sé.

—Mentira.

—La última vez que lo vi fue hace cuarenta y ocho horas. Dijo que el plan entraba en su fase final y que la boda obligaría a Octavio a mostrar todas sus cuentas.

El “protocolo Diego” era un conjunto de pruebas preparado para culpar a Elena si la operación fracasaba. Esteban lo había diseñado años antes como una forma de proteger su propia identidad.

—Tu padre no está intentando salvar la empresa —dijo Diego—. Está intentando recuperarla.

Sofía entró con los resultados de las pruebas de sangre.

Todos se pusieron en pie.

El análisis confirmó que Adrián era el padre biológico de Mateo con una probabilidad superior al 99,9 por ciento.

Elena sujetó el borde de la mesa.

Diego bajó la cabeza.

Adrián no habló.

Sofía levantó una segunda hoja.

La niña de Camila también era familiar biológica de Mateo. Compartían suficientes marcadores para ser medio hermanos.

—¿También es hija de Adrián? —preguntó Elena.

Sofía negó con la cabeza.

—La prueba excluye a Adrián como padre.

—Entonces comparten la misma madre —dijo Diego.

—Eso es imposible —respondió Elena—. Yo nunca he tenido otra hija.

—Biológicamente, sí.

Sofía mostró la fecha del procedimiento realizado a Camila. El embrión había sido creado con un óvulo almacenado ocho años atrás a nombre de Elena Ortiz.

Elena sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

Durante el parto de Mateo había sufrido una hemorragia. Los médicos le dijeron que retiraron tejido para realizar análisis. En realidad, alguien había extraído y conservado sus óvulos.

La niña secuestrada era hija biológica de Elena.

Pero no de Adrián.

—¿Quién es el padre? —preguntó él.

Sofía colocó el último resultado sobre la mesa.

El laboratorio había comparado la muestra con la base genética privada de la familia Velasco.

La bebé era hija de Esteban Velasco.

La habitación quedó en silencio.

Esteban había utilizado el material genético de Elena para crear una hija propia. Después permitió que Valeria fingiera estar embarazada para presentar a la niña como descendiente de Adrián.

Legalmente, la bebé habría sido registrada como hija de Adrián.

Biológicamente, era su media hermana.

—¿Por qué haría algo así? —preguntó Adrián.

Diego parecía aterrorizado.

—Porque el testamento no entrega las acciones al primer hijo de Adrián.

—Hemos leído la cláusula.

—Han leído la versión modificada. El documento original dice “el descendiente vivo más joven de Esteban Velasco”.

Si Esteban reconocía a la niña después de la boda, ella recibiría el treinta y uno por ciento. Mientras fuera menor, él controlaría las acciones como padre superviviente.

Todo el matrimonio había sido una máscara para introducir a la bebé en la familia sin revelar que Esteban seguía vivo.

El teléfono de Adrián sonó.

Era una videollamada procedente del número de Valeria.

Cuando respondió, apareció Esteban.

Estaba dentro de una habitación blanca y sostenía a una niña de cuatro meses.

A su lado se encontraba Camila, atada a una silla.

—Hola, hijo —dijo Esteban—. Veo que finalmente conociste a tu hermano.

Mateo entró en la sala detrás de la psicóloga.

Vio a Diego y dejó de caminar.

—Papá…

Diego se levantó, pero el niño retrocedió.

En la pantalla, Esteban acercó a la bebé a la cámara.

—Tengo a la heredera y el documento original. Si quieren que Camila y la niña sobrevivan, llevarán a Mateo al antiguo hospital de la fundación antes de medianoche.

Elena se interpuso delante de su hijo.

—Jamás.

Esteban sonrió.

—No necesito hacerle daño. Solo necesito una muestra completa de su médula.

—¿Para qué?

—Porque Mateo no es únicamente el primer hijo de Adrián. Su sangre puede demostrar quién ordenó la muerte de Lorenzo.

La comunicación terminó.

Sofía miró el reloj.

Faltaban cincuenta y tres minutos para medianoche.

Entonces Diego sacó del interior de su bastón una pequeña unidad de memoria y la dejó sobre la mesa.

—Sé cómo entrar en el hospital —dijo—. Pero antes deben ver lo que Lorenzo grabó la noche en que murió.

Adrián conectó la unidad.

En la pantalla apareció su abuelo, sentado en un despacho y cubierto de sangre.

Lorenzo miró directamente a la cámara.

—Si están viendo esto, Esteban ha regresado. No le permitan acercarse a ninguno de sus hijos. El hombre que utiliza mi rostro no es mi hijo.

Detrás de Lorenzo, una figura salió de las sombras.

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Tenía el rostro de Esteban.

Pero sus ojos eran completamente negros.

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